<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647</id><updated>2012-01-05T17:39:27.269-08:00</updated><category term='Cartas y mensajes'/><category term='La obra de otros'/><category term='Mi propia obra'/><title type='text'>El Contemporáneo</title><subtitle type='html'>Narraciones varias del corresponsal colgado...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>20</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-4888372232309795021</id><published>2007-10-26T12:12:00.000-07:00</published><updated>2007-10-26T12:35:10.282-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cartas y mensajes'/><title type='text'>Carta a Damián Tabarovsky, escritor y Director Editorial de Interzona Editora, de Argentina, septiembre de 2007</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Miércoles 12 de septiembre de 2007&lt;br /&gt;(Por la noche)&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Señor Damián Tabarovsky:&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Creo que usted puede ser mi salvación, en cierto sentido –en un sentido muy práctico y concreto y real—. Disculpe que comience la carta así, de este modo tan apresurado, pero la urgencia y la emergencia real que me circundan, me obligan a encarar esta carta de este modo –y de los modos que vendrán de aquí en más hasta haber finalizado la carta y los comentarios que necesito hacerle—. Recién leí por vez primera su última columna del diario &lt;em&gt;PERFIL&lt;/em&gt; del domingo pasado, la que habla sobre la peor letra de rock y cómo le gustó a usted la versión cantada por Johnny Cash. Permítame decirle, con total humildad, que la columna o la nota breve o el artículo corto que fue publicado el domingo anterior a la nota sobre Johnny Cash, me pareció un poco mejor, y que varias de las notas ya publicadas anteriormente, también me parecen mejores que estas últimas. Se lo digo como lector de su columna y como lector del suplemento de Cultura del diario &lt;em&gt;PERFIL&lt;/em&gt; en general, como lector crítico, y hasta se lo digo como si fuera una advertencia amistosa, aunque no seamos amigos. Me gusta cómo escribe usted. Leo siempre su columna y también la de Quintín y la de Maximiliano Tomas. El resto del contenido puedo leerlo o no, según el día, según las ganas de leer que tenga ese día, si hay avidez de lectura o si no la hay. Pero las tres notas breves o columnas que recién le mencioné, esas sí que las leo todos los domingos en los que compro el diario –a veces no lo compro—. Pero mi intención con esta carta no es adularlo a usted ni mucho menos. Le escribo porque usted es el Director Editorial de Interzona Editora; editorial que me interesa mucho por sus características e &lt;em&gt;ideología&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;línea editorial&lt;/em&gt;, digamos. Me refiero específicamente al contenido de los libros. A cada editorial le interesan ciertos contenidos en particular o en especial. Y en Interzona siento y percibo cierta afinidad o simpatía o complicidad y condescendencia. Me alegro cuando veo reseñas de sus libros en las revistas de cultura. Una vez me llamó la atención una columna suya, en donde decía que los domingos se compraba y leía cuatro diarios, creo, y creo, también, que eran los siguientes: &lt;em&gt;PERFIL&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La Nación&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Clarín&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Página / 12&lt;/em&gt;. Eso lo leí hace bastante, y me sentí muy identificado. Yo ni loco me compraría los cuatro diarios, pero sí me compro dos los sábados a la mañana –&lt;em&gt;Clarín&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;La Nación&lt;/em&gt;, porque ahora trae &lt;em&gt;la revista cultural de los sábados&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Adn Cultura&lt;/em&gt;— y a veces me compro dos los días domingo –&lt;em&gt;PERFIL&lt;/em&gt;, que lo compro casi exclusivamente por el suplemento de Cultura, y el &lt;em&gt;Clarín&lt;/em&gt;, que es más popular pero que igual entretiene entre facturas y mates mañaneros—. Pienso que la editorial que más me gusta de todas es y será Anagrama, de España, por el contenido de los libros y el diseño gráfico de las tapas de los libros y por lo que significa la editorial en sí; la Contracultura, el Underground, lo polémico, los excéntricos, los transgresores, los buenos narradores, los mitos y las leyendas, etcétera, etcétera. ¿Qué hice? En abril del año pasado, el 2006, le envié una extensa y &lt;em&gt;desfachatada&lt;/em&gt; carta al fundador de la editorial, el muy conocido e influyente Jorge Herralde. No creo que Jorge Herralde haya leído la carta ni el material que le envié desde mi casa hasta Barcelona, hasta su oficina en la calle Pedró de la Creu. La que sí leyó la carta, por lo menos, fue una mujer llamada Paula Canal, que no sé qué cargo o puesto desempeña dentro de la Editorial Anagrama. Después me mandaron una carta en donde decían que iban a evaluar el material en el departamento de lectura, o algo así, y que luego, pasado el tiempo, debería retirar los originales personalmente. Yo les dije, entonces, que me quedaba &lt;em&gt;un poquito lejos&lt;/em&gt; como para ir y que no había problemas, que en todo caso se los regalaran a algún argentino que anduviera dando vueltas por Barcelona. Hace un mes aproximadamente, me llegó un paquete de Anagrama devolviéndome mis cosas, el material literario –los poemas y las prosas—, las veintiséis fotografías que les había enviado y varias cosas más, como todas las fotocopias de las tapas de los catorce números de las dos revistas literarias que dirigí en años anteriores –&lt;em&gt;Trascender&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Aquí y Ahora&lt;/em&gt;—. La carta, nuevamente escrita por Paula Canal, dice lo siguiente:&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;13 de noviembre de 2006&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Estimado Esteban Costa,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le devolvemos los originales que nos remitió para su posible publicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentimos comunicarle que debido al exceso de títulos contratados, no nos resulta posible incluirlo en nuestra programación, sin que ello suponga un juicio negativo de la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas formas confiamos en que no tenga problemas para su publicación en cualquier otra editorial con menos agobio de títulos y, agradeciéndole que haya pensado en Anagrama, le saludamos muy cordialmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Atentamente,&lt;br /&gt;Paula Canal  &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella dice que ellos confían en que yo no tenga problemas para publicar mi libro, mi novela, &lt;em&gt;en cualquier otra editorial con menos agobio de títulos&lt;/em&gt;. También dice que el hecho de devolverme los originales no implica un &lt;em&gt;juicio negativo de la obra&lt;/em&gt;; ¡menos mal! También me mandaron un libro de regalo, uno de Kenzaburo Oé titulado &lt;em&gt;Cartas a los años de nostalgia&lt;/em&gt;, porque yo en la carta le comentaba –supuestamente a Jorge Herralde— que andaba con ganas de leer un libro de Kenzaburo Oé, &lt;em&gt;¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!&lt;/em&gt;, y ellos me mandaron otro de Kenzaburo, como un regalo, como un guiño amistoso. Para mí que el libro me lo mandó la misma Paula Canal, aunque el mensaje no dice nada al respecto. La verdad es que fueron muy generosos al haberme devuelto todo el paquete que yo les había enviado y que me había costado mucho dinero, para lo que es mi bolsillo de joven trabajador de clase media baja de los barrios suburbanos… No soy &lt;em&gt;pobre pobre&lt;/em&gt;, ¿entiende? Sobrevivo, y gracias a Dios que sobrevivo. Pero para enviar ese paquete a España había tenido que ahorrar, y ellos sabían mi situación económica si leyeron alguna parte de la novela, que es autobiográfica, y se toca el tema de la desesperación del protagonista, Emanuel Klodi –que soy yo mismo—, para poder conseguir un buen sustento, un buen sueldo o algún milagro que lo haga salir de su situación casi caótica y desesperante. Lo cierto es que había pensado que si me iba mal con mi intento de &lt;em&gt;conquistar&lt;/em&gt; alguna editorial española –y no sólo Anagrama—, iba a tener que hacerlo, el intento, con alguna editorial argentina, y desde hace mucho venía pensando en Interzona como una opción, o casi como &lt;em&gt;en la única opción&lt;/em&gt; para mí y mi literatura, dado como está todo en la actualidad en el mundo de las editoriales y la venta de libros. Un escritor como yo no tiene muchas opciones, en realidad. Nunca se me cruzó por la cabeza pagar con mi dinero para que me imprimieran y vendieran algún libro mío, y jamás pagaré, por lo menos a esa clase de editoriales. Una vez le dije a un escritor amigo eso mismo, que yo nunca iba a pagar, y que si nunca me iban a editar, iba a ser porque yo era un mal escritor, entonces estaba bien no ser editado. Este escritor publicaba sus libros en la Editorial Dunken, que usted muy bien debe conocer si lee la revista de cultura &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt; –estoy seguro que la lee todos los sábados—, porque allí esta editorial invade con sus anuncios publicitarios de página entera, como también lo hace Editorial de los Cuatro Vientos, aunque menos, porque tienen menos dinero y sólo pueden pagar media página en publicidad, y no una entera como hace siempre su principal editorial competidora. Ni siquiera leo los títulos de esos libros que publican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoté algunas cosas que leí sobre Interzona en una especie de carta de presentación de la editorial:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Su estilo es moderno,  innovador, crítico (…) Interzona publica literatura y ensayo contemporáneo. Esto es: escrituras arriesgadas, actuales (…) En su catálogo conviven autores jóvenes y consagrados; narradores, poetas y ensayistas; escritores argentinos y extranjeros. Interzona es una editorial desprejuiciada, intelectual y lúdica. Creemos que la heterogeneidad es un buen modo de definir el presente (…) IZ Latinoamericana: Con más de cuarenta títulos editados, la colección ocupa un lugar de referencia en la publicación de narrativa y poesía latinoamericana.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Si elegí estas oraciones es porque sentí identificación, en algún nivel, con ellas. Creo que yo mismo soy innovador y crítico, aunque no sé si moderno –en mi forma de vestir seguro que no—. Escribo cosas &lt;em&gt;arriesgadas y actuales&lt;/em&gt;; tan arriesgadas e íntimas que hasta me da un poco de miedo darlas a conocer. Soy narrador, soy poeta y también ensayista, aunque no escribí ni un solo libro que sea del género &lt;em&gt;ensayo&lt;/em&gt;. Quiero decir, intercalo ensayos breves en todos lados, casi siempre en las novelas. Intento ser novelista. Dejé de escribir poemas, pero ya escribí más de doscientos, creo. También creo que soy desprejuiciado, intelectual y lúdico, es decir, me gusta el juego en la literatura, ya sea con el lenguaje o hasta con inusitados vuelos de la imaginación… (Vio, soy poeta…). Se supone que soy un intelectual, por lo menos el más &lt;em&gt;intelectual&lt;/em&gt; de todos mis amigos del barrio y de las andanzas barriales –para nada intelectuales—. Y mis libros son bastante heterogéneos –aunque en el fondo o al final, viendo toda la estructura, pueden terminar siendo homogéneos, unidos, compactos, de un mismo tono y tonalidad—. Pueden ser heterogéneos porque hablo de muchas cosas o compongo el libro con diversos materiales, hasta con cartas de amigos y amigas, o escritos de amigos y amigas, aunque ellos a veces no lo saben. Y la colección que elegí sería ésa, &lt;em&gt;IZ Latinoamericana&lt;/em&gt;, porque es la colección en donde se publica la narrativa, y yo narro y soy narrador; ya lo verá y ya lo leerá, si le interesa y tiene ganas. No soy del ambiente literario ni me interesa serlo, en todo caso, estoy más de su lado –el equipo del suplemento de Cultura— que del lado de &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;Adn&lt;/em&gt;. ¿Se entiende? Ustedes vendrían a ser los más &lt;em&gt;polémicos&lt;/em&gt;, los que critican y se animan a criticar si les parece necesario hacerlo. El otro día lo de Andrés Neuman en &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt; me pareció bueno, lo del &lt;em&gt;Señor Mercado&lt;/em&gt;, seguro que usted lo leyó. Pero Neuman y Garcés viven afuera del país, entonces, ¿me tendré que ir del país para que me publiquen una nota? Y como ellos viven afuera y muy bien, ganando euros y también los pesos argentinos que les deben llegar en cheques, no hablan de &lt;em&gt;temas sociales&lt;/em&gt;, su literatura no es para nada &lt;em&gt;comprometida&lt;/em&gt;, sólo está comprometida con el &lt;em&gt;Señor Mercado&lt;/em&gt;, aunque se hagan los rebeldes… Garcés, en &lt;em&gt;PERFIL&lt;/em&gt;, dice que le gusta el comienzo de &lt;em&gt;Trópico de Cáncer&lt;/em&gt; de Henry Miller. ¿Y qué tiene que ver Henry Miller con Garcés, que usa elegantes sacos y toma café en París, leyendo la prensa argentina a la distancia, y escribiendo estupideces en la revista &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt;…? Aunque prefiero leer un artículo de Garcés a tener que leer algo de Marcelo Birmajer o de Pablo De Santis. Disculpe, Tabarovsky, que le hable de este modo, pero usted sabrá entender. Si usted no logra entenderme, entonces yo estoy perdido y no cosecharé ningún amigo en ningún cobijo del ambiente literario local. El ambiente en el cual usted se desenvuelve sí me parece digno y respetable. Respeto mucho a Juan José Sebreli, que siempre lo veo hablando en el programa de televisión &lt;em&gt;Los siete locos&lt;/em&gt; de Cristina Mucci… Y se pone a hablar y no para… Es un gran intelectual y hace un muy buen trabajo en el suplemento. Tengo diez libros y medio para ofrecerle, para que usted considere como Director Editorial de Interzona Editora. No le voy a hacer un gran envío por correo electrónico, eso no, sería un poco disparatado, pero sí le enviaré algunas cosas para que considere con seriedad y análisis mi escritura. No tengo problema en demostrar todo lo que digo. Tengo las cartas de Anagrama, tengo todas mis revistas, un libro en el cual participé como co-autor y que no pagué nada y me regalaron dieciséis ejemplares del mismo –&lt;em&gt;Historias del Movimiento Anárquico Organizado de Agitación Surrealista&lt;/em&gt;, de Ediciones Ubik—. Podría conversar con usted en un café, o incluso tomando mate en mi casa; le puedo mostrar cualquier libro de todos los libros que escribí y hasta las montañas de hojas manuscritas de todos esos mismos libros. Eso existe y está. Que le guste mi literatura o no le guste, es otro tema. Que la parezca buena o mala o regular, es otra cuestión. Yo tengo los libros y usted tiene el discernimiento y el apoyo de una editorial detrás. Le enviaré en forma adjunta los mismos sesenta poemas que envié a Anagrama, y las prosas serán otras –les había enviado sesenta hojas A4 con márgenes chicos llenas de narrativa, de mi libro anterior al último, al de ahora que sigo escribiendo—. También leí por ahí que usted está por cumplir los cuarenta años; yo pensé, por su escritura, que era más joven. Yo tengo veintisiete años, aunque ya estoy más cerca de los veintiocho. Lo dejo, gracias por leer y escuchar, de algún modo –yo cuando escribo, digo, hablo, te cuento y les cuento—. Creo que no se me ocurre más nada para decirte –ahora te trato de vos, quizás sea mejor así—.  También hace poco me respondió a un mensaje Juan Carlos Kreimer, pero luego no escribió más –el ambiente en donde se desenvuelve Kreimer también me interesa, en cuanto a lo local—. En mi blog personal hay dos o tres fotos mías, y no más porque me parecía muy egocéntrico, ¿no? Parezco de menos edad, eso es seguro, me lo dicen todos, pero tengo los años que tengo y fueron vividos bastante intensamente, creo, sino ¿de dónde salió todo lo que escribí? De ahí salió todo; todo, todo salió de ahí. Y luego, creo, por saber utilizar el arte narrativo para poder ordenar todo eso. No te digo más nada, se hace muy tarde. Pienso que una novela mía en particular puede interesarles; &lt;em&gt;Mítico Sur&lt;/em&gt; se titula, y la escribí entre el 2001 y el 2002, tiempos escabrosos, por cierto. Un abrazo grande, seguí así, por lo menos conocés lo que piensa uno de tus lectores dominicales. Adieu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esteban Costa    &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D. Incluso puedo darte el manuscrito de esta carta, que fue escrita a mano, porque suelo hacer eso, regalar los manuscritos de las cartas, aunque el de Jorge Herralde volvió con el paquete…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D. II. Esperaré pacientemente una respuesta, aunque sea breve o negativa, o breve y negativa; aguanto y resisto igual, y si es positiva, desbordaré de alegría por la esperada realización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mi amigo Reichel es sólo un pretexto para permitirme hablar acerca del mundo, el mundo del arte y el mundo de los hombres, y de la confusión y eterna incomprensión que existe entre ambos. Cuando hablo de Reichel me refiero a cualesquiera de los buenos artistas que se sienten solos, ignorados, subestimados. A los Reichel de este mundo los están matando como a moscas. Siempre será así; el castigo por ser diferente, por ser artista, es cruel.&lt;br /&gt;Nada cambiará este estado de cosas. Si se lee cuidadosamente la historia de nuestra grande y gloriosa civilización, si se lee la biografía de los grandes, se verá que siempre ha sido así; y si se lee con mayor detención aún, se advierte que estos hombres excepcionales han explicado por qué debe ser así, aun cuando, con frecuencia, se lamentan con amargura de su suerte.&lt;br /&gt;Todo artista es un ser humano, ya sea pintor, escritor o músico, y nunca es más humano que cuando trata de justificarse a sí mismo como artista. Como ser humano, Reichel casi me trae lágrimas a los ojos. No solamente porque no ha sido reconocido –mientras miles de hombres inferiores a él están regodeándose en la fama—, sino en primer lugar, porque cuando se entra en su habitación en el hotel barato donde realiza su obra, la santidad del lugar conmueve profundamente (…) Este hombre tenía que hacer estas cosas o morir. Este es un hombre desesperado, y al mismo tiempo lleno de amor. Está tratando desesperadamente de abrazar el mundo con este amor que nadie aprecia. Y encontrándose solo, siempre solo y desconocido, está lleno de sombría tristeza. &lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Del relato titulado &lt;em&gt;El ojo cosmológico&lt;/em&gt; del libro &lt;em&gt;Max y los fagocitos blancos&lt;/em&gt; –Santiago Rueda Editor, 1967— de Henry Miller.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-4888372232309795021?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/4888372232309795021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/4888372232309795021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/10/carta-damin-tabarovsky-escritor-y.html' title='Carta a Damián Tabarovsky, escritor y Director Editorial de Interzona Editora, de Argentina, septiembre de 2007'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-3864684767957861044</id><published>2007-07-21T12:46:00.000-07:00</published><updated>2007-07-21T13:02:47.437-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Richard O' Connor reveló al verdadero Jack London en una excelente biografía; he aquí algunas partes cruciales para conocer al aventurero escritor...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La fuerza motriz que lo impulsó a producir cincuenta libros en dieciséis años de su carrera profesional fue el insaciable deseo de éxito, con todos sus beneficios. Si en su juventud fue atraído por Marx, también había leído a Horatio Alger, de niño. Quería ver un mundo mejor y radicalmente diferente, pero, entretanto, se proponía firmemente disfrutar de todos los beneficios materiales de una sociedad a la cual creía podrida y corrupta. Estaba orgulloso de ser socialista y revolucionario, pero tenía un ayuda de cámara que lo llamaba &lt;em&gt;Señor Dios&lt;/em&gt; sin correr el menor riesgo de ser reprendido. Discutía la revolución que se aproximaba, en su mesa de gran señor. Podía comer el pan proletario y al mismo tiempo el pastel capitalista. El resultado fue una indigestión predecible y fatal. Ya que London era un precursor en más de una manera que la puramente literaria, sin la intención de serlo y sin querer demostrar a través de su propia vida que los frutos de una sociedad materialista pueden ser amargos, demostró que también puede ser cierto que nada frustra tanto al hombre como el éxito. Señaló un cambio en los conceptos trillados. Antes de la primera guerra mundial se creía el hombre próspero vivía feliz siempre. Desde entonces, los héroes de la Leyenda del Éxito han sido condenados a un fin trágico, frustrado; sus luchas, generalmente, terminan en alcohol y en desilusión.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De todos los héroes y víctimas del éxito norteamericano los escritores son los más propensos al accidente psicológico. Casi ninguna figura literaria notable, desde el principio del siglo, ha escapado a esta suerte. Upton Sinclair ha hecho una lista de los escritores célebres conocidos por él, que han sido mutilados por lo que él llama &lt;em&gt;las garras de John Barleycorn&lt;/em&gt;. Todos ellos han sido aclamados y muchos de ellos se han hecho ricos debido a su talento, inclusive el mismo London (…) Si hay una razón definitiva de este fenómeno, este infortunio tan común en el éxito literario  es muy posible que se encuentre en la vida y en la obra de London. Casi todo lo que escribió se derivó de su propia experiencia. Muy poco de su vida y de sus pensamientos lo escondió de su público. Vivió en un acuario construido por él mismo, en el cual se colocó en exhibición, noche y día, durante las épocas buenas y las malas, hasta la última hora de su existencia.&lt;br /&gt;Fue su habilidad para llevar a cabo la transmutación de la vida a la literatura, los hechos aventureros y ásperos de su propia existencia, lo que impide hoy que los libros de Jack London se empolven en las bibliotecas. Nadie ha captado mejor esta cualidad de London que el crítico inglés Stephen Graham, quien escribió en &lt;em&gt;The Death of Yesterday: Es un escritor viviente. Sus libros se seguirán leyendo cuando muchas grandes obras de arte de hoy no sean más que nidos de polvo. Es inferior a Conrad, pero más grande… Es el escritor del hombre joven. Entre él y la juventud, vuela una chispa viviente. Tiene el poder de animar y poner en marcha lo que todavía está quieto e inmaduro… No escribió para los Estados Unidos perfectos, sino para los Estados Unidos aún sin terminar. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Muy pronto descubrió lo que constituiría el personaje central de su obra. Como en muchos escritores de altura, ese personaje era él mismo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tal como la vio posteriormente, su lucha durante el invierno de 1898 a 1899 por escribir algo que compraran las revistas y los periódicos hubiera sido menos penosa, de haber conocido a alguien que le hubiera servido de guía. No conocía a nadie que se ganara la vida escribiendo, ni siquiera a un escritor profesional tan secundario como un periodista. No había nadie que leyera su manuscrito y le dijera en dónde se había apartado de las reglas. También le molestaba que a pesar de haber perdido un poco de tiempo en la escuela secundaria y en la universidad tendría que olvidar casi todo lo que ahí había aprendido acerca de literatura. Sus profesores, decía, a pesar de ser tan eruditos en las sutilezas  y refinamientos de la prosa en inglés, sencillamente no sabían nada en 1899 acerca de los problemas prácticos de escribir y vender lo escrito. Si hubieran sabido algo, hubieran abandonado sus aulas y estarían golpeando sus máquinas de escribir. Tampoco podía sacar provecho del rechazamiento de sus manuscritos. Las notas que recibía con ellos, casi invariablemente, eran cartas ya hechas, que no le indicaban en dónde había fallado, o cómo podría hacer sus cuentos más aceptables.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde el principio, su enfoque fue estrictamente profesional. Escribir por otra cosa que no fuera dinero le parecía ridículo. Para él, era un trabajo duro, aun en aquella época, y lo fue más duro posteriormente. En lo que a él se refiere, desconoció la alegría de crear. Insistía en que la única cosa que le proporcionaba alegría al escribir era abrir apresuradamente los sobres con los cheques de los editores. Desde el principio estuvo convencido de que la alegre fiebre de la &lt;em&gt;composición creadora&lt;/em&gt;, era exclusivamente de aficionados.&lt;br /&gt;Su mira no era llegar hasta la cima de la literatura, sino, como dijo a sus amigos socialistas, producir mil palabras diarias y venderlas a centavo la palabra. Todo eso era &lt;em&gt;mercancía cerebral&lt;/em&gt;. No valía la pena hacer nada que no tuviera éxito en el mercado.&lt;br /&gt;Por supuesto, había exceso de protestas en todo esto. Es cierto que al final de su carrera escribir se convirtió para él en una tarea agotadora. Sin embargo, en sus primeros años de escritor la sola calidad de su prosa –su vehemencia, su vitalidad, su ritmo ondulante— indicaban que debió haber encontrado por lo menos un deleite momentáneo en su trabajo. Quizá haya sido la satisfacción del artesano, más bien que el embeleso del poeta; pero ni el escritor más mercenario puede producir una frase excelente sin felicitarse a sí mismo.   &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya con una reputación y algo de celebridad en la localidad, podía imponer respeto a sus acreedores, para que le dieran más tiempo. En una casa grande, era más fácil vivir por encima de sus medios que en los cuartos de una vivienda. Continuó escribiendo cuentos, ideando empresas más grandes y, por dinero contante y sonante, convino en escribir una serie de artículos para el suplemento dominical del &lt;em&gt;Examiner&lt;/em&gt; de San Francisco, sobre temas que variaban desde boxeadores profesionales hasta una borrachera con cerveza alemana. Había absorbido el credo del hombre que trabaja por su cuenta, de que si uno sigue produciendo y haciendo circular el material en gran cantidad, algo de ello tiene que encontrar acomodo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El &lt;em&gt;Daily News&lt;/em&gt; de Yale informó que Jack había dicho que en todo el mundo existían siete millones de hombres que luchaban por derrocar al capitalismo. &lt;em&gt;Estos hombres se llaman entre ellos camaradas, mientras luchan hombro con hombro, bajo el estandarte de la rebelión… La revolución está aquí, ahora. ¡Deténgala quien pueda!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El también había asistido a la universidad, dijo, y la encontró &lt;em&gt;limpia y noble, pero no encontré la universidad viva… Y el reflejo de esta universidad ideal que encontré fue el conservadurismo, el desinterés del pueblo norteamericano por aquellos que sufren, que están necesitados. Así, me interesé en el intento de incitar en la mente de los jóvenes de nuestras universidades un interés en el estudio del socialismo… Si los universitarios no pueden luchar con nosotros, queremos que luchen contra nosotros, que luchen sinceramente contra nosotros, por supuesto. Pero lo que no queremos es lo que se obtiene hoy y lo que se ha obtenido en el pasado de la universidad; sólo un amortecimiento, falta de interés, e ignorancia en lo que se refiere al socialismo. ¡Luchen por nosotros, o luchen contra nosotros! ¡Levanten su voz, de un modo o de otro! ¡Tengan vida! &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Jack les dijo: &lt;em&gt;Se ha confiado el mundo a ustedes; y ustedes lo han embrollado y administrado mal. A pesar de sus jactancias, ustedes son incompetentes. Hace un millón de años, el hombre de las cavernas, sin herramientas, con un cerebro pequeño y con nada, excepto la fuerza de su cuerpo, pudo alimentar a su mujer e hijos. Ustedes, armados con todos los medios modernos de producción, que multiplica un millón de veces la capacidad productiva del hombre cavernario; ustedes, incompetentes y atolondrados, son incapaces de asegurar a millones de gente siquiera la mezquina cantidad de pan que sostendría su vida corporal. ¡Han administrado mal al mundo y éste les será arrebatado!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Por la impresión que daba Jack, antes de regresar a California, a principios de febrero, parecía estar prometiendo una revolución antes del desayuno. &lt;em&gt;La revolución está aquí, ahora. ¡Deténgala quien pueda!&lt;/em&gt; Parecía que el espíritu de insurgencia lo había inflamado. A pesar de todos sus pregones desde la tribuna, sus propios planes, para el futuro cercano, incluían muy poca actividad revolucionaria. Su único deseo era alejarse de todo, recluirse en la Posada Wake Robin, de la cual le arrendaban una parte la señora Eames y Edward Payne, y concentrarse en su carrera literaria.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A mediados del verano trabajaba asiduamente en &lt;em&gt;The Iron Heel&lt;/em&gt;, libro que ha sido calificado desde &lt;em&gt;plan detallado del fascismo&lt;/em&gt; –Maxwell Geismar— hasta &lt;em&gt;el predecesor de&lt;/em&gt; 1984 &lt;em&gt;de George Orwell&lt;/em&gt; –Max Lerner—. Ahora es una curiosidad que no se publica desde hace mucho, pero fue uno de los libros más poderosos e influyentes de su tiempo.&lt;br /&gt;De la escena prehistórica de &lt;em&gt;Before Adam&lt;/em&gt;, Jack se cambió al futuro, en &lt;em&gt;The Iron Heel&lt;/em&gt;. Se pretendía que éste era el manuscrito que había dejado Avis Everhard, esposa del dirigente socialista, como una historia de años imaginarios en que la Oligarquía había aplastado la Revolución del Pueblo. Jack tomó su tema de &lt;em&gt;Our Benevolent Feudalism&lt;/em&gt;, de W. J. Ghent, publicado varios años antes, y que preveía &lt;em&gt;la integración completa del capital&lt;/em&gt; en una dictadura de mano de hierro.&lt;br /&gt;En esta novela, orientada hacia el marxismo –aún es muy popular en Rusia—, Jack imaginó lo que sucedería cuando los oligarcas gobernaran en los Estados Unidos y aplastaran la oposición socialista. Su héroe, Ernest Everhard, organizó un ejército clandestino llamado &lt;em&gt;Grupos de Lucha&lt;/em&gt;, que eran &lt;em&gt;la única espina del lado del Talón de Hierro que éste nunca podría arrancarse&lt;/em&gt;. (Por supuesto, Everhard había sido modelado a semejanza del autor, o de lo que Jack se imaginó que sería él como el caudillo de la contrarrevolución socialista. La historia de amor de la novela era la de Charmian y él. Su rancho en el Valle de la Luna era el escenario de la retirada de último recurso de Everhard. Como marxista literario, Jack era todo un culto de la personalidad de un solo hombre).&lt;br /&gt;La confrontación de Everhard con los oligarcas, en su cuartel general de San Francisco, era una de las escenas más conmovedoras de la novela. Everhard les advierte que tiene tras él a veinticinco millones de proletarios militantes, listos para oponerse a la oligarquía de la economía y la industria. El grito de ese ejército es: &lt;em&gt;¡Sin cuartel! Queremos todo lo que ustedes poseen. No quedaremos satisfechos con nada menos que con todo lo que ustedes poseen. Queremos en nuestras manos las riendas del poder y el destino de la humanidad. He aquí nuestras manos. Son manos fuertes. Vamos a quitarles su gobierno, sus palacios y todas sus purpúreas comodidades, y desde ese día tendrán que trabajar por su pan, como el campesino en los campos o el empleado hambriento e insignificante de sus metrópolis…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;A esto, la Oligarquía responde: &lt;em&gt;Cuando estiréis vuestras manos jactanciosas, para tomar nuestros palacios y nuestras purpúreas comodidades, os enseñaremos lo que es la fuerza. Nuestra respuesta se expresará en el rugir de las bombas y la metralla, y en el gimoteo de las ametralladoras. Pulverizaremos a vuestros revolucionarios bajo nuestro talón y caminaremos sobre vuestros rostros. El mundo es nuestro, nosotros somos sus amos, y nuestro seguirá siendo…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La contrarrevolución socialista termina en una derrota sangrienta y el pueblo queda reducido a la servidumbre. Una de sus tareas consiste en la construcción de la megalópolis de Asgard, la cual es terminada en 1984 –uno se pregunta si esa fecha se grabó en la memoria de George Orwell, quien leyó &lt;em&gt;The Iron Heel&lt;/em&gt;, como admirador de London, en su niñez, y que consideraba sus libros como &lt;em&gt;no bien escritos&lt;/em&gt;, pero &lt;em&gt;bien dichos&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;El diario de Avis Everhard termina con la predicción de que &lt;em&gt;cuando estalle la gran Revolución y el mundo resuene con la marcha pesada, la marcha de millones&lt;/em&gt;, será derrocada la Oligarquía y el socialismo triunfará.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;The Iron Heel&lt;/em&gt;, escrita con todo el ardor y la pasión revolucionaria a la disposición de Jack, apareció poco después que comenzó el pánico de 1907 y no fue un gran éxito, inmediatamente. Con el tiempo se vendieron 66.928 ejemplares en edición encuadernada, en los Estados Unidos. Pero su influencia fue aún más grande de lo que pudieron indicar las cifras. En ella se educó toda una generación de revolucionarios. El intelectual ruso Bukharín la incluyó en su bibliografía de literatura comunista como la única aportación hecha por algún autor norteamericano.&lt;br /&gt;El finado Aneurin Bevan, que la leyó cuando era un muchacho minero, escribió en su autobiografía que, al igual que &lt;em&gt;miles de hombres y mujeres jóvenes de la clase trabajadora de Inglaterra, y como desde entonces he sabido, en muchas otras partes del mundo&lt;/em&gt;, él se convirtió al marxismo por &lt;em&gt;The Iron Heel&lt;/em&gt; (…) La obra, leída ahora, con todos sus duelos verbales llenos de vulgarismos, entre el protagonista y el oligarca, es en su mayor parte un melodrama sin finura, en el que aparecen personajes que parecen haber salido de folletos, cartelones y proclamas que hablan a gritos y disparan sus ametralladoras de cartón, pero que nunca adquieren vida. Tal vez eso pueda suceder aquí. Si es así, el tiempo ya ha marchitado su credibilidad  y sólo será recordado el libro como una curiosidad, para ser puesta junto a la mucho más impresionante novela 1984, de Orwell, la cual, si tenemos suerte, parecerá igualmente una rareza en 2007.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;[Del libro titulado &lt;em&gt;Jack London&lt;/em&gt; (Biografía) &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Por Richard O’ Connor]&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-3864684767957861044?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/3864684767957861044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/3864684767957861044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/richard-o-connor-revel-al-verdadero.html' title='Richard O&apos; Connor reveló al verdadero Jack London en una excelente biografía; he aquí algunas partes cruciales para conocer al aventurero escritor...'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-9001989508708070444</id><published>2007-07-18T22:03:00.000-07:00</published><updated>2007-07-18T22:18:19.079-07:00</updated><title type='text'>Frases contundentes y fragmentos en prosa muy inteligentes para considerar ciertas ideas de André Maurois, escritor francés, (1885-1967)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La importancia del papel que representa un escritor en la vida de su época no es, ni debe ser, proporcional a la perfección de sus obras ni a la solidez de su doctrina. Una filosofía frágil y menguada puede seducir a toda una generación si está expuesta por un gran artista y si aporta una respuesta, aunque sea deficiente, a las preguntas que, en el momento en que adviene el mensaje, son las que inquietan a los hombres (…) El carácter del escritor, su elocuencia, su irradiación personal operan también, y puede acontecer que posea algunas de las cualidades del apóstol y que no tenga todas las del novelista.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En fin, una novela puede estar admirablemente compuesta y escrita, y, sin embargo, no interesar a los hombres de nuestro tiempo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hay que creer en el poder de la voluntad. No es verdad que el porvenir esté totalmente determinado. Un gran hombre puede modificar el curso de la historia. Todo el que tenga el valor necesario como para querer algo, puede modificar su propio porvenir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Y como &lt;em&gt;el límite de la voluntad depende de aquello a lo que nos atrevamos&lt;/em&gt;, es necesario que siempre nos gobernemos lo mejor posible, sin preocuparnos por el límite. La pereza y la cobardía son renunciamientos; el trabajo y el coraje, en cambio, están amasados en actos voluntarios. Y quién sabe si la voluntad no es la reina de las virtudes.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No os faltará trabajo. Jamás os faltará qué hacer. Cuánto más encontremos, más sabremos que no sabemos nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tener una cultura no significa saber un poco de todo, ni tampoco saber mucho acerca de un solo tema, sino conocer a fondo algunos grandes espíritus, nutrirse de ellos, agregarse a ellos. Quisiera darle maestros, un cierto número de maestros, que lo seguirán durante toda la vida. Quisiera que no dejara de leerlos y de releerlos, quisiera que se hallara usted tan cómodo en el pensamiento de ellos como en el suyo propio, en la obra de ellos como en sus recuerdos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Toda acción que involucre alguna grandeza exige un juramento ante sí mismo. Este juramento será difícil de mantener, pero si no hay juramento, nunca se hará nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La imaginación es el peor enemigo de la tranquilidad de espíritu. En efecto, es ella la que muestra, en el porvenir, aspectos temibles, peligrosos, y la que, en el pasado, busca vuestros recuerdos penosos para soñar en vano con lo que hubiera podido ser y no fue.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En efecto, vivir en el anonimato, hacer bien lo que se hace, acoger los placeres y los días, he ahí uno de los caminos de la felicidad. Sin embargo, sólo se adecua a las almas completamente libres de ambición. Ello supone, en un hombre como usted, una certeza tan sólida en su fuerza que no siente necesidad de probarla enfrentando rivales; antes de emprender la marcha por el camino de la juiciosa sombra, asegúrese que es capaz de seguirlo sin arrepentimientos.&lt;br /&gt;Pero si, al contrario, decide usted jugar el juego común y arrojarse de lleno en la contienda, entonces deberá observar las condiciones que impone la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si se siente usted con el genio suficiente como para convertirse en un creador, sea en ciencias, en letras o en artes, entonces apártese de los caminos reales y siga el sendero solitario, extraño, que lleva quizá a la cima.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Byron decía de las mujeres: &lt;em&gt;No podemos vivir con ellas ni sin ellas&lt;/em&gt;. Usted sólo no tendrá que vivir sin ellas sino que podrá vivir con ellas. Desde mi adolescencia pienso que son ellas las que nos proporcionan los mayores placeres que un hombre puede gozar. Me gustaban las presentaciones, los encuentros, los primeros regalos, &lt;em&gt;la temerosa espontaneidad de las caricias&lt;/em&gt;. No se prive usted, por timidez o por escrúpulo, de semejantes recuerdos, que son los más bellos de la vida, y que hasta en la vejez se evocan todavía con nostalgia. Quien no ha conocido los amores de juventud se siente frustrado y sin consuelo posible.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es tanta la dulzura de los descubrimientos que prolongarlos produce un inmenso placer. Forme usted una juventud tierna y apasionada. Las cartas pueden desempeñar un importante papel en sus amores. Y aún hoy. Por supuesto, no son un arma eficaz más que para el enamorado que escribe bien. Pero el amor otorga estilo, y toda mujer encuentra cierta belleza en los elogios dirigidos a su persona. Una carta penetra más hondamente que un llamado telefónico. Este, improvisado, siempre será imperfecto. La carta, en cambio, se transforma en una obra de arte, y en ella sus deseos se traslucen en una forma acabada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres, se lo repito, necesitan que se ocupen de ellas, que se les hable. Si no lo hace usted, lo hará otro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La verdadera vida, fíjese bien, está junto a usted, en las flores de su césped, en el pequeño lagarto que se calienta al sol en su balcón, en los niños que miran a su madre con ternura, en los amantes que se estrechan el uno contra el otro, en todas esas casitas en que las familias tratan de alimentarse, de amar, de jugar. Nada es tan importante como esos humildes destinos, cuya suma constituye la humanidad. Sólo los hombres son tan fáciles de engañar. Por algunas palabras no definidas se matan entre sí, se creen perseguidos, se odian. En la medida en que le sea posible, llámelos a la verdadera vida, a los placeres y a los afectos sencillos.&lt;br /&gt;Y elija para usted mismo vivir, en vez de representar, en una tragicomedia un papel en el que no cree. &lt;em&gt;La vida es demasiado corta para ser pequeña&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Toda acción que involucre alguna grandeza exige un juramento ante sí mismo. Este juramento será difícil de mantener, pero si no hay juramento, nunca se hará nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con el rico sucede lo mismo que con el conquistador; saber detenerse a tiempo constituye una de las mayores virtudes, pero muy pocos la poseen.&lt;br /&gt;Y, sobre todo, tenga cuidado inclusive de la más grande de las riquezas si es usted capaz de creación artística. La naturaleza del artista es tal que la pobreza, la desdicha, le arrancan obras maestras. ¿Qué habría sido Balzac sin la miseria, sin los acreedores, la prisión por deudas y los usureros? Esa vida difícil lo ponía en relación con tipos humanos mucho más raros que el rico –protegido en exceso en su hermosa casa por secretarios y valets— nunca podrá conocer. La necesidad lo obligaba a trabajar. Si no lo hubieran esperado en la puerta los comerciantes, dispuestos a detenerlo si no les pagaba tal o cual efecto ¿habría producido cuatro novelas por año y escrito cuentos admirables en una noche de labor y de éxtasis? He visto músicos y pintores esterilizados por la fortuna. &lt;em&gt;Sólo escapan a este destino los que, habiendo conquistado la riqueza, siguen trabajando como en los tiempos de pobreza&lt;/em&gt;. Víctor Hugo administraba con maestría una inmensa fortuna, pero quiso vivir como un pobre, hasta la tumba. Se salvan también artistas que, como Balzac, derrochan todas sus ganancias en sublimes locuras el mismo día en que las consiguen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;br /&gt;Cuando le pregunté: &lt;em&gt;¿Qué piensa hacer de su vida?&lt;/em&gt;, me respondió usted: &lt;em&gt;Escribir, tal vez&lt;/em&gt;. Es necesario borrar el &lt;em&gt;tal vez&lt;/em&gt;, o renunciar. Escribir es una vocación imperiosa o no es vocación en absoluto. Víctor Hugo, de niño, quería ser &lt;em&gt;Chateaubriand o nada&lt;/em&gt;. Un escritor nato escribe porque tiene algo que decir y sólo puede decirlo escribiendo. Si la blancura de la página le atrae; si está dispuesto a sacrificarlo todo para arrojar al mundo los pensamientos que bullen en su interior, en busca de expresión; si sabe usted que continuará escribiendo a pesar de los fracasos, a pesar de las críticas hostiles; si, como Proust, ha experimentado un sentimiento de liberación y de triunfo cuando, mediante una frase perfecta, describió con exactitud un personaje, un objeto o un sentimiento, entonces ¡adelante! Pero sepa usted que con ello abraza una religión y que tendrá que trabajar de por vida, más que en ningún otro oficio. Cuando vemos un libro acabado, pulido, ajustado, nos sentimos tentados de considerarlo como un fenómeno natural. Allí están &lt;em&gt;Madame Bovary&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Adolfo&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;El padre Goriot&lt;/em&gt;, como una encina o como un manzano. En verdad su nacimiento exigió cuidados y trabajos increíbles. Hágase mostrar los sucesivos manuscritos de una gran obra. ¡Cuántos arrepentimientos! ¡Cuántos agregados! ¡Cuántas correcciones que surgen como cohetes en los márgenes! ¡Cuántos recortes pegados alrededor de las pruebas y que forman un extraño encaje! Indudablemente, hay momentos de éxtasis en los que en una noche se escribe treinta páginas al hilo. Pero este primer chorro, por ardiente que sea, requerirá que se lo remodele, que se lo corrija. Y, junto a horas de dichosa creación, ¡cuántos días difíciles en los que el escritor vacila entre una obra y otra, acerca de la elección de un tema, cuántos comienzos arrojados al vacío, cuántas circunstancias en las cuales el que creía haber engendrado una obra de arte se da cuenta de que lo que abrigaba con ternura en su corazón no valía un comino!&lt;br /&gt;Vosotros que entráis aquí, abandonad, no toda esperanza, sino toda pereza y toda vanidad.     &lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Todos estos fragmentos en prosa pertencen al libro titulado &lt;em&gt;La conducción de la vida&lt;/em&gt; del escritor francés André Maurois (1885-1967), Editorial y Librería Goncourt, Buenos Aires, 1967] &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-9001989508708070444?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/9001989508708070444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/9001989508708070444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/frases-contundentes-y-fragmentos-en.html' title='Frases contundentes y fragmentos en prosa muy inteligentes para considerar ciertas ideas de André Maurois, escritor francés, (1885-1967)'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-1455848436904769877</id><published>2007-07-18T20:52:00.000-07:00</published><updated>2007-07-18T21:28:42.196-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>Otros cuatro capítulos de la novela corta titulada "Aquella percepción, aquel amanecer" (2000 - 2001) Por Esteban Costa / SEGUNDA ENTREGA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Año Nuevo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1_________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Año Nuevo fue extraño, algo así como una experiencia psicodélica, ¿o no? ¿A qué le llamaban así? De todos modos no importa, fue extraño por las emociones que allí tuve, fue extraño por la energía que había allí y fue particular porque el hotel estaba habitado nada más que por todos nosotros; los amigos de Daniel y nosotros cuatro, y claro que también por algunas novias de los chicos, por Almíbar y otro señor inexpresivo que también era encargado del hotel. Hubo pequeños inconvenientes con algunos de los amigos de Daniel por el dinero, ya que ellos habían comprado la comida y la bebida y se imaginaron que nosotros íbamos a festejar con esa comida y esas bebidas, pero pronto se solucionó todo y nosotros compramos nuestras propias cosas. Ya para las diez de la noche estábamos bastante excitados e inquietos, íbamos de aquí para allá trasladándonos de habitación en habitación y conversando con nuestros vecinos de hotel, que naturalmente eran todos conocidos. Habían comenzado los preparativos para la gran noche. Nos ubicaríamos todos en la terraza y allí comeríamos y festejaríamos. El hotel estaba copado por una veintena de jóvenes dispuestos a tirar abajo el edificio más grande. En un momento estaba en la pieza con Sebastián, Pedro y Germán; sentado en la parte baja de una cama marinera, y empecé a sentirme extraño, no quería salir a festejar, pues en ese momento consideraba que no tenía motivos para festejar. &lt;em&gt;¿Qué festejan?&lt;/em&gt;, le preguntaba una y otra vez a Sebastián que me miraba perplejo y estupefacto por mi estado de ánimo inadecuado para el momento. Me había puesto testarudo y no quería salir, estaba triste, desgarrado, las heridas del pasado cobraron honda vitalidad y derramaban su veneno por todo mi ser. Mi vida era normal, pero ciertos acontecimientos duros acaecidos en el pasado estaban latentes en lo más profundo de mi espíritu, y en ese momento surgieron como pocas veces en mi vida. Les pedí a Pedro y a Germán que se fueran, y a su vez le pedí a Sebastián que se quedara, y él no entendía bien para qué. Al instante comencé a llorar y a llorar y a llorar y no paré por un buen rato. Sebastián trataba de tranquilizarme, pero mi llanto no cesaba, me sentía solo en la vida, pues hacía largo tiempo que callaba mi dolor, y es muy fácil decir que a uno le va bien si guarda todo el tiempo sus más íntimos y dolorosos secretos. Esa noche lloré como era debido a mi padre que ya no estaba, pues en su muerte, que no había sido hace mucho, yo no lo había llorado, me había guardado el aguijón y el maldito seguía pinchando. Lloré porque en mi vida habitual yo no demostraba amor a nadie, ¡y cuánto amaba a ciertas personas! Pensé en mi madre, en mi laboriosa madre, en mi hermana, mi querida hermana, y pensé en mi crudeza de espíritu, y esa noche ablandé todo, descargué lágrimas por todo. Normalmente las personas sí que festejan esa noche, pues prefieren olvidar todos los asuntos y continuar todo como si nada hubiese pasado –solución promovida por los simples—, pero yo creo que por ciertas cosas sí vale la pena llorar porque deben sanar y ser aceptadas, y si se las evade, continúan latentes hasta el resto de nuestras vidas. Me había descargado de ese modo otras dos veces en la vida. Una vez en un campamento en la provincia de Mendoza con el colegio cuando tenía catorce años y habíamos tenido unas conversaciones sobre temas espirituales –era un colegio católico— y la consecuencia obligada de fisgar en el interior fue el llanto del consuelo, de la sanación. La segunda vez había sido en la casa de un novio de mi hermana, que era un joven muy transparente e inteligente, y viendo un video cassette del casamiento de su padre se habían removido sus sentimientos y posteriormente los míos y los de mi hermana. Sebastián me agradeció en una actitud muy sincera por haberle contado esas cosas, y me daba palmadas nerviosas en el hombro demostrándome su amistad y tratando de tranquilizarme. A todo esto el resto de las personas ya se habían enterado que yo estaba encerrado y desgarrado por el llanto y prefirieron pensar que me había caído mal el alcohol y que estaba diciendo fruslerías. De hecho yo había tomado bebidas alcohólicas y también estaba un poco ebrio, pero hoy continúo pensando que mi causa fue verdadera, más verdadera que los acontecimientos habituales. ¿Cuántos de los que allí había tenían aguijones clavados en su espíritu? ¿Cuántos que sentirían un profundo dolor por algo pero prefirieron cantar y olvidar sin recordar? Desde luego que no propongo que todos deban llorar en un Año Nuevo, pero el que lo siente debe hacerlo, pues el llanto sana. Después me sacaron a la fuerza de la habitación diciendo &lt;em&gt;que me dejara de joder&lt;/em&gt;, y hoy agradezco esa actitud, pues después de haberme descargado festejé alocadamente, comí y bebí con todos y juntos hicimos una cuenta regresiva del último minuto del año que jamás voy a olvidar. &lt;em&gt;¡Cincuenta y nueve, cincuenta y ocho, cincuenta y siete, cincuenta y seis, cincuenta y cinco, cincuenta y cuatro, cincuenta y tres, cincuenta y dos, cincuenta y uno…!&lt;/em&gt;, así gritábamos todos al unísono y con bronca, y después de todo, mandando todo lo triste al demonio. &lt;em&gt;Siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero…&lt;/em&gt; Y todo explotó, el cielo y la terraza, las casas vecinas y los vecinos, las copas se chocaban derramando líquido, los corchos volaban por el aire y todos nosotros en éxtasis disfrutando el momento. Después Sebastián, Germán, Pedro y yo nos fuimos por un lado, y Daniel, su novia y sus amigos se fueron por otro. A eso de las cuatro de la mañana volví tambaleándome y caminando rápidamente al hotel; los chicos se habían quedado en la playa. Al otro día de a poco se fue despertando la gente, todos tenían los rostros demacrados, con ojeras y despeinados, todos habían dormido mucho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2________________________________________&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde hizo un calor insoportable y nos quedamos en el hotel pasando el tiempo y conversando sobre lo acontecido ese mismo día pero muy temprano. Claro que el acontecimiento mío del llanto no se nombró y dudo de que alguna vez se vuelva a nombrar. Conversamos, tomamos unas frías cervezas que habían sobrado y escuchamos al atardecer unas canciones que tocó Martín, un amigo de Daniel, en su guitarra. Después comimos y le pedimos a Daniel si nos podía alcanzar con su coche a la terminal de ómnibus porque Sebastián y yo debíamos volver a Miramar, y Pedro y Germán se iban para Necochea a la casa de Román, que era el primo de Martín, el amigo de Daniel que nos había tocado unas canciones en su guitarra. Por casualidad, antes de despedirnos de Pedro y Germán, le pedimos la dirección de la casa de Román en Necochea por si la necesitábamos para algo. Daniel nos llevó en su coche junto a su novia a la terminal de ómnibus, y después de despedirnos cada uno se fue por su lado. Llegamos a Miramar a eso de las una y media de la madrugada del día 2 de enero. De camino a La Casona tomamos la peatonal por el otro extremo, el opuesto del que ya conocíamos, y allí había una feria artesanal, así que antes de ir a dormir paseamos un rato por ahí. Contemplamos el escenario. ¡Qué hermoso ambiente! ¡Cuántas jóvenes lindas! ¡Qué buenos bares para tomar algo! Estábamos contentos y ahora debíamos ponernos más serios, pues debíamos trabajar rudamente por dos meses. Llegamos a La Casona, recorrimos lentamente la galería, al llegar al fondo doblamos unos metros hacia la derecha y allí estaba La Cueva esperándonos. Para encender la luz había que caminar unos pasos y treparse a las dos camas para recién poder encenderla. Todo eso lo hacíamos un tanto ansiosos y nerviosos, pues no era para nada agradable estar a oscuras por ahí. En una oportunidad Virginia nos había contado que esa casa había sido el casco de la quinta de Urquiza, y con ese asunto nos la pasábamos bromeando. Yo siempre le decía a Sebastián que por allí debía de haber espíritus en pena, y que porqué no intentarían comunicarse con los nuevos habitantes. Yo lo pensaba relativamente en serio, y Sebastián siempre respondía lo mismo: &lt;em&gt;¡No me jodas con esas cosas…!&lt;/em&gt; Lo cierto es que esa casa daba miedo. Hacía dos días que habían llegado a la casa la hija del matrimonio con su esposo y su hijita, o sea, el yerno y la nieta de Virginia y Miguel. A mí el yerno no me había caído bien, ya de antemano porque sabía que había sido militar. Y aconteció que yo tampoco le caí bien. Cuando nos levantamos fuimos con Sebastián a desayunar a la cocina y yo respiré un ambiente extraño, pues me saludaron de una manera muy seca. Al instante me enteré porqué. Miguel encendió un cigarrillo y me dijo: &lt;em&gt;Vení un minuto que quiero hablar con vos…&lt;/em&gt; Y yo le respondí: &lt;em&gt;Está bien…&lt;/em&gt;, y me encaminé tras él hacia el patio. Allí nos sentamos. Yo también me prendí un cigarrillo y conversamos. Entonces me explicó que yo a su yerno no le había caído bien porque no me veía para mozo, y como era su socio, simplemente tenía que irme. Me dijo que él no me veía muy &lt;em&gt;organizativo&lt;/em&gt; y práctico, y que además el mozo debía ser la cara de la empresa, y que si yo no atendía muy bien a la gente, ésta se iría disconforme. Me dio cincuenta pesos y me dijo fulminantemente: &lt;em&gt;¿Está todo claro?&lt;/em&gt; A lo que yo respondí: &lt;em&gt;Sí, sí, clarísimo&lt;/em&gt;. Al comunicárselo a Sebastián, éste se entristeció porque ya no sería lo mismo estando él solo allí, pero no había nada que hacerle, tenía que irme indefectiblemente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3___________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando me fui a despedir del resto de la familia, Virginia me dijo unas palabras: &lt;em&gt;Yo lo siento mucho, pero veo que vos no servís para esto. Vos sos un intelectual, se te nota a simple vista, y es mejor que te dediques a lo tuyo. Yo veo que vos te sentís un idiota haciendo estos trabajos y yo necesito a alguien que ponga más empeño. Además, yo entiendo que ustedes sean jóvenes y quieran salir a la noche, pero cuando hay que trabajar, hay que trabajar&lt;/em&gt;. Y le contesté de un modo parecido que a Miguel: &lt;em&gt;Sí, sí, está bien, muchas gracias por todo y suerte&lt;/em&gt;. Todo estaba claro, no nos habíamos caído bien mutuamente, punto. Agarré mis pertenencias y Sebastián me acompañó a la terminal de ómnibus, a la misma que habíamos llegado unas trece horas antes, para irme a Necochea a la casa de Román, que era donde estaban Pedro y Germán y que de casualidad me habían dado la dirección. Decidí ir allí hasta que se me terminara el poco dinero que me quedaba. La despedida con Sebastián fue triste y emotiva, pues sinceramente queríamos estar los dos allí y pasar buenos momentos. Lo abracé y me subí al micro, pero antes de eso él balbuceó: &lt;em&gt;Pará, no te despidas así, después podés venir a verme, venite con Pedro, o llamen…&lt;/em&gt; Y yo le dije que sí, pero sabiendo que volver iba a ser imposible porque no me alcanzaría el dinero. Con ese micro fui a Mar del Plata, y de allí con otro micro a la ciudad de Necochea, y desde la terminal de ómnibus de Necochea me fui en colectivo a la casa en donde además de estar Román, Pedro y Germán, estaba Manuel que era un chico del barrio que yo conocía hacía bastante tiempo. Cuando llegué a la casa, aplaudí desde las rejas y salió Manuel, el chico del barrio, que estaba dormido y no de muy buen humor, ya que en vez de exclamar: &lt;em&gt;¡¿Emanuel, qué hacés acá…?!&lt;/em&gt;, dijo algo así como: &lt;em&gt;Ah, ¿qué hacés por acá? Vení, pasá, están todos durmiendo…&lt;/em&gt;, todo dicho de un modo no muy entusiasta. Antes de rememorar todo lo ocurrido allí en los días siguientes, expondré aquí los escritos que guardo y que fueron escritos en los días que estuve en La Casona. Allí están mis dudas y estados de ánimo plasmados para siempre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Jueves 28 en La Casona&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;Traje todo hasta aquí, pero no traje nada. Traje los libros, los cassettes, el reloj despertador, los papeles y las lapiceras; todos objetos que siempre me rodearon allá en mi casa, en el transcurrir de la vida habitual. Y ¿qué aprendizaje me dejará este viaje? ¿Qué podré sacar de él? ¿Me regalará la vida algún acontecimiento especial? ¿Me hará conocer a alguien? Dudo ante todo aquí sentado, en esta casa gigante llamada Santa Elenita que es realmente vieja, grande y misteriosa. Miro los libros y pienso: &lt;/em&gt;¿Ése es todo mi tesoro?&lt;em&gt; Quizás mi tristeza se deba a la gran certeza que poseo sobre lo que la vida pueda darme. Sé que yo soy el que transforma la realidad, para bien o para mal, y por lo tanto sé que mientras yo no cambie ciertas actitudes, nada asombroso sucederá. ¡Qué difícil cruzar la brecha entre el pensamiento y lo real, entre la imaginación y lo concreto! Podemos pensar en hacer algo descomunal, pero ¿quién lo hace? O si lo hacemos, siempre es diferente a lo que imaginábamos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Quizás en los viajes, cuando se está auténticamente solo, valoramos aquellos amores que vivimos, lloramos ante todo, ante la inmensa soledad de nuestro triste espíritu. Nada tengo, y por lo tanto nada soy, pues si mi entereza no se proyecta sobre algo o alguien y no fluye, se estanca y deja de existir. Si no hay reciprocidad en el hecho de amar, no hay nada. En realidad, mi supuesto gran todo, esa visión abrumadora de intensidad de vida, se resume en un amor, en ciertos escritos, en ciertos libros y en ciertas personas. Y ahora, cuando ese amor no existe, cuando esos escritos están bien guardados y nadie los lee, cuando los libros están pero hace días que no los leo y no creo que puedan ayudarme y la persona que más amo está muy lejos; ¿a quién le revelo mi amor? ¿Quién me escuchará y me dirá que también me ama? ¿Quién me podrá abarcar y comprender y luego amar? Por último observo los libros, leo el nombre de sus autores y los amo porque son mis hermanos en el sentir, y sospecho que todos ellos, esos grandes hombres, murieron en vida de soledad, de amor ahogado, de infinidad estancada, y quizás ése sea mi destino, pues es difícil abarcar grandes distancias, y si no se abarcan no se comprenden, y si no se comprende no se puede llegar a amar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escrito en La Cueva&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Te diré tu tragedia; el tiempo siempre te arrasó, siempre fue más rápido que tú, los duros acontecimientos se desarrollaban y tú nunca los entendiste. El hecho de existir siempre te resultó maravilloso y trágico, y entre percepciones y decisiones el tiempo pasaba, y allí tendido el niño creció y todo continuaba. Y te diré también una cosa importante; si no recuperas el primitivo espíritu de vencedor y no actúas más rápido que el tiempo, éste sin duda te arrasará nuevamente, y nuevamente sabrás cuál fue tu tragedia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En La Cueva&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;De música, libros, cigarrillos y una expedición al bosque&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1____________________________________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ya dentro de la casa Manuel se preparó unos mates y le conté todo lo que había sucedido. Pronto se fueron levantando los otros chicos y tuve que contarle a cada uno lo que había sucedido. Después le pregunté a Román, el dueño de la casa, si no tenía problemas con que yo me quedara a pasar unos días. Él me respondió como yo esperaba, diciéndome que estaba todo bien. Me guardé el dinero para poder comprarme el pasaje en tren que me serviría para volver a mi casa, y el resto lo puse en el Fondo Común que ellos habían organizado. Según los cálculos de Germán, mi dinero me duraría para cubrir la comida y la bebida por doce días. Lo principal ya estaba asegurado, pero el inconveniente iba a ser con los cigarrillos, ya que el poco dinero que me quedaba me alcanzaría para comprar dos paquetes de diez cigarrillos que irremediablemente me fumaría en los dos primeros días; y así fue. El resto de los días me las tuve que arreglar pidiéndole a Manuel, a Pedro y a Juan, cuando él vino unos días después. Si no estaban ellos salía a dar vueltas solo por la peatonal o la Avenida 10 para pedirle a algún despreocupado ciudadano que, para su mala suerte, pasara por allí, y si no, mientras que hubo, me armaba cigarrillos con un tabaco en bolsa llamado Richmond que era bastante fuerte pero que me quitaba las ganas de fumar. Los días allí consistían en quedarse despierto hasta muy tarde, dormir mucho e ir a la playa o a pasear caminando por la peatonal por la tarde. En la casa escuchábamos música todo el tiempo. Cada uno había llevado sus cassettes preferidos, y en conjunto había más de treinta. Principalmente fue el revolucionario Robert Nesta Marley quien musicalizó nuestras vacaciones, seguido por el místico Jim Morrison y casi a la par por el enérgico Mick Jagger. Después había unos cuantos cassettes de música nacional, y de los locales escuchábamos principalmente a Luca Prodan, seguido, desde que vino Juan, por el Indio Solari, y después por otros cantantes de menor importancia. Claro que la música fue importante –siempre lo es—, pues por las noches cantábamos todos juntos en el comedor de la casa algún tema preferido –posteriormente se quejaron los vecinos— y así las noches eran verdaderas fiestas improvisadas. El vino también fue protagonista en esas noches de canto grupal. Siempre teníamos una damajuana de vino tinto no muy bueno en la cocina. Un día compraron –yo ya no tenía dinero— nueve vinos mendocinos, algunos pateros y otros no. Pero todas estas cosas son normales en la vida de cualquier grupo de jóvenes que se van de vacaciones solos a una casa. Algo curioso fue el hecho de que ellos, al verme leer, también se interesaron por la lectura y leían algo. Germán siempre había leído algo en su vida habitual, y también escribía ensayos o poesías. Pedro siempre quiso leer, pero del mismo modo nunca lograba concentrarse –había estado dando vueltas con un libro de Robert Louis Stevenson y finalmente lo abandonó—. Manuel también leía habitualmente –no mucho— y también estaba esbozando sus primeras historias de ficción, y Román siempre fue el enemigo acérrimo del hábito de leer, pero con el transcurso del tiempo, al ver que casi todos leíamos algo por la tarde, también empezó a leer un libro fotocopiado sobre la vida de Bob Marley y el movimiento Rastafari. Yo me alegré por él y le dije que no importaba lo que leyera, lo importante era leer un poco, y de ese modo agilizar el funcionamiento de las neuronas. Germán eligió para leer durante las vacaciones un libro que era mío pero que todavía yo no había empezado a leer; &lt;em&gt;Otras voces, otros ámbitos&lt;/em&gt;, de Truman Capote, y allí estaba Germán concentrado como nadie y recostado en el sofá del living comedor con su librito. También estuvo leyendo un libro de cuentos del escritor alemán Hermann Hesse que yo le recomendé y que le gustó. Pedro cada tanto me pedía la revista &lt;em&gt;National Geographic&lt;/em&gt; en español y se iba a la pieza u ocasionalmente al baño. Manuel no leía nada, aunque en su casa sí lo hacía. Román continuaba con la vida de Bob Marley y aprendía las canciones en inglés, y en ocasiones nos sentamos juntos a tratar de traducirlas y después comprobábamos la veracidad de nuestra traducción con la del libro. Allá yo no leí tanto. Estuve ocupado la mayor parte del tiempo con un solo libro; &lt;em&gt;Visiones de Cody&lt;/em&gt; de Jack Kerouac, y la verdad fue que me desilusionó. El libro era extenso, un poco menos de seiscientas páginas. Las primeras páginas en prosa fueron ágiles y llevaderas, empero, carecían de significados interesantes. Después comenzaban las transcripciones de las cintas magnetofónicas que habían grabado Kerouac y sus amigos. Eran conversaciones entre Jack y Cody –Neal Cassady— y eventualmente otras personas. Creo que la idea de Jack fue que Cody hablara como lo hacía siempre, o sea, filosofando y contando anécdotas increíbles sobre sus aventuras robando automóviles y estando en la cárcel, pero pareciera que Cody se intimidó por la conciencia de que lo estaban grabando y hablaba de fruslerías, por lo que haciendo justicia podríamos titular al libro &lt;em&gt;Fruslerías de Cody&lt;/em&gt;, pues las supuestas visiones nunca salieron a la luz. Pobre Jack, su héroe americano no cumplió con sus expectativas. De todos modos, para los admiradores de Kerouac, es un buen material, ya que, como advierten los críticos bondadosos, el libro nos brinda la atmósfera de los Estados Unidos de aquella época, de las décadas del cuarenta y el cincuenta. Así que estuve entretenido con ese libro, otro de Sam Sephard que me resultó simpático y una autobiografía de Vladimir Nabokov que me aburrió un poco, pero que me permitió gozar de unas páginas en prosa tan bien escritas, tan elegantes, que hasta lograban transformar la postura en que yo me sentaba. Puedo decir que yo estaba en una actitud contemplativa no muy activa ni muy entusiasta, todo esto hasta el día de la primera expedición al bosque. Pero antes de narrar aquella otra experiencia que también calificaré de psicodélica –no sé si correctamente— por las percepciones que obtuvimos estando allí, intercalaré aquí un escrito sobre aquellos días contemplativos:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;5 de enero de 2001&lt;br /&gt;En Necochea&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nuestras conversaciones no tienen sentido,&lt;br /&gt;nuestros actos no tienen sentido,&lt;br /&gt;el hecho de estar es obligado, pero no tiene sentido.&lt;br /&gt;Me dejo ir, dejo que mi esencia se vaya a vagar,&lt;br /&gt;no me molesto en traerla y hacerla mía,&lt;br /&gt;acepto como un alienado consciente que se fue&lt;br /&gt;y que por el momento no volverá.&lt;br /&gt;Soñé algo aparentemente profético,&lt;br /&gt;pero nunca comprobaré su veracidad.&lt;br /&gt;Me levanté y no estaba conforme conmigo mismo,&lt;br /&gt;pero lo más fácil era olvidar el asunto&lt;br /&gt;y hacer algo como un autómata.&lt;br /&gt;Viví el día como un sonámbulo,&lt;br /&gt;pues no era yo quien dirigía mi cuerpo.&lt;br /&gt;Advirtiendo el sin sentido dibujé,&lt;br /&gt;balbuceé comentarios estúpidos, hice movimientos estúpidos&lt;br /&gt;y actué como un estúpido.&lt;br /&gt;Y después de todo pensé nuevamente en ser yo mismo,&lt;br /&gt;aquel ermitaño contemplativo de la cueva,&lt;br /&gt;pero me reí, porque la empresa era muy complicada.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2______________________________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La idea era ir al bosque de noche, y si nos animábamos, ir caminando hasta Las Grutas, que según teníamos entendido era un lugar de acantilados que quedaba a siete kilómetros una vez concluido el trayecto del parque boscoso. Nos equipamos –en realidad lo único que llevábamos además de la ropa eran cuatro litros de vino— y partimos. Apenas salimos de la casa empezó a lloviznar, pero esas gotas no iban a poder con nosotros. Ya estaba decidido, ésa era la noche de nuestra aventura. Decidimos ir avanzando de árbol en árbol cubriéndonos; ése era el secreto para burlar a la insidiosa llovizna. Caminamos unas cuadras hasta que llegó el momento de introducirnos en la parte más tupida del bosque. Nos introducimos y empezamos a caminar por un sendero amplio, y ya en ese entonces no veíamos nada –no teníamos linternas— y seguimos caminando unos cuatrocientos metros aproximadamente. En un momento decidimos tomar un sendero que se abría hacia la izquierda, y luego de caminar por él un corto tramo, salimos a una calle de tierra por donde pasaban automóviles, y yo no quería ir por ahí, sino que quería introducirme nuevamente en el centro del bosque. Román quería ir por esa calle, y yo insistía en que nos introdujéramos de vuelta al bosque. Estaba enloquecido con la idea de caminar por allí dentro, era fantasmal, y eso me incitaba aún más. Los árboles eran de esos que tienen piñas, que son finos y altos, secos y torcidos. El piso tenía una capa esponjosa de ramitas amarillentas que se desprendían de los árboles, y a su vez era ondulado, nunca llano ni parejo. Ese piso era fabuloso, y esas elevaciones onduladas eran intrigantes, pues uno quería saber qué se escondía detrás. Después, en un momento dado, hice una lucha libre con Pedro, y ya para ese entonces estábamos sin las remeras. La primera lucha la ganó él porque yo no había pensado que el asunto iba tan en serio, y él hizo una fuerza descomunal y me derribó, ganando así limpiamente; pero le pedí la revancha, como era de esperarse, y en ese segundo combate gané yo, pero su victoria fue más rotunda. De todos modos tenemos un tercer combate pendiente. Con Pedro incitábamos al resto para que luchasen, pero ellos insistían en que estábamos locos. Después Germán se entusiasmó y se enfrentó con Pedro. Se quedaron unos minutos forzándose y agarrándose fuertemente de los brazos hasta que Pedro, en una buena jugada, lo derribó. Pasado el tiempo nos tranquilizamos y caminamos bastante más. En un momento tomamos un camino que nos condujo a orillas del mar. En un ataque de euforia, y no recuerdo porqué motivo, comencé a insultar al mar, pero en realidad lo hacía contra la eternidad, ya que a más de una corta distancia no podía divisarse nada. Pedro me ayudó a insultar, y en medio de terribles carcajadas surgían los más originales improperios. El resto insistía en que estábamos locos, o peor aún: &lt;em&gt;¡Enfermos!&lt;/em&gt; Pero lo cierto fue que el hecho de insultar a la eternidad resultó ser terapéutico, pues después de haberlo hecho estábamos más tranquilos. Después decidimos con Pedro y Manuel introducirnos de vuelta al bosque, y Román y Germán no querían, y en ese ínterin de dudas nos separamos. Nosotros fuimos por nuestro lado y ellos por el suyo. Nosotros anduvimos dando más vueltas por ahí dentro, hasta que decidimos regresar porque ya nos habíamos ido bastante lejos y estaba comenzando a hacer frío. Llegamos a la casa extenuados, por lo que apenas entramos, nos fuimos directamente a dormir. Ya había amanecido. Román y Germán llegaron más tarde y ni siquiera los oímos entrar. Al despertarnos nos contaron lo que habían hecho. De las orillas del mar habían vuelto a la calle en donde habíamos estado y por donde pasaban automóviles, y ahí habían hecho dedo y una camioneta los había acercado al centro, en donde comieron algo y entablaron conversación con unas chicas. No es por nada, pero el bosque es mejor que la peatonal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La joven artesana&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente fuimos a la playa y fue una excelente tarde. Manuel tocaba la guitarra, Pedro y Germán jugaban al fútbol y yo cebaba y tomaba mate con el concentrado guitarrista. Román estaba en la casa. Decidí ir a pasear solo por la peatonal, ir a ver libros, y si me animaba, encarar a algunas chicas inteligentes para ofrecerles mi publicación literaria. Tenía dos números de la pequeña revista que había hecho junto a Octavio en Ramos Mejía unos meses antes. Los ejemplares eran fotocopiados y tenía bastantes, y si lograba vender algunos podría quedarme unos días más de vacaciones. Pero siempre sucedía lo mismo. No me animaba a entablar conversación con nadie, pues yo consideraba a mi revista &lt;em&gt;especial&lt;/em&gt;, y debía estar destinada a una persona de las mismas características. Normalmente no encontraba a nadie que fuese &lt;em&gt;especial&lt;/em&gt;. Siempre busqué a personas de ese tipo, y siempre confiando en que advertiría su condición con tan sólo mirarlas. Así que ahí iba Emanuel Klodi caminando y buscando a alguien &lt;em&gt;especial&lt;/em&gt; con sus revistas &lt;em&gt;especiales&lt;/em&gt; guardadas en la pequeña mochila verde y concisa. Había dos librerías. Una era de antigüedades, y realmente era una porquería. En la vidriera habría diez libros, como mucho, de autores conocidos. El tipo exponía &lt;em&gt;El ser y la nada&lt;/em&gt; de Jean Paul Sartre como si fuese una reliquia, pero como en la vidriera vi libros sobre jazz, pensé que podría tener algo referido a la Generación Beat. Entré y le pregunté, y el tipo, con rostro dubitativo, dijo: &lt;em&gt;Mmnn… Me parece que por acá&lt;/em&gt; –un caos de libros en ordinarias mesas— &lt;em&gt;tengo uno de Kerouac&lt;/em&gt;, Los vagabundos del Dharma, &lt;em&gt;pero creo que nada más. Tendría que fijarme en casa…&lt;/em&gt; Y volvió a su lugar detrás del mostrador. Busqué y busqué y no entendía cómo hacía ese tipo para acumular tanta basura. Supuse que le pediría a la gente que le llevasen todos los libros viejos y desconocidos que encontraran en sus casas para que él se los comprara. No había otra posibilidad para poder montar aquel curioso y polvoriento cementerio de basura literaria. Enfrente había una más moderna, pero tenía lo &lt;em&gt;básico e indispensable&lt;/em&gt; para sobrevivir, por lo que mis recorridos por las librerías eran muy breves. Después encontré otra que era pequeña y que estaba ubicada en la mitad de una galería comercial no muy transitada. Era sin dudas la mejor, así que me alegré por los oriundos de Necochea y me fui porque no tenía dinero para comprar, tan sólo quería observar las ediciones, leer los prólogos, las solapas y las contratapas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2_______________________________________________&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ese día que me fui de la playa a pasear, fui para el lado de la feria, y cuando llegué, los artesanos recién comenzaban a armar sus puestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Voy caminando sin esperar nada. Veo a una joven de cuerpo frágil, vestida humildemente y de apariencia de artesana. La miro fijamente a los ojos, me mira del mismo modo, me ruborizo internamente y continúo caminando. Pienso y vuelvo hacia donde estaba ella. Ella iba para el lugar de donde yo venía, la cruzo y nos miramos nuevamente. Merodeé por allí y la crucé otras dos o tres veces. Todo me causaba gracia. No podía haberla cruzado tantas veces y no haberle dicho nada. &lt;em&gt;Me voy, ya está, perdí la oportunidad de hablarle y conocerla&lt;/em&gt;, pensaba en mi interior. Di unas vueltas por la peatonal, y cuando volvía para el lado de la feria la veo a ella que había armado su puesto en el piso y en una esquina. Me siento en el mismo cantero en donde estaba sentada ella y muy cerca. Ella conversaba con dos chicas. Se despiden, y antes de que se fueran las chicas, la artesana les pide fuego para encenderse un cigarrillo. Las chicas que se iban le dicen que no tienen, y aprovechando la ocasión, nuestro joven saca el encendedor del bolsillo de su bermuda azul y le dice amablemente: &lt;em&gt;Tomá, yo tengo&lt;/em&gt;. Ella enciende el cigarrillo y agradece. Klodi le dice: &lt;em&gt;¿Qué pasó, no te dejaron armar en la feria?&lt;/em&gt; Y ella le explica que no, porque no había arreglado con anterioridad, y así comienza la conversación. Klodi saca dos revistas de su mochila y se las regala; la joven agradece y le dice que después las va a leer. Klodi advierte que no le interesa demasiado la literatura y se entristece en su interior. Llegan amigos y amigas de la artesana. Los jóvenes miran con indiferencia a Klodi. Pasado el tiempo pasan caminando por ese mismo lugar Pedro, Manuel y Germán que venían de la playa. Klodi se une al grupo para ir a la casa y cenar. Antes de irse mira a la joven artesana y le dice: &lt;em&gt;Seguramente después nos vemos...&lt;/em&gt; Nuestro joven estaba ilusionado, quizás la podría ver por la noche en un bar, besarla, conversar y crear momentos inolvidables. Los chicos bromean con el asunto y cargan al ilusionado Klodi por el asunto de la joven artesana. Nuestro joven contento escribe sobre el hecho:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Simples circunstancias me enternecen,&lt;br /&gt;me vuelvo como un niño y lloro de emoción.&lt;br /&gt;Descreído iba, resignado caminaba, contemplativo y ensimismado andaba.&lt;br /&gt;Allí por la feria, con ese clima especial,&lt;br /&gt;con esos grises adoquines que la hacen particular.&lt;br /&gt;Sonreí con un espectáculo de títeres,&lt;br /&gt;miré a todas las personas a los ojos y me revelaron sus verdades más secretas,&lt;br /&gt;confiaban en mí, en un instante me contaban todo y me pedían ayuda.&lt;br /&gt;Pero tan sólo era un joven descubriendo verdades,&lt;br /&gt;¿y qué iba a hacer con tanta tristeza, con tanto ahogo interno?&lt;br /&gt;Caminé un día y participé en cientos de vidas,&lt;br /&gt;alguien se acordará que un día le contó todo a un joven con tan sólo mirarlo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un amanecer y otras tardes inactivas&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1__________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con la joven artesana no sucedió nada interesante. Sólo la vi dos veces después de aquella tarde; una vez en la peatonal y otra vez en un bar. Mi emoción se había esfumado, me había equivocado, ella no era para mí. En esos días posteriores a la expedición al bosque fuimos dos o tres veces a ver el amanecer en la playa. Hacía mucho tiempo que yo no veía un amanecer en una playa, y tampoco tenía recuerdos extraordinarios sobre ese hecho, pero el primer día que fuimos fue muy divertido por un lado y profundo y rejuvenecedor por el otro. Juan era un amigo de los chicos que había llegado a la casa para pasar unos días. Ese día fuimos Juan, Pedro y yo a la playa muy temprano, alrededor de las cinco y media de la mañana. Nos llevamos el equipo de mate y unos cigarrillos, y además una excelente predisposición matinal; los tres rebozábamos de alegría. La risa de Juan impulsaba a la mía, y las dos risas despertaban la risotada de Pedro. El sol salió y se elevaba lentamente. Algunas aves volaban despreocupadas, grupos de chicos y chicas contemplaban el amanecer. En un momento vi que había una chica cerca de nosotros. La llamé y vino trotando y diciendo: &lt;em&gt;¡Ésta es la mejor oferta de sus vidas…! Les cambio cuatro churros rellenos de dulce de leche por dos cigarrillos… &lt;/em&gt;Y nosotros, considerando la oferta, aceptamos. Juan le dio uno de sus apestosos cigarrillos negros, y Pedro, en una excelente maniobra, le dio a entender que le daría un Philip Morris pero le dio un cigarrillo muy feo y barato de un paquete que había comprado Manuel para ahorrar dinero. Al instante escuchamos que una de las amigas de la chica que vino trotando exclamaba: &lt;em&gt;¡¿Qué es esto?! ¡Qué asco…!&lt;/em&gt;, refiriéndose a ese cigarrillo. Nos reíamos a carcajadas y de paso disfrutábamos los churros calentitos y rellenos de dulce de leche. Había sido un excelente negocio.&lt;br /&gt;Después las cuatro chicas se acercaron y conversamos un rato, pero al ver que nosotros nos reíamos todo el tiempo por cualquier minúsculo motivo, decidieron irse, cosa que también nos causó gracia.&lt;br /&gt;Los días transcurrían normalmente. Yo ya no iba a la playa por la tarde, sino que me quedaba a leer, a pensar y eventualmente a escribir. Sabía que en pocos días tendría que volver a mi casa y tendría que inventar algo para hacer, para generar dinero y poder sobrevivir. Estas preocupaciones no las tenían los chicos, ya que eran menores que yo y ese año era obligada su asistencia al colegio secundario, por lo que no tendrían que preocuparse del dinero y otros asuntos similares. De esas tardes, un tanto aburridas y monótonas, además de recuerdos guardo escritos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Martes 9 de enero&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Lo común&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Escribiré fruslerías sobre lo común.&lt;br /&gt;No es común escribir sobre lo común,&lt;br /&gt;es común escribir idioteces,&lt;br /&gt;y es difícil escapar de lo común;&lt;br /&gt;al respecto pienso y dudo ¿me estaré transformando en algo común?&lt;br /&gt;Me desespero ante la temible idea.&lt;br /&gt;No es común encontrar a alguien no común por la calle,&lt;br /&gt;es común estar rodeado de comunes.&lt;br /&gt;Los comunes acechan, no hay duda.&lt;br /&gt;Ahora, si me preguntasen a mí las características de los no comunes, tendría que esforzarme en esbozar una idea sobre el ser no común. Yo sólo sé que los conocí y que ellos me enseñaron sus rasgos particulares sin que yo les dijera nada, entonces eso es lo que deseo, que el ser no común al que espero sepa demostrármelo espontáneamente deslumbrándome con gestos particulares que vayan más allá de las comunes percepciones de los hombres comunes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Jueves 11 de enero&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Doy vuelta la carpeta en donde guardo los manuscritos porque le he hecho unos dibujos extraños en la tapa y me distraen. La mesa está sucia, desordenada y repleta de restos de comida. Los chicos se fueron a la playa y yo decidí quedarme a leer un poco, a pensar, a decidir. Y quizás sea muy aburrido esto de quedarme a pensar. ¿Qué tiene que pensar?, se preguntarán los chicos. A decir verdad, quizás sea una verdadera idiotez esto de andar pensando en todo en todo momento, pero si uno ha nacido así no tiene la posibilidad de elegir entre el pensar y el no pensar. Quizás me guste estar solo simplemente, no puedo estar todo el tiempo acompañado, necesito mi momento de soledad; pero ¿de qué iba a hablar? Ya no lo recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;15 de enero&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;Después de todo estoy entero, ¿qué más?&lt;br /&gt;Con esas palabras me río del pasado y camino hacia un futuro incierto.&lt;br /&gt;Sí, tan sólo por un instante puedo reírme a carcajadas de mi alocado pasado.&lt;br /&gt;Después de todo tengo cientos de papeles escritos y cientos de fotografías, ¿qué más?&lt;br /&gt;Después de todo tengo cientos de heridas cicatrizadas y aún me río, ¿qué más?&lt;br /&gt;Después de todo casi me pierdo, pero vi el camino y sorprendido y riéndome volví a él.&lt;br /&gt;Después de todo todavía pueden hallarme paseando por la calle fumando y observando todo minuciosamente.&lt;br /&gt;Después de todo pueden invitarme a tomar un café y con gusto les contaría los momentos en que casi me voy para no volver.&lt;br /&gt;Después de todo puedo volver todas las noches a la cama como el más inocente niño.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Estos cuatro capítulos pertenecen a la novela corta titulada &lt;em&gt;Aquella percepción, aquel amanecer&lt;/em&gt; (2000 - 2001) , de Esteban Costa]&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-1455848436904769877?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/1455848436904769877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/1455848436904769877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/otros-cuatro-captulos-de-la-novela.html' title='Otros cuatro capítulos de la novela corta titulada &quot;Aquella percepción, aquel amanecer&quot; (2000 - 2001) Por Esteban Costa / SEGUNDA ENTREGA'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-4529355547881969627</id><published>2007-07-11T12:53:00.001-07:00</published><updated>2007-07-11T23:42:55.179-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>Fragmentos en prosa inéditos pertenecientes al libro titulado "La Mística del Destino" (2003), de Esteban Costa</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;NOTA INTRODUCTORIA&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Miércoles 11 de julio de 2007&lt;br /&gt;(Por la tarde)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Este libro que ahora presento en escasas partes, fue mi octavo libro escrito, y lo escribí entre los veintiún y los veintitrés años, desde fines del año 2001 hasta fines del año 2003, donde comencé el siguiente libro, que fue como una segunda parte a ese mismo libro que venía escribiendo hacía tanto tiempo. Creo que el género más adecuado para clasificar a este libro sería: &lt;em&gt;novela autobiográfica experimental&lt;/em&gt;, y de hecho así la presento, para mí el libro es eso. Es una novela en cuanto que sigue el transcurso de la vida de varios personajes a través de todo el relato, de principio a fin. Es autobiográfica porque, en parte y en partes, se refiere a mi propia biografía de vida, o sea, la propia vida del autor, y es experimental porque es un libro que contiene también muchos poemas –algo inusual en el género novelístico- y escritos de otros géneros literarios, como ensayos, muchas cartas, comentarios sobre cine, crítica social, crítica literaria, historia, algo de sociología y, creo, bastante de ideología, pero todo eso siempre bordeando la vida de varios personajes jóvenes que van creciendo y avanzando, como pueden, en la vida.&lt;br /&gt;El libro está estructurado en seis partes y un apéndice; estos fragmentos que escogí pertenecen a la sexta parte, y son los fragmentos finales –la sexta parte cuenta con ochenta y ocho fragmentos en total—. Nada más. Espero que les guste, o que por lo menos les resulte curioso y atractivo el material, qué sé yo… Adieu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esteban Costa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;56.&lt;/strong&gt; ¿POR QUÉ EXTRAÑA RAZÓN lo superfluo domina la escena? Obstinarme se vuelve necesario. Levantar una bandera desde mi cobijo limpio y tranquilo también. Hoy me alivié llevando a cabo una nimia e insignificante acción. Mi madre me juntó algunas prendas viejas, ropa que le regalaron a ella en la casa donde trabaja. Yo junté algunas cosas más; unos pañuelos, una chomba blanca Lacoste nueva y sin usar, pero parecía esas chombas que usan los pulcros jugadores de tenis de las familias ricas, aristocráticas y de la peor calaña. No había manera de que me decidiera a usar esa chomba, no iba conmigo ni con mi estilo. Así que junté todo eso más algunos viejos calzoncillos poco usados y un pantalón gris deportivo y metí todo en una bolsa roja. Luego junté unos libros que ya no quería más y también los metí en la bolsa. Mi madre me había juntado la ropa con la intención de que yo la llevara a una Feria Americana que hay por acá cerca donde una vez me cambiaron la ropa que yo había llevado por unos cuantos libros usados y de buenos autores. Lo cierto es que decidí no cambiar la ropa sino regalarla a algún pobre necesitado que encontrara por allí. La influencia de Quoist comenzó a hacerse notar en mis acciones y actitudes. Leí en uno de sus libros que una buena manera de practicar el &lt;em&gt;desapego&lt;/em&gt; a los bienes materiales es regalar bienes a alguien. Por lo tanto decidí regalar esos bienes aunque no fuesen muy valiosos. Agarré mi bicicleta, enganché la bolsa roja en la parte trasera y partí en busca de algún pobre. Supuse que no iba a ser difícil encontrar a alguno. Comencé a andar por los alrededores del barrio, fui hasta la plaza y como no vi a nadie pegué la vuelta hacia otro lado. En un momento pensé que quizás el hecho de que no encontrara a nadie significaba que algún libro interesante me estaba esperando en la Feria Americana de la Avenida Nazca cruzando las vías del tren. Después pensé que esa idea era un autoengaño que yo me estaba haciendo para no regalar la ropa y llevarme algunos libros a mi cobijo; así que retomé más obstinadamente la búsqueda de algún pobre. Por un momento usé mi intuición y me dirigí rápidamente y decidido a la plaza que está ubicada en la estación de trenes de Villa Pueyrredón. Allí tendría que haber pobres porque siempre hubo pobres revoloteando y ordenando sus paquetes y sus bagatelas. Y los encontré. Ahora parece que les cedieron un terreno para que hagan la &lt;em&gt;clasificación de residuos&lt;/em&gt;, para que separen la basura utilizable o vendible de la basura inutilizable e invendible, o sea, los cartones, papeles y vidrios por un lado, y demás residuos por otro respectivamente. Le entregué la bolsa a un viejo sucio, flaco y desgarbado que tenía una gorra roja. Me miró y me dijo: &lt;em&gt;gracias&lt;/em&gt;. Me subí a la bicicleta y me fui. Me seguía sintiendo un inútil. Pensaba en toda esa gente pobre y analfabeta y sucia y sin esperanzas. Comencé a pensar en armar algo allí. En enseñarles a leer y escribir, en armar una pequeña biblioteca. Y después pensé qué sentido tendría todo eso si ellos lo único que quieren es ganar algo de dinero para poder comer y vestirse y vivir. Eso es algo que yo no puedo enseñarles, ya que en mi propia vida yo no sé cómo demonios ganar dinero. ¿O soy un cobarde? Yo sé que por más que aprendan a leer y escribir continuarán siendo excluidos del sistema. Están fuera del juego y lo están también las generaciones de niños que ellos engendran incansable e imparablemente. Miles y miles de pobres analfabetos. Villas de emergencia por doquier. Drogadicción, violencia, crimen y delito. Y los ricos vacíos de espíritu, y yo, sin dinero y sin riqueza de espíritu. Sin diversión y sin amor. Lo único que tengo es mi terca obstinación de levantar una bandera desde mi cobijo limpio y tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La psicoterapia de una cultura es una Revolución Cultural&lt;/em&gt;. Luis Racionero&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;57.&lt;/strong&gt; ESTOY TOTALMENTE CONVENCIDO de que se abrió una inmensa brecha entre mi pensamiento y mi escritura. Necesitaría la paciencia del artesano para dejar rastro de todo lo que pienso. Hace tiempo que no escribo un extenso y fluido tramo en prosa. Bulle el activo mundo a lo lejos. Perros inciertos ladran en la soleada y fresca tarde de agosto. Abuelas y madres viven su anónima e inanimada historia. Los trabajadores viajan atestados en los colectivos que andan sin descanso por las avenidas tapadas por el humo gris de todos los días. Los jóvenes vacíos ríen en sus tardes vacías con risas vacías, sin historias, sin anécdotas. Van a los colegios, juegan al metegol en la esquina y se cargan, hacen bromas… En el futuro serán los trabajadores que viajan en los colectivos. Algunos serán abogados que defenderán a los hombres más corruptos, otros diseñarán grandes y complejas maquinarias industriales para crear más artefactos, y esas máquinas que ellos inventarán y diseñarán expulsarán incesante e imparablemente tóxicos irrespirables, y esos tóxicos taparán y contaminarán el aire de los barrios industriales donde viven los pobres más pobres las vidas más pobres y desdichadas. Leí en algún lado hace algún tiempo que hubo un dictador en Rumania [&lt;strong&gt;Nota al pie:&lt;/strong&gt; El verdadero nombre del dictador es Nicolae Ceausescu, que fue líder de Rumania durante veinticuatro años] que estaba empecinado en instalar la industria pesada en su país, y lo hizo, y nunca más olvidaré una fotografía en donde se ve a un anciano pastor con sus ovejas cubiertas todas de un polvo negro tóxico. El dictador cumplió su funesto sueño de convertir un país naturalmente agrícola en un país industrializado, pero las ovejas naturalmente blancas pasaron a ser negras… ¡Y hay tanta tierra libre y despoblada Dios mío! Y aquí todos juntos y apretados y respirando todos los días aire contaminado con sustancias tóxicas que dañan la salud de las personas. La distribución de la población en este gran país es inentendible. Si pudiéramos observar este fenómeno desde la altura indicada quedaríamos estupefactos. Es como si un ser humano viera con sus ojos un jardín de un patio común de una casa común considerablemente grande, y viera justamente en el centro un pequeño círculo con millones de hormigas caminando una sobre la otra. Ciertamente el ser humano no entendería porqué esas hormigas están todas en ese círculo pudiendo estar más cómodas y aireadas en otros sectores del jardín. Evidentemente existen explicaciones de índole socioeconómica para entender el fenómeno de la distribución de la población en Argentina y en otros países con problemas similares, pero esas cuestiones se las dejo a los sociólogos. Hasta aquí estas consideraciones.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El artista reacciona ante su época con más susceptibilidad que la mayoría de la gente. Tal susceptibilidad es una carga para él, pero también su medio de producción. Sólo la exposición de sus causas le permite sobrevivir psíquica y materialmente. Cuanto más exactamente, de modo más complejo y sugestivo logre transmitir esta realidad, mayor será el número de personas que se reconozca a sí misma en sus figuras, que halle expresados unos impulsos propios, antes no descubiertos y ahora a disposición de la conciencia&lt;/em&gt;. Volker Michels&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;58.&lt;/strong&gt; ES UNA FRÍA MAÑANA DE AGOSTO. Es un lluvioso amanecer con ventiscas esporádicas que emiten sonidos. Son los sonidos naturales de la Tierra. Estoy despierto para burlar al tiempo, a la realidad, a las obligaciones, a los horarios establecidos, a las costumbres, a las tradiciones y para reírme muy burlón ante aquellos que se escandalizan por mis &lt;em&gt;alocados horarios&lt;/em&gt;. O como mi madre dice: &lt;em&gt;¡Otra vez agarraste ese ritmo de locos…!&lt;/em&gt; Sí, lo agarré y lo metí dentro de mi cuerpo y dentro de mi cerebro, y ese ritmo se hizo uno junto a mi pasión. Cuarto cigarrillo encendido desde mi repentino desvelo. Reposa, ese cigarrillo, en un humilde y hermoso cenicero de madera forrado con masilla para artesanos y decorado con pequeñas mostacillas de colores. Es una de las pocas artesanías que guardo de mi producción. Me quedan todavía tres espejos. Uno lo utilizo yo mismo, y los otros dos restantes están guardados en una caja marrón de zapatos esperando la oportunidad de ser regalados a alguien. Hoy mismo, por la tarde, me encontraré con mi amigo Sebastián en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Allí mismo, desde el jueves 14 de agosto, es decir, el jueves pasado, están expuestas en un panel de madera pegado a la pared mis revistas literarias y subterráneas. He dejado para la exposición cinco ejemplares de cinco números de la vieja y artesanal &lt;em&gt;Trascender&lt;/em&gt; y cinco ejemplares de los únicos cinco números editados de la pequeña y más reciente &lt;em&gt;Aquí y Ahora&lt;/em&gt;. Hoy es el último día de la exposición. Participaron entre veinte y treinta publicaciones alternativas. Nada extraordinario. Poco vigor, poca originalidad y poco compromiso. En el acto de inauguración de la muestra o de la exposición estuvieron presentes el vicepresidente de la nación –y se reirían mis lectores posibles si supiesen qué clase de hombre es éste al que me refiero— y varios diputados nacionales. También estuvieron los músicos del ejército; no recuero a qué fuerza pertenecían exactamente. Era un cuarteto integrado por saxofonistas y trompetistas muy elegantemente vestidos. Eran joviales, alegres y educados. Allí estaba yo, en medio de toda esa algarabía. Había periodistas de televisión y radio, camarógrafos y decenas de personas adineradas vestidas con trajes y corbatas. Yo no entendía muy bien la escena. Veía el panel pegado a la pared con mis revistas y un collage en el centro, y luego, mirando levemente hacia el otro lado veía a los diputados, al vicepresidente, a los periodistas, a los músicos del ejército y a todos los adinerados de la sala. Los editores de las revistas alternativas no aparecieron. Había solamente cuatro o cinco. El resto había ido un día antes para armar los paneles y no aparecieron más. Desde aquel día jueves hasta hoy viernes hubo una serie de conferencias de temáticas que no me interesaron y por ese motivo no concurrí a ninguna de ellas. Simplemente iré hoy por la tarde a encontrarme con mi amigo de la infancia y a reírme con él por el hecho de que el joven y loco Klodi haya llegado con sus revistas independientes a la Biblioteca del Congreso de la Nación. Tomaremos algunas fotografías para retratar la ocasión. Para mí, este hecho, es como la finalización de un ciclo, de una etapa. Un decir: &lt;em&gt;Con esto llegué hasta aquí&lt;/em&gt;. Edité, en total, trece números entre las dos revistas, y el futuro se me presenta incierto. Es más, no me interesa demasiado, simplemente deseo pasar una buena tarde con mi amigo y ver si puedo persuadir a algún editor de revistas o periódicos para que me publique algún escrito. Eso sí me preocupa, el dinero para vivir. El resto son problemas eternos y existenciales.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El arte es un mullido lecho para los que nos sentimos vagos de profesión. Cuando uno comprende esta verdad, se proclama a sí mismo solemnemente artista, escritor o pintor, músico o poeta. Luego, los demás, empezando por la familia y por los amigos, no aceptan casi nunca esta solemne proclamación individual que les parece subterfugio, un buen pretexto para no trabajar. Pasado el tiempo, si el vago por casualidad resulta un artista estimable, la vagancia no se toma en cuenta, es, en algunos casos, una belleza más, un gracioso lunar: en cambio, si el supuesto artista no produce nada que valga la pena, entonces su vagancia se pone al descubierto y se convierte ante los ojos de sus conocidos en algo criminal, desagradable y repelente. En esto, como en todo, el éxito establece la ley&lt;/em&gt;. Pío Baroja&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;59.&lt;/strong&gt; SI BIEN TIENDO A RECLUIRME y a bajar el nivel de mis delirios con el cristianismo y un poco de lectura de algunas páginas del &lt;em&gt;Nuevo Testamento&lt;/em&gt;, mi pasión oculta y profunda es por los personajes de las historias reales de la literatura mundial, y no digo universal porque quizás existan literaturas extraterrestres… Quiero decir que por más que me tranquilice al leer el &lt;em&gt;Nuevo Testamento&lt;/em&gt; y vuelva a adoptar momentáneamente una postura de espera –espera de la segunda venida del Señor Jesucristo, espera de la muerte y el Día del Juicio, espera apacible del futuro— siempre me tienta saber más sobre los sucesos acaecidos en los períodos intensos e interesantes de la historia de la literatura. El día de ayer fui a visitar a mi amigo Gustavo a su salón. Conversamos amena y ampliamente sobre temas diversos, y en un momento dado le comenté que estaba viviendo más en otras épocas y lugares que en esta época y en este lugar en que me toca vivir. Le hice algunos comentarios sobre la Generación Perdida, sobre Gertrude Stein y Alice B. Toklas, sobre la Rue Fleurus, sobre Ernest Hemingway y Francis Scott Fitzgerald y toda esa magnífica época. Al instante me comentó que una mujer con la cual él había tenido y mantenido una historia amorosa intensa e interesante había escrito un libro relacionado con aquella época y aquellos personajes. Se levantó rápidamente de su silla, se dirigió hacia una de las habitaciones y escuché, desde mi silla y mi lugar, algunos ruidos. Supuse que estaría buscando el libro y mi suposición fue correcta y acertada. Volvió contento con el extraño ejemplar en sus manos. Un libro anaranjado no muy ancho pero sí alto, con una portada realmente original. Ahora lo tengo aquí a mi lado en mi escritorio. La tapa consiste en una impresión de letras manuscritas cursivas en forma circular, de tanto en tanto resaltan algunas palabras escritas en imprenta mayúscula, como por ejemplo –empezando desde la parte inferior de la portada del libro—: EL PORVENIR DEL SOCIALISMO / LUZ DE EUROPA / MASSACHUSSETTS / MUNDO / LA FUERZA y JOYLISES, que supongo vendría a ser una palabra proveniente de la unión del apellido Joyce con el título del libro &lt;em&gt;Ulises&lt;/em&gt; de James Joyce. En la parte inferior izquierda de la misma portada hay como una pequeña ventana rectangular en forma vertical donde puede verse el rostro de una mujer flaca, de nariz larga y puntiaguda, con el pelo negro y corte &lt;em&gt;carré&lt;/em&gt;, o sea, con el pelo hasta la altura de la nuca. Tiene los ojos bien abiertos y largas pestañas. Si abrimos la tapa del libro podemos ver el resto del dibujo que está impreso sobre la primera página del libro. Allí vemos el cuadro completo. La mujer está sentada sobre una silla y está acodada sobre una mesa. Sostiene entre sus labios un cigarrillo y su mirada está definitivamente &lt;em&gt;perdida en la nada&lt;/em&gt;. Sobre la mesa hay una copa a medio llenar –podemos suponer que contiene vino tinto— y alrededor de ella –la mujer— hay personas sentadas algunas y paradas otras. Hay mujeres y hay hombres de saco y sombrero conversando al lado de la barra del bar. El dibujo es realmente expresivo aunque no es detallista en su estilo, sino que recuerda el trazado apurado y rápido de los cuadros fauvistas de Matisse. Pero lo importante aquí no es el dibujo sino el libro que se titula &lt;em&gt;El affair Skeffington&lt;/em&gt;. Su autora se llama Cristina Forero, aunque ella prefiere llamarse María Moreno. Esta señora fue y es la misma que Gustavo conoció hace varios años cuando ambos trabajaban en el diario &lt;em&gt;Tiempo Argentino&lt;/em&gt;. La verdad es que ella es una buena y original escritora, y el libro es un buen y original libro…, y yo soy un mezquino en mis elogios y poco original a la hora de elegir las palabras para elogiar a ambas cosas; a ella y al libro… Y ahora llamé cosa a ella y no continúo porque todo empeorará, aunque creo que ella entendería estos pequeños inconvenientes si me conociera un poco a través de mis palabras. Y no hay manera ni modo de que no me aburra cuando intento elaborar un escrito más explícito, es decir, nombrando ciertas cosas que normalmente no nombro. Sé que este hecho, el de no ser demasiado explícito ni descriptivo juega en mi contra; lo sé y lo lamento. Envidio sanamente a María Moreno en cuanto que ella posee una extraordinaria paciencia a la hora de elaborar sus referencias y sus notas al pie de página. Estas referencias y notas no son vanas, como ocurre muchas veces, sino que son informativas y hasta humorísticas. A su vez, ayudan a sustentar el contexto en donde se desarrolla la historia, el París de los expatriados o exiliados norteamericanos o estadounidenses, más precisamente. Sin las notas continuas y abundantes, el libro carecería del sustento intelectual necesario para tratar temas históricos reales, aunque estoy casi seguro de que muchos de los personajes de la historia que ella elabora son ficticios y ficticias son las notas que a ellos se refieren. La autora posee agudeza intelectual, habilidad narrativa y descriptiva, sobre todo. Sus observaciones son muy inteligentes y el libro demuestra que ella ha estudiado mucho y muy atentamente ese particular período histórico. La verdad es que estoy sorprendido con este libro y espero poder conocer a su autora, y espero también que mi intento no resulte frustrado como me pasó con la señorita Bárbara Belloc, aunque sé que no profundicé mi búsqueda del paradero de esa bella poetisa argentina. Qué bueno sería si María Moreno se dedicara a elaborar las notas al pie de página de algunos de mis libros (¡y qué exuberante y hasta cierto punto pedante suena que diga: &lt;em&gt;algunos de mis libros&lt;/em&gt;!). Me conformaría con que elaborara las notas de este último que ahora continúo escribiendo, aunque también me tienta el desafío de elaborarlas yo mismo, enfrentar esa tarea, meditar, tranquilizarme y ser conciso y preciso en cada nota, desarrollar esa faceta que requiere de erudición, pero más que nada de paciencia. María Moreno debe corregir sus textos como una periodista profesional; estoy convencido. Escribir este libro que tengo aquí a mi lado le habrá consumido unos cuantos días y le habrá provocado unos cuantos dolores de cabeza. Cómo encaró la estructuración de su libro es algo admirable, en ella hay algo que no hay en mí; profesionalidad. Es una &lt;em&gt;escritora profesional&lt;/em&gt;… (Y después de tantos elogios es justo que me permita ser un tanto irónico). Bueno, todo esto resultó ser la introducción a un escrito que nunca existirá, pues nunca tendré esa paciencia bendita. Quizás algún día comente el tema del libro. O brevemente y ahora mismo; trata sobre la vida y la obra de la poetisa estadounidense Dolly Skeffington. Si existió en realidad o no habrá que preguntárselo a María Moreno.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Desde los días de Rousseau ha sido frecuente que la mayoría de las grandes autobiografías ofendieran a sus contemporáneos. Esto es comprensible, porque decir la verdad, la descarnada verdad de uno mismo y sus alrededores ha sido la meta de los grandes escritores. Y la verdad sin disfraces es siempre desagradable&lt;/em&gt;. Peter P. Rodhe&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;60.&lt;/strong&gt; QUISE CORREGIR Y REVISAR algunos de mis escritos. Vano intento. Desperdicio de tiempo. Acumulación de sustancias para acumular más tedio. Odio leer mis escritos de índole tediosa. Odio y detesto leer mis cantos al hastío. Lo único que hice fue abandonar todo y recostarme en mi cama pensando en Bárbara Belloc. Su nombre me excita; es armonioso, novelesco y literario. Le quise escribir una carta a Germán, pero el hecho de pensar si la incluiría o no en este libro me inmovilizó, me paralizó. Todos estos dilemas logran que me sienta mal, pésimamente mal. También estoy obsesionado con la idea de conocer a María Moreno. Ir a verla y darle algunos de mis escritos. Nada más. Pensé páginas enteras recostado en mi cama. Cartas para Germán y mensajes extraños para María Moreno. Ni siquiera sé cómo es. Quizás no le interesen ni un poquito los delirios de un extraño joven que escribe lo que puede y cómo puede. Yo no soy de esos ambientes literarios ya oficializados. No sé. Ahora todo me genera dudas y confusiones. Y me voy a ir a recostar y mejor me voy a quedar con la imagen de mi hermana Manuela escuchándome leerle un texto ameno de Lin Yutang sobre &lt;em&gt;El culto a la vida ociosa&lt;/em&gt; en el parque Las Heras sobre el verde pasto. Hoy fui actor de mis vivencias. Me reí con gusto y sentí en mi piel el fresco viento de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El único medio para soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua. El vino del arte causa una larga embriaguez y es inagotable…&lt;/em&gt; Gustave Flaubert&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;62.&lt;/strong&gt; EN LA MÚSICA Y EN EL CANTO hay esplendor. Cuando la humanidad inherente a los humanos es llevada al extremo hay esplendor. Cuando aflora y florece el puro sentimiento humano hay esplendor. Y el esplendor es lo que me importa. En la liberación hay esplendor. La tensión y el ahogamiento no pueden llevar al esplendor. Para liberarse hay que distenderse, y para distendernos es necesario creer que vamos a lograr lo que deseamos lograr. Si tenemos y poseemos esa seguridad, esa tranquilidad con respecto al futuro, podemos distendernos y soltarnos. La seguridad de poder crear todo lo que queramos crear. Cuadros, libros, fotografías, collages, revistas, museos, fundaciones, lo que sea. El esplendor es necesario; hay que ir tras él. ¿De qué sirve existir si no estallamos? El esplendor es estallido. Estallido de emociones de alto vuelo, estremecimientos fisiológicos, alegría extrema que baja el cielo a la tierra. Escucha música y siéntelo, observa reír a los jóvenes y siéntelo, mira a través de los brillantes ojos de los niños y percíbelo, contempla un amanecer o un atardecer y deja que el aire atraviese tu ser entero, que el viento esclarezca tu visión. Ama, ama a todo. Desborda. Rebasa. Que salga energía de tu cabeza y que inundes el ambiente haciendo que la luz sea más lucífera, que la transparencia sea posesión de todos y de cada uno. Que cada uno ame. Elevémonos, glorifiquemos… No hay palabras que puedan estremecernos de grandeza, la grandeza hay que sentirla, hay que experimentarla, vivenciarla. Como sea que cada uno la experimente, pero hay que experimentar la grandeza; es un deber supremo. Hay que llorar y cerrar fuertemente los ojos si es necesario, derramar lágrimas de éxtasis, esas que son producto de una conjunción perfecta entre sufrimiento y placer, entre gozo e impotencia. El sólo hecho de llegar hasta allí en la búsqueda de la grandeza y el esplendor humano ya nos hace dignos de merecerlos. Quedarás vacío en la búsqueda, pero habrá valido la pena. Supongo que más allá de eso no se puede llegar. ¿Qué más hay? Sentir todo, vivirlo todo. No hay más nada. Todo se resume en la disponibilidad de la sensibilidad. Es el filtro por el cual atraviesa la experiencia. Si tu sensibilidad está disponible y abierta, eres rico. Todos los matices son tuyos. Extraes eternidad de simples momentos. Goza del esplendor escuchando la música y el canto. Y halla grandeza en ser extremadamente humano.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No me basta con leer que las arenas de las playas son suaves; quiero que mis pies desnudos lo sientan&lt;/em&gt;. André Gide&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;63.&lt;/strong&gt; HESSE SOÑÓ E IDEÓ la provincia pedagógica de Castalia. Esbozó y planificó las bases teóricas del Juego de Abalorios. Ambas cosas son realmente maravillosas y excepcionales. Mi realidad se encuentra a miles de kilómetros de distancia de Castalia, pero en mi cobijo reinan y predominan los ideales castalios. Yo me meto en el juego, estoy en el juego y continúo jugando. No cuento con un &lt;em&gt;Magister Musicae&lt;/em&gt; que me aconseje ni me guíe en mis pasos futuros. Hesse mismo es el &lt;em&gt;Magister Musicae&lt;/em&gt; y también el &lt;em&gt;Magister Ludi&lt;/em&gt;. Nosotros apenas estamos en la etapa de la &lt;em&gt;escuela de selección&lt;/em&gt;. O quizás ya fuimos derivados a alguna &lt;em&gt;escuela especial&lt;/em&gt;; si fuera por mí, yo iría a Waldzell. El juego de abalorios, para mí, es como un gran collage. En un collage abundan las asociaciones y las analogías; armar un collage es como preparar una partida del juego de abalorios. Mis estudios libres los dediqué y aún los dedico a armar mi propia historia, mi propia obra literaria. Y así como los anónimos estudiantes de Waldzell podían dedicar su vida entera a elaborar, preparar y escribir una &lt;em&gt;Historia del laúd desde el siglo XV al XVII&lt;/em&gt;, para dar un burdo ejemplo, yo me dedico a elaborar algo así como una &lt;em&gt;Historia de la juventud argentina nacida durante el período de la catástrofe&lt;/em&gt; [&lt;strong&gt;Nota al pie:&lt;/strong&gt; Tiempo después de haber escrito esas palabras, me encuentro con un extenso artículo publicado en una popular revista dominical de gran tirada titulado &lt;em&gt;Futuro imperfecto&lt;/em&gt;, referido a las jóvenes que no estudian ni trabajan. En el artículo abundan los datos estadísticos, pero sólo quisiera señalar algunas palabras de algunos profesionales que escriben en el artículo; por ejemplo, la señora Susana Torrado, socióloga experta en demografía, opina: &lt;em&gt;Si los jóvenes están mal es porque sus padres están mal. Y una gran parte de los chicos que nacieron entre 1975 y 1985 son los que peor la pasaron porque se socializaron en lugares de exclusión. Es una generación de difícil reinserción que en el futuro seguramente ocasionará diferentes formas de conflictividad social&lt;/em&gt;. Otro sociólogo opina: &lt;em&gt;Es duro, pero hay que decirlo: hoy los chicos ni siquiera pueden aspirar a tener un nivel de vida como el que alcanzaron sus padres. Y la mayoría le teme al futuro. No saben si podrán conseguir un buen empleo, o un empleo a secas. No saben si podrán hacerse cargo del sostén de la familia que les toque formar, si podrán ser alguien. Son conscientes de las dificultades que viven sus propios padres, y saben que están ante la última posibilidad de orientar su biografía&lt;/em&gt;. El periodista principal del artículo se pregunta: &lt;em&gt;¿Será el miedo a ahogarse el que los hace quedarse tan quietos?&lt;/em&gt; Finalmente el extenso artículo termina con unas reflexiones inteligentes y optimistas de un filósofo apellidado Rozitchner que vale la pena recalcar: &lt;em&gt;Para que la vida tenga sentido hay que dar la batalla por el propio deseo. Sumergirse en una visión de imposibilidad, es reproducir el mal. Hay que pelear por la felicidad propia. El que no es protagonista de su vida, no logra nada (…) Hay un remedio: curarse de la absurda creencia de que la vida puede no tener dificultades (…) Esa moral de derechos, tan ignorante de la realidad, debe ser reemplazada por una moral del entusiasmo y la acción&lt;/em&gt;.]. Claro que no elaboro esa historia como lo haría un historiador común y corriente, sino que esa historia se desprende de mi extensa autobiografía. Y como yo mismo nací y viví inmerso en la catástrofe no se puede pretender demasiado. Sería como pretender que un cronista que se encuentra en medio de un naufragio reparara en el estilo y en la estructura de su crónica. El pobre náufrago cronista hará lo que pueda, pues el barco en el cual iba a bordo se está hundiendo rápidamente. Eso se llama entender el contexto en el cual surge una obra literaria. Influirá también el hecho aparentemente insignificante de si en el barco hay algún lugar cómodo para escribir o no lo hay, si el cronista viaja en verano o en invierno o en otoño o en primavera, si padece alguna enfermedad o si está sano, etcétera. Hay que tener todo en cuenta, y principalmente el hecho de si el cronista tenía solucionado el problema de su sustento alimenticio o alimentario; si tenía vivienda o no la tenía, si pagaba alquiler o era propietario. Todo esto influye en el estado anímico y emotivo del supuesto cronista. Debemos considerar también la formación intelectual del cronista. Si cursó estudios en alguna institución académica o si no los cursó, si tuvo guías o maestros o si fue autodidacta; si tenía libros a su disposición o si no los tenía. La influencia del contexto, del entorno, del período histórico por el cual atraviesa la nación en la cual el cronista o el escritor habitan, es innegable. No podemos entender y abarcar adecuadamente su obra si desconocemos todo eso. Si nos gusta o no lo que escribe el cronista o el escritor es otro asunto. No hay contexto que justifique a un mal escritor. Hacía días que no escribía. He asimilado demasiada información durante estos días. Exteriorizar todo lo que experimento dentro de mí es una labor realmente extenuante. Iré de a poco; volcaré en el papel algunas conclusiones hoy mismo, y de hecho ya hice algunos comentarios que consideré esenciales. En los días venideros continuaré expulsando y exteriorizando todo el bagaje intelectual que ofusca mi claridad, que me genera cierta pesadez, cierta presión sobre mis sienes, que proyecta una constante niebla en mi vista. A la escritora María Moreno le llevé un &lt;em&gt;paquete literario&lt;/em&gt; que contenía una carta destinada a ella, unos cuantos escritos míos, algunos poemas también míos y le envié en el mismo paquete –que consistía en un sobre grande de papel madera— algunas fotocopias de imágenes relacionadas con la Generación Perdida, y otras, simplemente, eran retratos de escritoras famosas como Virginia Woolf y Katherine Mansfield. Había una fotografía tomada en la famosa librería Shakespeare and Company donde podía verse, y aún se puede si se consigue una copia, a Sylvia Beach junto a James Joyce sentados alrededor de una mesa repleta de papeles y portasellos repletos de sellos. Todavía no tuve noticias de María Moreno. Le entregué el sobre personalmente en la puerta del aula número dos del Colegio La Salle ubicado en la calle Riobamba en la Capital Federal. Ese día me dirigí un tanto nervioso y ansioso al Centro Cultural Ricardo Rojas. Allí me informaron que el taller que dictaba la escritora María Moreno no se estaba dando ahí sino en el Colegio La Salle, y me fui para allí rápidamente pues sólo había una distancia de seis o siete cuadras de un lugar a otro. Pues entonces le entregué el sobre personalmente. Tenía un peso considerable. Adentro había unas quince hojas tamaño carta más las fotocopias con las imágenes más algunos ejemplares de mi revista. He aquí la carta que le entregué adjunta a todo el curioso &lt;em&gt;paquete literario&lt;/em&gt;:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;[Aquí el libro continúa con la carta a María Moreno, que está publicada en la sección de la etiqueta titulada &lt;em&gt;Cartas y mensajes&lt;/em&gt; de este mismo blog.]&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-4529355547881969627?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/4529355547881969627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/4529355547881969627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/fragmentos-en-prosa-inditos.html' title='Fragmentos en prosa inéditos pertenecientes al libro titulado &quot;La Mística del Destino&quot; (2003), de Esteban Costa'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-7914723924992023775</id><published>2007-07-06T20:24:00.000-07:00</published><updated>2007-07-06T20:43:32.143-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Frases seleccionadas del prólogo al libro "La Religión y el Rebelde", de Colin Wilson, un joven iracundo...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No me parecía un paso atrevido definir al Marginal como el síntoma de una civilización en decadencia: los Marginales aparecen como erupciones de una civilización moribunda. Un individuo tiende a ser lo que su contorno hace de él. Si una civilización está espiritualmente enferma, el individuo sufre la misma enfermedad. Si tiene la salud suficiente como para combatir, se convierte en Marginal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En mi caso, la pregunta fundamental que existe detrás de Marginal es: ¿cómo puede el hombre ampliar su esfera de conciencia? Pienso que los seres humanos usufructúan una parte de conciencia tan angosta como las tres notas centrales del teclado de un piano. Que el área posible de los estados mentales es tan ancha como el teclado entero, y que el objetivo fundamental y el trabajo del hombre consisten en extender esa esfera de tres notas a todo el resto. Los hombres a que me referí en &lt;em&gt;El Marginal&lt;/em&gt; tenían en común: un conocimiento instintivo de que su esfera &lt;em&gt;podía&lt;/em&gt; ser ampliada, y una persistente insatisfacción del ámbito de sus experiencias cotidianas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de las personas que conozco, viven ejemplarmente así: trabajando, viajando, comiendo, bebiendo y conversando. El ámbito de la actividad diaria en la civilización moderna levanta un muro alrededor del estado ordinario de conciencia y hace casi imposible mirar más allá. Tal cosa es provocada por las condiciones en que vivimos. Es lo que ocurre en una civilización que siempre hace ruido como una dínamo, y que no proporciona ocio para la paz ni la contemplación. Los hombres comienzan a perder la intuición de &lt;em&gt;modos desconocidos de ser&lt;/em&gt;, esa capacidad de construir que los llevaría a ser algo más que cerdos altamente eficientes. La pérdida de esa capacidad produce un horror contra el que el Marginal se rebela.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una tarde estaba pegando sobres con una esponjita húmeda, cuando un joven que parecía cómodo desempeñándose como mandadero comentó: &lt;em&gt;Destruye el alma, ¿no es así?&lt;/em&gt; Una frase de lugares comunes, pero nunca la había oído antes, y la repetí como una revelación. No destrucción del alma, sino destrucción de la vida; la fuerza vital frenada produce un olor como el agua estancada, y el ser entero se emponzoña.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El aburrimiento, sabía, quería decir no tener lo suficiente que hacer con las propias energías vitales. La respuesta a esto, sencillamente, reside en extender el radio de la conciencia, poner en circulación las emociones y hacer trabajar la inteligencia, hasta que nuevas áreas de conciencia sean incorporadas a la vida, así como la sangre que empieza a circular nuevamente por una pierna que ha estado entumecida. Eso era apenas el punto de partida. Disponer del ocio no es suficiente, el ocio es sólo un concepto negativo: el ancho y despejado terreno donde uno puede edificar casas decentes después de hacer quitado los conventillos. El problema siguiente es empezar a construir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuanto más se combate, mayor caudal de vida es posible. Por eso, para mí, el problema de vivir se resolvía en la cuestión de elegir obstáculos que estimularan mi voluntad. Instantáneamente, reconocí que nuestra civilización va en sentido contrario: toda nuestra cultura y nuestra ciencia están apuntadas a capacitarnos para realizar la menor voluntad posible. Todo se hace fácil y si, después de una semana de rutina oficinesca y de viajar en ómnibus, aún sentimos la necesidad de aplicar un exceso de energía, siempre podemos entretenernos con esos juegos asociados a obstáculos artificiales, donde la voluntad se aplica para derrotar a un equipo de jugadores de cricket, o fútbol, o simplemente a luchar contra la imaginaria Esfinge que inserta las palabras cruzadas en el diario.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando decía que Platón, Goethe y Shaw fueron existencialistas, implicaba que los tres fueron pensadores para los que pensamiento y vida son inseparables. El otro hombre para el cual pensamiento y vida resultan inseparables es el artista; su arte es el resultado del impacto de la vida en su sensibilidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Resumiendo, el existencialista es el artista filósofo, y su medio natural es la &lt;em&gt;Bildungsroman&lt;/em&gt; –novela educativa—; la novela o la obra que se refiere a la maduración de su personaje central a través del impacto de su experiencia. Ejemplos de esto: &lt;em&gt;Wilhelm Meister&lt;/em&gt; de Goethe, &lt;em&gt;Los hermanos Karamazov&lt;/em&gt; de Dostoievski, &lt;em&gt;El proceso de Richard Feverel&lt;/em&gt; de Meredith, &lt;em&gt;La montaña mágica&lt;/em&gt; de Mann, &lt;em&gt;Demian&lt;/em&gt; de Hesse, &lt;em&gt;Los caminos de la libertad&lt;/em&gt; de Sartre, &lt;em&gt;Adiós a las armas&lt;/em&gt; de Hemingway, &lt;em&gt;El retrato&lt;/em&gt; de Joyce, &lt;em&gt;Inmadurez&lt;/em&gt; de Shaw. He citado aquí juntas las mayores y las menores para enfatizar la anchura de esta rama. Déjenme terminar dogmatizando: en el siglo XX, la única forma seria del arte literario es la &lt;em&gt;Bildungsroman&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Imaginación es el poder captar, sin esto el hombre sería un imbécil, sin memoria, sin premeditaciones, sin capacidad de interpretar lo que ve y siente. Cuanto mayor es el poder de captar, más alta es la forma de vida; y en el hombre, el captar se transforma en una facultad consciente, que puede ser denominada imaginación. Si la vida es avanzar hacia estratos más elevados, más allá del mono, más allá del hombre-trabajador e incluso del hombre-artista, esto se produce mediante un mayor desarrollo del poder de captar. El anhelo religioso es la búsqueda de una intensidad de imaginación más grande.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En ese punto comencé &lt;em&gt;El Marginal&lt;/em&gt;. Mi tesis era que la religión comienza con el estímulo del heroísmo reemplazando a la imaginación. Los Marginales de los primeros capítulos eran hombres hambrientos de heroísmo, encallados en una era no-heroica. Su &lt;em&gt;anormalidad&lt;/em&gt; como Marginales residía en sus intentos de fabricar su propio &lt;em&gt;heroísmo&lt;/em&gt;. La queja de Roquentín –&lt;em&gt;La náusea&lt;/em&gt; de Sastre— era: &lt;em&gt;No hay aventura&lt;/em&gt;, e implicaba que esto es verdadero en la civilización moderna.&lt;br /&gt;Traté de demostrar que el ansia por una mayor intensidad de imaginación –de vida— toma la forma de una búsqueda del heroísmo. Este hambre de lo heroico era completamente visible en las vidas de Van Gogh, T. E. Lawrence, Rimbaud, Gauguin. Guido Ruggiero ha llamado a Gauguin y Rimbaud Santos existencialistas, y declaró –con completa precisión— que el existencialismo toma a la vida como una novela de aventuras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nietzsche sabía que el ideal de una &lt;em&gt;paz universal&lt;/em&gt; es un ideal falso; el hombre siempre intentará crear oportunidades para lo heroico. Las guerras del siglo XX son la expresión de una frustración inconsciente. Kierkegaard tenía razón cuando dijo que el aburrimiento es el verdadero mal del mundo. Una religión es el receptáculo de lo heroico, el símbolo de la necesidad del hombre de luchar por la captación. Las guerras mundiales y el fracaso de la religión son compañeros inevitables.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El Marginal debía ser considerado como un fenómeno de la civilización moderna. Se llegaba a esta conclusión: es el síntoma de una civilización en decadencia. Pero, al menos, es un signo de salud.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En cualquier época, la religión más pura está en manos de sus rebeldes espirituales. El siglo XX no es una excepción.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que una civilización llega a un punto crítico, es capaz de crear un hombre mejor. La respuesta exitosa a la crisis &lt;em&gt;depende&lt;/em&gt; de la creación de un nuevo ser. No necesariamente el Superhombre nietzscheano, sino un tipo de hombre con una conciencia más amplia y un sentido de sus propósitos más profundo que nunca. La civilización no puede continuar en el presente embrollo, este desfile de miopes que producen mejores y mejores refrigeradores, pantallas de cine más y más anchas, secando constantemente en los hombres toda vida espiritual. El Marginal es un intento de contrabalancear esta muerte de los propósitos. El desafío es inmediato y exige respuesta a todos los que sean capaces de entenderlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Si nuestra época está al borde de su última decadencia, como la civilización griega en los tiempos de Platón, el Marginal sólo puede observarla con curiosidad científica, y continuar -como Platón- meditando en problemas no tan inmediatos. Este separarse es la básica condición del sobreviviente, un signo de optimismo fundamental:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Todas las cosas caen y son construidas nuevamente.&lt;br /&gt;Y aquellos que otra vez las construyen están contentos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así decía Yeats.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Marginales aparecen como erupciones de una civilización moribunda&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;Colin Wilson&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Todas estas frases fueron extraídas por mí del prólogo al libro titulado &lt;em&gt;La Religión y el Rebelde&lt;/em&gt;, de Colin Wilson, que fue publicado en una antología de prosa de varios escritores preparada por Miguel Grinberg. El libro -la antología- se tituló &lt;em&gt;Visionarios Implacables&lt;/em&gt;, y fue editado por &lt;em&gt;Mutantia&lt;/em&gt; en el año 1994]. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-7914723924992023775?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/7914723924992023775'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/7914723924992023775'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/frases-seleccionadas-del-prlogo-al.html' title='Frases seleccionadas del prólogo al libro &quot;La Religión y el Rebelde&quot;, de Colin Wilson, un joven iracundo...'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-567981527425808712</id><published>2007-07-05T21:07:00.000-07:00</published><updated>2007-07-05T21:21:05.919-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Algunos párrafos interesantes para adentrarnos un poco en la obra del escritor inglés Aldous Leonard Huxley (1894-1963). Tres libros escogidos...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La actual felicidad siempre parece muy menguada en comparación de las compensaciones que brinda la miseria. Y, además, la estabilidad no es ni con mucho tan espectacular como la inestabilidad. Y el estar satisfecho no tiene el encanto de una denodada lucha contra la desgracia, ni el pintoresquismo de una pugna contra la tentación, o de una fatal derrota a manos de la pasión o de la duda. La felicidad nunca es grandiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tuviese un poco de sentido, comprendería que su castigo es en realidad un premio. Le mandan a una isla. Es decir, le mandan a un lugar donde hallará la compañía de los hombres y mujeres más interesantes que podría encontrar en todo el mundo. Cuantas personas que, por una u otra causa, han alcanzado demasiada personalidad para poder adaptarse a la vida en común. Cuantas personas no están conformes con la ortodoxia. Cuantas tienen ideas propias. Cuantas, en una palabra, son alguien. Casi le envidio, míster Watson.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El personaje Mustafá Mond lee un fragmento de un libro a otro personaje:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Envejece el hombre; percibe un sentimiento radical de flaqueza, de cansancio, de malestar, que acompaña al avance de la edad; y, al sentirse así,  se cree enfermo, adormece sus temores pensando que aquel penoso estado se debe a una causa determinada, de la que, cual de una enfermedad, espera curarse. ¡Vanas imaginaciones! La enfermedad es la vejez; y es bien desagradable. Dícese que es el miedo a la muerte y de lo que vendrá después el que vuelve religiosos a los hombres conforme entran en años. Pero mi propia experiencia me ha llevado a la convicción de que, completamente aparte de toda clase de terrores e imaginaciones, el sentimiento religioso tiende a desarrollarse, conforme vamos para viejos, a causa de que, calmadas las pasiones, la imaginación y la sensibilidad menos excitadas y excitables, la razón está menos turbada en sus funciones, menos oscurecida por imágenes, deseos y distracciones que de continuo le absorbían; entonces Dios surge como de detrás de una nube; nuestra alma siente, ve, tiende hacia la fuente de toda luz; natural e inevitablemente; pues ahora que todo cuanto da vida y encanto al mundo de las sensaciones ha comenzado a huir de nosotros; ahora que la existencia fenoménica no está mantenida por las impresiones internas o externas, sentimos la necesidad de apoyarnos sobre algo que permanezca y que no nos engañe, una realidad, una absoluta y eterna verdad. Sí volvemos inevitablemente a Dios, pues este sentimiento religioso es de índole tan pura, tan delicioso para el alma que la experimenta, que nos compensa de todas las demás pérdidas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, a pesar de los pesares -insistió el salvaje-, es natural creer en Dios cuando estamos solos, completamente solos, de noche, pensando en la muerte…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Del libro titulado &lt;em&gt;Un mundo feliz&lt;/em&gt;  (1932)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A medida que el individuo crece, su conocimiento toma una forma más conceptual y sistemática, y su contenido utilitario es enormemente aumentado. Pero estas ganancias se hallan contrapesadas por cierto deterioro en la calidad de la aprehensión inmediata, por un embotamiento y pérdida de poder intuitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si uno mismo no es sabio ni santo, lo mejor que puede hacer, en el campo de la metafísica, es estudiar las obras de los que lo fueron y que, por haber modificado su modo de ser meramente humano, fueron capaces de una clase y una cuantía de conocimiento más que meramente humanas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La naturaleza de la Realidad Una debe conocerse por la clara percepción espiritual de uno mismo; no puede conocerse mediante un &lt;em&gt;pandit&lt;/em&gt; –hombre docto—. Análogamente, la forma de la luna sólo puede conocerse por los ojos de uno mismo, ¿cómo podría conocerse por otro?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pues el lenguaje, como Richard Trench lo señaló hace tiempo, es con frecuencia &lt;em&gt;más sabio, no sólo que el vulgo, sino más sabio que los que lo hablan. A veces encierra verdades que en otro tiempo eran bien conocidas, pero que se han olvidado. En otros casos, contiene los gérmenes de verdades que, aunque no fuesen nunca claramente discernidas, atisbó el genio de sus inventores en un afortunado momento de adivinación.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gran parte del conocimiento más original y provechoso del mundo se realiza por personas de pobre físico y de espíritu todo lo contrario de práctico. A causa de esto y de que el valor del pensamiento puro, sea analítico o integral, ha sido en todas partes más o menos claramente reconocido, toda sociedad civilizada tomaba, y aún toma, medidas para proteger hasta cierto punto a los pensadores de las dificultades y angustias ordinarias de la vida social. La ermita, el monasterio, el colegio, la academia y el laboratorio de investigación; el cuenco del mendigo, las dotaciones, el patrocinio y la concesión de subvenciones públicas; tales son los principales medios que han usado los activos para la conservación de esa rara ave, el contemplativo religioso, filosófico, artístico o científico. En muchas sociedades primitivas las condiciones son duras y no hay excedente de riqueza. El contemplativo nato tiene que arrostrar sin protección la lucha por la existencia y el predominio social. El resultado, en muchos casos, es que muere joven o está tan desesperadamente atareado por sólo mantenerse vivo que no puede dedicar su atención a nada más. Cuando esto ocurra, la filosofía dominante será la del duro, extravertido hombre de acción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La divina Base de toda existencia es un Absoluto espiritual, inefable en términos del pensamiento discursivo, pero –en ciertas circunstancias— susceptible de ser directamente experimentado y advertido por el ser humano. Este Absoluto es el Dios sin forma de la fraseología mística hindú y cristiana. La última finalidad del hombre, la razón final de la existencia humana, es el conocimiento unitivo de la divina Base, el conocimiento que puede llegar tan sólo a los que están decididos a &lt;em&gt;morir para el yo&lt;/em&gt; y de tal modo a hacer sitio, por así decirlo, a Dios. De cualquier generación de hombres y mujeres, muy pocos podrán alcanzar la finalidad última de la existencia humana; pero la oportunidad para llegar al conocimiento unitivo será, de uno u otro modo, continuamente ofrecida hasta que todos los seres sensibles adviertan quiénes son realmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Rusia, la literatura, el arte y la ciencia se han convertido en las tres personas de una nueva Trinidad humanista. Y no está el culto de la Cultura confinado a la Unión Soviética. Es practicado por una mayoría de intelectuales en las democracias capitalistas. Periodistas listos y endurecidos, que escriben sobre todas las demás cosas con el condescendiente cinismo de gente que lo sabe todo acerca de Dios, el Hombre y el Universo, y han descifrado toda la absurda trama, se caen de espaldas de admiración en cuanto le llega el turno a la Cultura. Con un ardor y un entusiasmo que son, en las circunstancias, indeciblemente ridículos, nos invitan a compartir sus emociones, positivamente religiosas, ante el Arte Superior, según se representa en las últimas pinturas murales o centros cívicos, insisten en que mientras Mr. X siga escribiendo sus inimitables novelas y Mr. Y sus críticas más que coleridgianas, el mundo, pese a todas las apariencias en contrario, tiene sentido. La misma sobrevaloración de la cultura, la misma creencia de que el Arte y la literatura son fines en sí mismos y pueden florecer aislados de una razonable y realista filosofía de la vida, han llegado a invadir escuelas y colegios. Entre los educacionistas &lt;em&gt;avanzados&lt;/em&gt; hay mucha gente que parece creer que todo irá bien mientras se permita a los adolescentes &lt;em&gt;expresarse a sí mismos&lt;/em&gt; y se aliente a los niñitos a ser &lt;em&gt;creadores&lt;/em&gt; en la clase de trabajos artísticos. Pero, ¡ay!, la plastilina y la expresión de sí mismo no resolverán el problema de la educación. Tampoco lo resolverán la tecnología y la orientación profesional, ni los clásicos, ni las Cien Obras Maestras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La simplicidad y espontaneidad del sabio perfecto son fruto de la mortificación, mortificación de la voluntad y por el recogimiento y la meditación de la mente. Sólo el artista más altamente disciplinado puede recobrar, en un plano más elevado, la espontaneidad del niño con su primera caja de pinturas. Nada es más difícil que ser sencillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras no son hechos, y todavía menos el Hecho primordial. Si las tomamos con excesiva seriedad, perderemos nuestro camino en un bosque de zarzas enredadoras. Pero si, por el contrario, no las tomamos con bastante seriedad, quedaremos sin darnos cuenta de que hay un camino que se puede perder o una meta a la cual llegar. Si los iluminados no predicaran, no habría salvación para nadie. Pero, como las mentes y lenguajes humanos son lo que son, esta predicación, necesaria e indispensable, está rodeada de peligros. La historia de todas las religiones se parece en un punto importante; algunos de sus fieles son esclarecidos y libertados, porque han sabido reaccionar apropiadamente ante las palabras que los fundadores dejaron caer; otros alcanzan una salvación parcial con una adecuación parcial; otros, en fin, se dañan a sí mismos y a su prójimo reaccionando de un modo totalmente inapropiado, sea haciendo caso omiso de esas palabras, o tomándolas demasiado en serio y tratándolas como si fueran idénticas con el Hecho a que se refieren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la práctica, las palabras son usadas para otros fines que hacer afirmaciones sobre hechos. Muy a menudo se emplean retóricamente, para despertar las pasiones y dirigir la voluntad hacia alguna ruta de acción que se considera deseable. Y también, a veces, son usadas poéticamente; esto es, son usadas de modo tal que, además de hacer una afirmación acerca de cosas y acontecimientos reales o imaginarios, y además de influir retóricamente en la voluntad y las pasiones, hacen que el lector advierta que son bellas. La belleza en el arte o la naturaleza es cuestión de relaciones entre cosas que no son en sí mismas intrínsecamente bellas. No hay nada bello, por ejemplo, en vocablos como &lt;em&gt;tiempo&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;sílaba&lt;/em&gt;; pero cuando se emplean en una frase como &lt;em&gt;hasta la última sílaba del registrado tiempo&lt;/em&gt;, la relación entre el son de las palabras componentes, entre nuestras ideas de las cosas que representan y entre las resonancias de asociación con que cada palabra y la frase toda están cargadas, es aprehendida como bella por intuición directa e inmediata. Sobre el empleo retórico de las palabras no es necesario decir mucho. Hay retórica para buenas causas y retórica para causas malas; retórica que es tolerablemente fiel a los hechos a la vez que conmovedora, y retórica que es inconsciente o premeditadamente una mentira. Aprender a distinguir entre las diferentes clases de retórica es una parte esencial de la moralidad, y la moralidad intelectual es una precondición de la vida espiritual, tan necesaria como lo es el dominio de la voluntad y la vigilancia del corazón y la lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poeta, al amante de la naturaleza, al esteta se le otorgan aprehensiones de la realidad análogas a las concedidas al abnegado contemplativo; pero, por no haberse ocupado en hacerse completamente abnegados, son incapaces de conocer a la belleza divina en su plenitud, tal como es en sí misma. El poeta nace con la capacidad de disponer las palabras de tal modo que algo de la cualidad de las gracias e inspiraciones que ha recibido pueda hacerse sentir a otros seres humanos en los espacios blancos, por así decirlo, que quedan entre sus versos. Es este un grande y precioso don; pero si el poeta se contenta con este don, si persiste en adorar la belleza en el arte y la naturaleza sin ir mas allá haciéndose capaz, por la abnegación, de aprehender la belleza tal como es en la Base divina, entonces es sólo un idólatra. Cierto que su idolatría se halla entre las más elevadas de que los seres humanos son capaces; pero no por ello deja de ser idolatría.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sólo aquellos que manifiestan poseer, aunque sea en pequeña proporción, los frutos del espíritu, pueden persuadir a otros de que la vida del espíritu merece ser vivida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Del libro titulado &lt;em&gt;La filosofía perenne&lt;/em&gt;  (1946)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;-Ahora y aquí, muchachos— repitió el pájaro una vez más, y bajó aleteando de su percha en el árbol muerto y se posó en el hombro de la niña. Ésta peló otra banana, entregó dos tercios a Will y ofreció el resto al mynah.&lt;br /&gt;-¿El pájaro es tuyo?— preguntó Will.&lt;br /&gt;Ella meneó la cabeza.&lt;br /&gt;-Los mynah son como la luz eléctrica— declaró. No pertenecen a nadie.&lt;br /&gt;-¿Por qué dice esas cosas?&lt;br /&gt;-Porque alguien se las enseñó— respondió la chiquilla con paciencia. &lt;em&gt;¡Qué burro!&lt;/em&gt;, parecía insinuar su tono.&lt;br /&gt;-¿Pero por qué le enseñan esas cosas? ¿Por qué &lt;em&gt;Atención&lt;/em&gt;? ¿Por qué &lt;em&gt;Ahora y aquí&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;-Bien…  -Buscó las palabras correctas para explicar lo evidente a ese extraño imbécil—. Eso es lo que uno siempre olvida, ¿no es así? Quiero decir, uno olvida prestar atención a lo que sucede. Y eso equivale a no estar ahora y aquí.&lt;br /&gt;-Y los mynah vuelan de un lado a otro recordándolo… ¿Es eso?&lt;br /&gt;La niña asintió. Por supuesto, era eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo el interrogatorio de la niña, le relató lo que había sucedido. La tormenta, la varadura del bote, la larga pesadilla de la ascensión, las serpientes, el horror de la caída… Comenzó a temblar de nuevo, con más violencia que antes. Mary Sarojini escuchó con atención y sin hacer comentarios. Luego, cuando la voz de él vaciló y finalmente se quebró, se adelantó, y, con el pájaro todavía encaramado en su hombro, se arrodilló junto a él.&lt;br /&gt;-Escucha, Will— dijo, poniéndole una mano en la frente. Tenemos que librarnos de eso. Su tono era profesional y serenamente autoritario.&lt;br /&gt;-Ojalá supiera cómo— respondió él, castañeteando los dientes.&lt;br /&gt;-¿Cómo?— repitió la niña. Pues en la forma acostumbrada, por supuesto. Vuelve a hablarme de esas serpientes, y de cómo te caíste.&lt;br /&gt;-No quiero— dijo él, meneando la cabeza.&lt;br /&gt;-Es claro que no quieres— dijo ella. Pero tienes que hacerlo. Escucha lo que dice el mynah.&lt;br /&gt;-Ahora y aquí, muchachos— continuaba exhortando el pájaro. –Ahora y aquí, muchachos—.&lt;br /&gt;-No puedes estar ahora y aquí –continuó la niña— hasta que te hayas librado de esas serpientes. Díme.&lt;br /&gt;-No quiero, no quiero—. Estaba casi al borde de las lágrimas.&lt;br /&gt;-Entonces jamás te librarás de ellas. Se arrastrarán toda la vida dentro de tu cabeza. Y te lo tendrás merecido—. Agregó Mary Sarojini con severidad.&lt;br /&gt;Él trató de dominar los temblores, pero su cuerpo había dejado de pertenecerle. Algún otro se había hecho cargo de él, alguien malévolamente decidido a humillarlo, a hacerlo sufrir.&lt;br /&gt;-Recuerda lo que sucedía cuando eras niño— le decía Mary Sarojini. ¿Qué hacía tu madre cuando te lastimabas?&lt;br /&gt;Lo tomaba en sus brazos, le decía &lt;em&gt;Mi pobre niño, mi pobre niñito&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;-¿Hacía &lt;em&gt;eso&lt;/em&gt;?— Mary habló con un tono de escandalizado asombro. ¡Pero es espantoso! Es la mejor forma de hacerlo permanente.       &lt;br /&gt;-&lt;em&gt;Mi pobre niñito&lt;/em&gt;— repitió, burlona; debe de haberte seguido doliendo durante horas enteras. Y es seguro que no lo olvidabas nunca.&lt;br /&gt;Will Farnaby no ofreció comentario alguno; permaneció echado en silencio, sacudido por irreprimibles estremecimientos.&lt;br /&gt;-Bueno, si no lo haces tú, lo haré yo en tu lugar. Escucha, Will: había una serpiente, una gran serpiente verde, y tú casi la pisaste. Casi la pisaste, y te dio un susto tan grande, que perdiste el equilibrio y caíste. Y ahora dílo… ¡Dílo!&lt;br /&gt;-Casi la pisé— susurró él obediente. –Y entonces…  -No pudo decirlo.&lt;br /&gt;-Y entonces caí— pronunció al cabo, con voz casi inaudible.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;Del libro titulado &lt;em&gt;La isla&lt;/em&gt;  (1962)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ahora me doy cuenta de que el encanto verdadero de la vida intelectual reside en su facilidad, en la sustitución, por simples esquemas intelectuales, de las complejidades de la realidad (…) Es mucho más fácil saber muchas cosas, por ejemplo, sobre la historia del arte y tener ideas profundas sobre la metafísica y la sociología que conocer personal e intuitivamente a los hombres y tener relaciones satisfactorias con sus amigos, su amante, su mujer o sus hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vida de una época puede ser sintetizada solamente por los poetas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;De fuente desconocida, &lt;br /&gt;citado por André Maurois en el libro titulado &lt;em&gt;Mágicos y lógicos&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aldous Leonard Huxley&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;(1894-1963)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-567981527425808712?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/567981527425808712'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/567981527425808712'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/algunos-prrafos-interesantes-para.html' title='Algunos párrafos interesantes para adentrarnos un poco en la obra del escritor inglés Aldous Leonard Huxley (1894-1963). Tres libros escogidos...'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-7584091870521414947</id><published>2007-07-03T13:43:00.000-07:00</published><updated>2007-07-03T14:20:07.867-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Estudio breve -pero contundente- sobre el Trascendentalismo y sus principales figuras, mentores y protagonistas / PRIMERA ENTREGA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;NOTA INTRODUCTORIA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Estos apuntes sobre el Trascendentalismo resumidos y retocados por mí, los iba a destinar a una o dos clases de un supuesto Taller Literario que iba a dictar sobre el tema, pero me impuse un estudio tan desmesurado de la literatura mundial -movimientos, generaciones, etcétera-, que sólo abarqué el comienzo, y luego lo abandoné, por ende, no hubo Taller, pero sí estudio, eh, eso sí...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los fascículos del CEAL fueron impresos en los primeros años de la década del setenta, y se vendían en toda Latinoamérica. El nivel de los redactores era muy superior, a mi entender, comparándolos con los redactores y narradores de hoy en día de los suplementos culturales de los periódicos o revistas de cultura. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Durante la última dictadura militar en Argentina (1976-1983), los depósitos y archivos y papeles del Centro Editor de América Latina fueron incendiados por los propios militares del Ejército Argentino. El año pasado la Revista de Cultura &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt; publicó en tapa una foto en donde se ve una montaña de libros incendiándose, y alrededor de la montaña los efectivos militares, viendo cómo se quemaba lo mejor de la cultura... &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Trascendentalismo&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Los fragmentos fueron extraídos del Capítulo 21 de La historia de la literatura mundial editada por el Centro Editor de América Latina –CEAL—. Fueron resumidos y retocados por el recopilador para darle coherencia e hilaridad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Contexto histórico, político y económico&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El siglo XIX estadounidense se caracteriza por un creciente proceso de expansión territorial, cuyo corolario económico será la consolidación del sistema capitalista, que durante la segunda mitad del siglo pasa desde la etapa de libre competencia hacia la del capitalismo monopolista (…) Por su parte, el proceso de expansión territorial reconocerá métodos variados: la compra de posesiones a Estados europeos –Florida a España, Louisiana a Francia—; la anexión directa de las tierras habitadas por los pieles rojas, con la consiguiente eliminación de éstos; la mutilación, por medio de la lucha armada, del vecino país de México. Así, al llegar el año 1860, la Unión abarcaba ya treinta Estados. Sin embargo, la situación interna no dejó de mostrar fisuras: cuando se trató de decretar la abolición de la esclavitud, once Estados agrícolas del Sur, dominados por una oligarquía terrateniente que imponía un régimen feudal, fundaron su propia Confederación, separándose de este modo de la Unión. Este enfrentamiento trajo como consecuencia la guerra civil o Guerra de Secesión, que duró cuatro años (1861-1865) y culminó con la victoria del Norte, presidido por Abraham Lincoln, que habría de suprimir la esclavitud. Esta lucha intestina produjo grandes cambios económicos; entre otros, la gradual industrialización del Sur y la división de la propiedad agrícola de sus Estados. Restablecido el poderío económico y la unidad política, el país inició una vertiginosa carrera hacia la riqueza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Situación de la literatura del período&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la literatura estadounidense consigue liberarse de sus tendencias primeras: la ciega imitación o el rechazo ciego de los modelos europeos, logrando así incorporarse, con autenticidad y vigor, al caudal de la literatura mundial. Pero para afianzar su rango internacional, esta literatura debía coadyuvar a la consolidación de ciertas características nacionales: así, por ejemplo, debía apoyarse, a partir de los elementos constitutivos del pasado –elementos teológicos y culturales en general—, en una filosofía que sirviera de base de sustentación a la democracia tal como entonces se la practicaba en los Estados Unidos. Este movimiento teórico, del que prácticamente habría de nutrirse toda la literatura norteamericana de la época, fue el Trascendentalismo, surgido en Nueva Inglaterra entre 1815 y 1836. En este último año se publica &lt;em&gt;Naturaleza&lt;/em&gt;, de Emerson, expresión sistemática, quizá la más representativa del Movimiento Trascendentalista. El Movimiento se expandió como una protesta contra la dependencia cultural de los Estados Unidos respecto de Europa y como un análisis de las bases espirituales y las implicancias morales de la nueva democracia. Los efectos del Movimiento –que alcanzó su culminación en los escritos de Emerson, Thoreau y Alcott e influyó, de una u otra manera, en Hawthorne, Melville y Whitman— fueron profundamente revitalizadores para la literatura y el arte norteamericanos, y lo fueron también para esa misma democracia, cuyos fundamentos se proponía estudiar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Las fuentes de esta doctrina pueden rastrearse en sus diversos orígenes: ciertos aspectos del puritanismo, la ideología igualitaria y humanitarista de la Revolución, la filosofía europea contemporánea –en particular la corriente del idealismo alemán: Fichte, Schelling, Hegel; o espiritualistas como Schleirmacher o Swedenborg—, el neoplatonismo, el misticismo oriental y, notoriamente, el pensamiento de Coleridge y Carlyle.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al puritanismo en su sentido más amplio, el Trascendentalismo debió su moral, su tendencia a subordinarlo todo a los valores éticos. Para el Movimiento Trascendentalista, el hombre –más precisamente, su alma— será el centro espiritual del universo; sólo en él se encuentra la clave de la historia, de la naturaleza y del universo mismo. Esto se manifiesta muy claramente en el principio trascendentalista de que la estructura del universo duplica literalmente la estructura del yo individual [&lt;strong&gt;Nota del recopilador:&lt;/strong&gt; Esta idea hace recordar a otra idea expuesta mucho tiempo antes por Hermes Trismegisto: &lt;em&gt;Como es el macrocosmos es el microcosmos, y como es el microcosmos es el macrocosmos&lt;/em&gt;]. Al mismo tiempo, la virtud y la felicidad individuales dependen de la autorrealización, y ésta, a su vez, depende de la conciliación armónica de dos tendencias psicológicas universales: el impulso expansivo, de trascendencia del yo, y el impulso de autoafirmación personal, el deseo de ser un individuo único. La teoría del yo, expuesta por Colerigde y otros pensadores europeos, fue adoptada por los trascendentalistas para tratar sobre todo de explicar lo que se consideraba el objetivo central y el dilema de la democracia. Esta, en tanto doctrina política y moral, implicaba por un lado una ética individualista extrema, que preservara para el individuo el grado máximo de libertad y autoexpresión. Los integrantes de este movimiento sostenían la creencia de que la verdad suprema se halla en el alma y puede ser descubierta mediante la luz interior. El Trascendentalismo hace de cada cosa el reflejo de una realidad superior. Teodoro Parker (1810-1860), figura destacada del movimiento, afirmaba entre otras cosas: &lt;em&gt;Derribar lo falso, facilitar lo necesario y ordenar lo justo&lt;/em&gt;. Para entender ésta y otras afirmaciones igualmente presuntuosas del Trascendentalismo, habría que insistir en una relación ya apuntada: su carácter de ideología del sistema político-económico entonces vigente, el capitalismo de libre competencia en su período de máximo esplendor, cediendo paso a una tendencia más orgánica y concentracionista –la que luego expresaría a nivel teórico el pragmatismo, la ideología del capitalismo monopolista—. Por el momento, los trascendentalistas se muestran individualistas extremos, muy espiritualistas, aunque defensores a la vez del ímpetu expansivo, del quehacer práctico, aún del comercio –que para Emerson constituye &lt;em&gt;el origen de la libertad&lt;/em&gt;—, optimistas y confiados en el futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;Ralph Waldo Emerson&lt;br /&gt;(1803-1882)&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ensayista y poeta estadounidense, primer autor angloamericano que influyó en el pensamiento europeo. Nació en Boston el 25 de mayo de 1803. Siete antepasados fueron pastores de la iglesia, y su padre, William Emerson, fue pastor de la Iglesia unitaria de Boston. Se graduó en la Universidad de Harvard a los dieciocho años y dio clases en Boston durante los siguientes tres años. Estudió teología en la Harvard Divinity School y en 1829 fue ordenado pastor siguiendo los pasos de su padre. Se casó con Ellen Tucker, que murió diecisiete meses después. En 1832 dimitió de su cargo pastoral tras declarar que había dejado de considerar la comunión como sacramento y no podía continuar administrándola. El día de Navidad de 1832 inició una gira por Europa; en Inglaterra conoció a personalidades literarias como Samuel Taylor Coleridge, Thomas Carlyle y William Wordsworth. Su encuentro con Carlyle fue el comienzo de una larga amistad. Regresó en 1833 y se estableció en Concord, Massachusetts. Empezó a dar clases en la Universidad de Boston. Sus discursos, sobre temas como filosofía de la historia, cultura humana, vida humana y la época actual, estaban basados en material de sus &lt;em&gt;Diarios&lt;/em&gt; –publicados póstumamente de 1909 a 1914—, observaciones y notas que empezó a escribir cuando fue estudiante en Harvard. Su declaración de creyente más detallada la reservó para su primer libro publicado, &lt;em&gt;Naturaleza&lt;/em&gt; (1836), que aunque lo publicó anónimamente, en seguida se supo quién lo había escrito. En su momento el libro no llamó mucho la atención, pero está considerado como su obra más original e importante, en la que brinda la esencia de su poética del Trascendentalismo, que es una síntesis entre la religiosidad puritana y el idealismo romántico. El año siguiente aplicó estas ideas a los problemas culturales e intelectuales en su discurso &lt;em&gt;El estudioso americano&lt;/em&gt;, pronunciado ante la Phi Beta Kappa Society de Harvard. Un segundo discurso, denominado &lt;em&gt;Discurso al College de Divinity&lt;/em&gt; pronunciado en 1838 ante los licenciados del Divinity College de la Universidad de Cambridge, &lt;em&gt;levantó una importante controversia por su ataque a la religión oficial y defensa de la experiencia religiosa intuitiva e independiente&lt;/em&gt;. En su primer libro de &lt;em&gt;Ensayos&lt;/em&gt; (1841) reunió sus conferencias más famosas, entre las que destaca &lt;em&gt;Autoconfianza&lt;/em&gt;, que se convirtió en la base teórica del individualismo democrático. En esa época escribió para &lt;em&gt;The Dial&lt;/em&gt;, el periódico del Trascendentalismo de Nueva Inglaterra, que se fundó en 1840 y se cerró en 1844. En 1846 se publicó su primer libro de &lt;em&gt;Poemas&lt;/em&gt;. Volvió a salir del país en 1847 para dar conferencias en Inglaterra, donde Carlyle le recibió calurosamente. Varios de sus discursos –retratos sobre grandes personajes como Napoleón, Platón o Goethe— se editaron después en &lt;em&gt;Hombres representativos&lt;/em&gt; (1850), una obra que recuerda a &lt;em&gt;Héroes&lt;/em&gt; (1840) de Carlyle. Su viaje por el extranjero le inspiró un brillante libro de viajes titulado &lt;em&gt;Rasgos ingleses&lt;/em&gt; (1856). Sus diarios íntimos ponen de manifiesto su creciente interés por los asuntos nacionales, y a su regreso a los Estados Unidos abogó activamente por la causa abolicionista, pronunciando muchas conferencias en contra de la esclavitud. &lt;em&gt;El sentido de la vida&lt;/em&gt; (1869), que fue el primero de sus libros que tuvo un éxito inmediato, incluye los ensayos &lt;em&gt;Poder&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Riqueza&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Destino&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Cultura&lt;/em&gt;. Después publicó un libro de poemas titulado &lt;em&gt;Día de mayo y otros poemas&lt;/em&gt; (1867). Aunque a partir de entonces escribió poco y su capacidad intelectual declinó, su reputación como escritor se extendió. &lt;em&gt;Sociedad y soledad&lt;/em&gt; (1870) también es una colección de conferencias, y en &lt;em&gt;Parnaso&lt;/em&gt; (1874) reunió sus poemas favoritos. Otras obras son &lt;em&gt;Cartas y objetivos sociales&lt;/em&gt; (1876) e &lt;em&gt;Historia natural del intelecto&lt;/em&gt; (1893). Murió en Concord el 27 de abril de 1882.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*** &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;H. D. Thoreau opina sobre Emerson:&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Emerson posee ciertos talentos inigualados. Nadie expresó con más holgura, precisión y método, lo divino en el hombre. Su influencia personal sobre los jóvenes es más preponderante que la de cualquier otro pensador. En su universo todos serían poetas, reinaría el amor, triunfaría la belleza, el hombre y la naturaleza vivirían armónicamente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;Henry David Thoreau&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Durante la permanencia de Emerson, Concord se convirtió en el centro intelectual de los Estados Unidos; en torno a la revista &lt;em&gt;Dial&lt;/em&gt;, que duró de 1840 a 1844, se reunieron Margarita Fuller Ossoli (1810-1850), apóstol del feminismo en los Estados Unidos, el poeta teósofo Jones Very (1813-1880), el filósofo y pedagogo Amos Bronson Alcott (1799-1888) y otros entusiastas del Trascendentalismo. Durante dos años, fue director de &lt;em&gt;The Dial&lt;/em&gt; Henry David Thoreau (1817-1864), nacido en Concord de una familia de origen francés. Estudió en Harvard y luego trató de ganarse la vida como maestro de escuela y vendiendo lápices, pero al poco tiempo ingresó al círculo de Emerson en la aldea de Concord, viviendo en casa de éste durante mucho tiempo, unidos por una profunda amistad. Thoreau fue el primer hombre que vio a la naturaleza, en el sentido literal usado por Emerson, como una manifestación de la energía universal en la que el hombre desempeña el papel de la inteligencia. Exploró el interior de Massachussetts, remontó los ríos Concord y Merimac, hizo viajes a Meine y a Cape Concord para estudiar los fenómenos de los bosques, las corrientes del agua y la costa marítima. Luego, cuando la doctrina de la naturaleza de Emerson ya resonaba en el aire, y en Concord los trascendentalistas trataban de encontrar la unión con las leyes de la naturaleza, y realizaban sus experimentos sociales, Thoreau se estableció en un bosque cerca de Concord, en las orillas de la laguna Walden, y durante dos años vivió una vida solitaria, basada en un autoabastecimiento casi total. De estos primeros viajes surge &lt;em&gt;Una semana en los ríos Concord y Merimac&lt;/em&gt; (1845) y &lt;em&gt;Walden&lt;/em&gt; (1854), que en realidad corresponde a un breve extracto de sus &lt;em&gt;Diarios&lt;/em&gt;, enorme masa de apuntes, ensayos, descripciones y meditaciones que fueron publicadas en su totalidad sólo póstumamente. &lt;em&gt;Walden&lt;/em&gt; constituye el relato de esos dos años pasados en plena naturaleza con todo lo que esto implica, incluyendo los esfuerzos de tipo práctico necesarios para sobrevivir. Puede también considerarse como el testimonio de la demostración experimental de una teoría: que la vida puede vivirse en un medio menos complejo, atestado y placentero que el habitual. Las observaciones filosóficas de que está salpicado el libro pueden considerarse como fruto principal del experimento. Estas observaciones son, más que adhesiones al Trascendentalismo, observaciones de carácter individual. El mérito principal de &lt;em&gt;Walden&lt;/em&gt; lo constituyen sus descripciones de la naturaleza, llenas de autenticidad y de primitiva belleza.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Defensor de la abolición de la esclavitud, Thoreau produjo tres ensayos acerca del tema: &lt;em&gt;Desobediencia civil&lt;/em&gt; (1849), &lt;em&gt;La esclavitud en Massachussetts&lt;/em&gt; (1854) y &lt;em&gt;La defensa del capitán John Brown&lt;/em&gt; (1859), valerosos y hasta violentos. En general, sin embargo, su actitud con respecto al gobierno, así como a toda empresa social que implicara cooperación, era de no participación. La crítica social de Thoreau apunta, sobre todo, al excesivo empleo de tiempo y energía pagado como tributo al desarrollo industrial y a la acumulación de riquezas. Thoreau amaba, sin embargo, ese desarrollo y esas riquezas, pero insistía en que el precio que se pagaba por ellas era demasiado elevado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Otros escritores del período&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;Nathaniel Hawthorne&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entre los años 1840 y 1860, es la voz profética de Emerson la que dirige indiscutiblemente el movimiento cultural de los Estados Unidos. Desde luego, no un creador sino más bien un teorizador, su &lt;em&gt;hombre que piensa&lt;/em&gt;, su &lt;em&gt;confianza en sí mismo&lt;/em&gt;, van delimitando un panorama y marcando huellas que luego otros seguirán. Muy cerca suyo, en la misma Concord, vivirá un creador que, repudiando el Trascendentalismo y el experimento social de Brooks Farm, del cual será en un momento esperanzado partícipe, se referirá siempre con ironía a este movimiento y no buscará ya un derrotero para conducir a su país, sino que, recogiendo la pesada herencia del puritanismo, la elaborará para dotar a éste de una conciencia moral, no visionaria y proyectada hacia el futuro, sino introspectiva y angustiada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nathaniel Hawthorne nace en 1804 en la antigua ciudad de Salem, Massachussetts, viejo centro y capital del puritanismo de Nueva Inglaterra. A los diecisiete años ingresa en la Universidad de Maine, donde conoce a Longfellow y a Franklin Pierce, el futuro presidente de los Estados Unidos. Tras su graduación, Hawthorne debió dedicarse a gran número de tareas para ganarse la vida. Solitario por hábito y por inclinación, vivió retraído durante toda su vida, salvo el intervalo que, en 1841, lo llevó a establecerse en la comunidad de Brooks Farm, que habían fundado los adeptos al Trascendentalismo en Massachussetts, y cuyos esfuerzos eran observados con ironía y escepticismo por los propios Emerson y Thoreau. De esta experiencia volvió Hawthorne decepcionado, convencido de que el Trascendentalismo era una abstracción imposible. &lt;em&gt;Nunca&lt;/em&gt; –escribiría después— &lt;em&gt;fue infestada una pobre aldea campesina de tal variedad de estrafalarios seres extrañamente vestidos y que se conducían de manera rara, la gran mayoría de los cuales había asumido el papel de instrumentos importantes del destino del mundo, si bien eran, simplemente, unos grandísimos majaderos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En 1828 publica su primera novela, &lt;em&gt;Fanshawe&lt;/em&gt;. La obra pasó prácticamente inadvertida. Entre tanto, Hawthorne realiza otros trabajos editoriales para sobrevivir escribiendo diversos libros para niños. Alterna estas tareas con un empleo que obtiene más adelante en la Aduana. Su segunda novela, &lt;em&gt;La letra escarlata&lt;/em&gt;, pertenece a 1850, y &lt;em&gt;La casa de los siete tejados&lt;/em&gt; al siguiente, y es durante esos años cuando, durante su estadía en las montañas de Berkshire, se desarrolla su amistad con Melville. &lt;em&gt;El romance de Blithedale&lt;/em&gt;, novela que relata su experiencia en Brooks Farm, es de 1852, y ese mismo año, como recompensa por haber escrito una biografía propagandística para la campaña política de su amigo Franklin Pierce, Hawthorne es enviado a &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Liverpool en calidad de cónsul.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Nuestra vieja casa&lt;/em&gt;, que contiene agudas observaciones sobre su estadía en Inglaterra es de 1863, y &lt;em&gt;El fauno de mármol&lt;/em&gt;, novela ambientada en Italia, es de 1860. Dos son los elementos fundamentales de la vida de Hawthorne que contribuyen con mayor intensidad a plasmar las preocupaciones, la temática, la atmósfera de sus creaciones literarias: la impronta indeleble de su marcada herencia puritana, el aislamiento y la retracción impuestas por su vida familiar y su propio carácter. De la primera, devendrá su obsesión, reflejada en toda su obra, por el problema del mal. La segunda será la que, apartándolo de la vida le permitirá una intensa elaboración introspectiva de estas obsesiones, pero también la que lo llevará a decir, algo tristemente, a su amigo Longfellow: &lt;em&gt;En virtud de uno u otro sortilegio –pues realmente no puedo atribuirle ningún por qué y por lo cual razonable— he sido apartado de la corriente principal de la vida, y hallo imposible volver a ella… Me he alejado de la sociedad, y, no obstante, nunca me propuse tal cosa... He hecho de mí un cautivo, y me he metido en un calabozo, y ahora no puedo encontrar la llave para salir de él… No hay en este mundo destino tan horrible como no participar en sus alegrías y penas. Durante los últimos diez años no he vivido, sino sólo soñado con la vida.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La preocupación central de Hawthorne será, pues, el problema del pecado, la inevitabilidad del mal y la consecuente culpabilidad del hombre. Esta preocupación aparecerá en todas sus obras, ya sea en aquellas que recreen la atmósfera marcadamente puritana de la primitiva Nueva Inglaterra, como en las de atmósfera contemporánea.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ningún escritor, sin haberlo intentado él mismo, puede concebir cuáles son las dificultades que entraña escribir una novela acerca de un país cuando no existen sombras, ni antigüedad, ni misterio, ni tenebroso mal, ni nada sino una vulgar prosperidad, a la luz del sol, tal como, felizmente, es el caso de mi querida tierra natal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que aísla, condena; todo lo que asocia, salva.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Nathaniel Hawthorne&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras obras del autor: &lt;em&gt;Septemius Felton&lt;/em&gt; (1872); &lt;em&gt;El romance de Dolliver&lt;/em&gt; (1876); &lt;em&gt;El secreto del doctor Grimshawe&lt;/em&gt; (1883); &lt;em&gt;La pisada central&lt;/em&gt; (1870). &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-7584091870521414947?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/7584091870521414947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/7584091870521414947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/estudio-breve-pero-contundente-sobre-el.html' title='Estudio breve -pero contundente- sobre el Trascendentalismo y sus principales figuras, mentores y protagonistas / PRIMERA ENTREGA'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-488851063853258638</id><published>2007-07-02T20:39:00.000-07:00</published><updated>2007-07-02T21:08:19.737-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Algunos párrafos narrativos para recordar a Henry Miller, un escritor surgido del barrio de Brooklyn...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;NOTA INTRODUCTORIA &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;por El Corresponsal:&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Si tuviera que preparar una antología de fragmentos narrativos de la obra de Miller, no elegiría precisamente éstos que ahora entrego, pero resulta que estos eran los que ya estaban tipeados, y los mejores, a mi entender, no los tengo tipeados, sino subrayados en los libros; sólo faltaría trasladarlos a la máquina, pero con estos fragmentos se puede ir tirando... Y de paso lo recordamos y lo traemos al presente, para todos, en las páginas de &lt;em&gt;El Contemporáneo&lt;/em&gt;...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por qué voy a trabajar, qué voy a hacer esta noche, escapa y hazte vaquero, prueba la suerte en Alaska, las minas de oro, apéate y da la vuelta, no te mueras todavía, espera un día más, un golpe de suerte, el río, acaba con todo de una vez, hacia abajo, hacia abajo, como un sacacorchos, la cabeza y los hombros en el fango, las piernas libres, los peces vendrán a morder, mañana una vida nueva, dónde, en cualquier parte, por qué empezar de nuevo, en todas partes lo mismo, la muerte es la solución, pero no te mueras todavía, espera un día más, un golpe de suerte, una cara nueva, un nuevo amigo, millones de oportunidades, eres muy joven todavía, estás melancólico, no mueras todavía, espera un día más, un golpe de suerte…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Iba caminando por un bosque de piedra cuyo centro era el caos, bailaba o bebía hasta atontarme, o hacía el amor, o ayudaba a alguien, o planeaba una nueva vida, pero todo era caos, todo piedra, y todo irremediable y desconcertante. Hasta el momento en que encontrara una fuerza suficientemente grande como para sacarme como un torbellino de aquel demencial bosque de piedra, ninguna vida sería posible para mí ni podría escribirse una sola página que tuviera sentido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sentía lástima de la raza humana, de la estupidez del hombre y de su falta de imaginación (…) Todas aquellas malditas casas, una tras otra, todas, y todas tan vacías y tan tristes. Magníficos adoquines bajo los pies y asfalto en la calzada y escaleras de una elegancia bella y horrenda para subir a las casas, y sin embargo, un tipo podía caminar de un lado para otro todo el día y toda la noche sobre esos costosos materiales y estar buscando un mendrugo de pan. Eso era lo que me mataba. Su incongruencia. Si por lo menos pudiera uno salir con una campanilla y gritar: &lt;em&gt;Escuchen, escuchen, señores, soy un tipo hambriento. ¿Quién quiere que le lustren los zapatos? ¿Quién quiere que le saquen la basura? ¿Quién quiere que le limpien las tuberías?&lt;/em&gt; Si por los menos pudieses salir a la calle y expresárselos así de claro. Pero no, no te atreves a abrir el pico. Si le dices a un tipo en la calle que estás hambriento, le das un susto de muerte y corre como alma que lleva el diablo. Eso es algo que nunca he entendido. Y sigo sin entenderlo. Todo es tan sencillo: basta con que digas &lt;em&gt;Sí&lt;/em&gt;, cuando alguien se te acerque. Y si no puedes decir &lt;em&gt;Sí&lt;/em&gt;, cógelo del brazo y pide a algún otro tipo que te ayude. La razón por la que tienes que ponerte un uniforme y matar a un hombre que no conoces, simplemente para conseguir un mendrugo de pan, es un misterio para mí. En eso es en lo que pienso, más que en la boca que se lo traga o en lo que cuesta. ¿Por qué cojones ha de importarme lo que cuesta una cosa? Estoy aquí para vivir, no para calcular…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nos encontramos en la misma playa ante el mismo océano poderoso. Ahí está… &lt;em&gt;in perpetuum&lt;/em&gt;. Tanto en un capullo roto, en el estruendo de una catarata, en la caída en picada de un ave sobre una carroña, como en la atronadora artillería del profeta. Nos movemos con los ojos cerrados y los oídos tapados: derribamos muros en los que hay puertas que esperan ser abiertas al tacto; buscamos a tientas escaleras, olvidando que tenemos alas; rezamos como si Dios estuviera sordo y ciego, como si estuviese en un espacio. No es de extrañar que no reconozcamos a los ángeles que andan entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Deseaba algo de la tierra que no fuera producto del hombre, algo absolutamente separado de lo humano, de lo cual estaba harto. Deseaba algo puramente terrestre y absolutamente despojado de idea. Quería sentir la sangre corriendo de nuevo por mis venas, aún a costa de la aniquilación. Quería expulsar la piedra y la luz de mi organismo. Deseaba la oscura fecundidad de la naturaleza, el profundo pozo de la matriz, el silencio, o bien los lamidos de las negras aguas de la muerte. Quería ser esa noche que el ojo despiadado iluminaba, una noche esmaltada de estrellas y colas de cometas. Pertenecer a la noche, tan espantosamente silenciosa, tan absolutamente incomprensible y elocuente al mismo tiempo. No volver a hablar ni a oír ni a pensar nunca más (…) Verme desintegrado, despojado de la luz y de la piedra, variable como una molécula, duradero como el átomo, despiadado como la propia tierra…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde mi puestito en Sunset Place, podía observar a vista de pájaro toda la sociedad americana. Era como una página de la guía de teléfonos. Alfabética, numérica, estadísticamente, tenía sentido. Pero cuando la mirabas de cerca, cuando examinabas las páginas por separado, o las partes por separado, cuando examinabas a un solo individuo y lo que lo constituía, el aire que respiraba, la vida que llevaba, los riesgos que corría, veías algo tan inmundo y degradante, tan bajo, tan miserable, tan absolutamente desesperante y sin sentido, que era peor que mirar dentro de un volcán.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mantener la mente vacía es una proeza, una proeza muy saludable. Estar en silencio todo el día, no ver ningún periódico, no oír ninguna radio, no escuchar ningún chisme, abandonarse absoluta y completamente a la pereza, estar absoluta y completamente indiferente al destino del mundo, es la más hermosa medicina que uno puede tomar. Poco a poco se suelta la cultura libresca, los problemas se funden y se disuelven, los ligámenes se rompen; el pensamiento, cuando uno se digna entregarse a él, se hace muy primitivo; el cuerpo se transforma en un nuevo y maravilloso instrumento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El esfuerzo por eliminar los aspectos &lt;em&gt;repulsivos&lt;/em&gt; de la existencia, que es la obsesión de los moralistas, no sólo es absurdo sino también fútil. Acaso uno logre reprimir feos pensamientos y deseos, impulsos &lt;em&gt;pecaminosos&lt;/em&gt;, pero los resultados son patentemente catastróficos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Estos fragmentos en prosa pertenecen a las novelas &lt;em&gt;Trópico de Cáncer&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Trópico de Capricornio&lt;/em&gt;, de Henry Miller, y fueron publicadas como complemento a un artículo biográfico sobre el autor estadounidense en la revista &lt;em&gt;Aquí y Ahora&lt;/em&gt; Nº 1, de junio de 2002 .]&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-488851063853258638?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/488851063853258638'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/488851063853258638'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/algunos-prrafos-narrativos-para.html' title='Algunos párrafos narrativos para recordar a Henry Miller, un escritor surgido del barrio de Brooklyn...'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-8427864907868721530</id><published>2007-07-01T12:04:00.000-07:00</published><updated>2007-07-01T12:28:37.470-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Fragmentos autobiográficos en prosa de una novela de Jack Kerouac que ya no se consigue... "Ángeles de Desolación"   -"Desolation Angels"-</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi vida es un vasto poema épico sin consecuencias, con mil millones de personajes…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Canoa, remo, lago a la luz de la luna, lobo en la colina, flor, pérdida. Montón de leña, silo, caballo, raíl, verja muchacho tierra. Lámparas de aceite, cocina, granja, manzanas, peras, casas encantadas, pinos, viento, medianoche, viejas mantas, desván, polvo. Valla, hierba, tronco de árbol, sendero, viejas flores mustias, viejas cascarillas de maíz, luna, trocitos de nube coloreada, luces, almacenes, calle, pies, zapatos, voces, ventanas, escaparates, puertas abriéndose y cerrándose, ropas, calor, azúcar, frío, excitación, misterio…&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y ahora, tras la experiencia en la cumbre de la montaña, donde estuve solo durante dos meses sin que ningún ser humano me interrogara o mirara y donde empecé mi completo cambio de actitud respecto a mis sentimientos en la vida, ahora deseaba una reproducción de aquella paz absoluta en el mundo de la sociedad, pero estaba secretamente ansioso de algunos de los placeres de la sociedad –tales como espectáculos, sexo, comodidades, manjares delicados y bebidas—, pues no hay cosas tales en un monte. Ahora sabía que mi vida era una búsqueda de paz como artista, pero no sólo como artista. Como hombre contemplativo más bien que muy activo, en el antiguo sentido chino Tao del &lt;em&gt;No Hacer Nada&lt;/em&gt; (Wu Wei), que es en sí mismo una forma de vida más bella que ninguna otra, una especie de fervor claustral en medio de una loca algarabía de buscadores de acción de esta clase o aquella en un &lt;em&gt;mundo moderno&lt;/em&gt;. Había que demostrar que yo era capaz de &lt;em&gt;no hacer nada&lt;/em&gt; aún en medio de la más ruidosa sociedad a que llegara después de descender del monte, del Estado de Washington a San Francisco, como ya se ha visto, donde pasé aquella semana de &lt;em&gt;carruseles&lt;/em&gt; de borracheras –como dijo Cody una vez— con los ángeles de desolación, los poetas y los representantes del Renacimiento de San Francisco. Una semana, y no más, tras la cual –con una enorme resaca y, claro está, algunas dudas—, aguardé al mercancías que se dirigía a L.A., y puse rumbo hacia el Antiguo México y hacia una nueva clase de soledad en una chabola de la ciudad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es bastante sencillo comprender que como artista necesito soledad y una especie de filosofía del &lt;em&gt;no hacer nada&lt;/em&gt; que me permita soñar todo el día e hilar capítulos en olvidados ensueños que emergen años después en forma de narración. A este respecto, es imposible, puesto que es imposible que todos sean artistas, recomendar mi forma de vivir como una filosofía adecuada para todos los demás. Respecto a esto, soy un viejo ser extraño, como Rembrandt. Rembrandt era capaz de pintar a sus atareados burgueses mientras posaban, tras la comida, pero a medianoche mientras aquellos dormían para descansar y prepararse para un nuevo día de trabajo, el Viejo Rembrandt estaba levantado en su estudio poniendo sobre sus lienzos ligeras pinceladas de oscuridad. Los burgueses no esperaban de Rembrandt que fuera otra cosa sino un pintor, y por ello no iban a llamar a su puerta a medianoche a preguntar &lt;em&gt;¿Por qué vivís así, Rembrandt? ¿Por qué estáis solo esta noche? ¿Qué soñáis?&lt;/em&gt; Y no esperaban que Rembrandt diera media vuelta y les contestara: &lt;em&gt;Debéis vivir como yo, en la filosofía de la soledad, no hay otra forma&lt;/em&gt;. Así, del mismo modo, estaba yo a la búsqueda de una tranquila forma de vida dedicada a la contemplación y a las delicias de ella, por causa de mi arte –en mi caso, prosa, cuentos, divagaciones narrativas de lo que veía y cómo lo veía—, pero también busqué esto como una forma de vida, es decir, para contemplar el mundo desde el punto de vista de la soledad, y para meditar acerca del mundo sin embrollarme en sus acciones, que ya se han hecho para estas fechas, famosas por sus horrores y abominaciones. Deseaba ser un hombre del Tao, que mira las nubes y deja que la historia se enfurezca bajo él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Echadme otra mirada para comprender mejor la historia (ahora estoy emborrachándome): soy hijo de una viuda que en este momento está viviendo con parientes, sin un céntimo. Cuanto poseo es la paga de este verano como atalayero de un monte convertida en lamentables cheques de viajero de cinco dólares, y la grande y abultada mochila llena de jerseys viejos y paquetes de cacahuetes y uvas en lata en caso de encontrarme muriéndome de hambre y todas esas cosas de los vagabundos. Tengo treinta y cuatro años, de aspecto regular, pero con los vaqueros y estrambóticas ropas la gente teme mirarme porque parezco realmente un fugado de algún centro mental con la suficiente fuerza física y un innato sentido perruno para evadirme de una institución tal, alimentarme e ir de acá para allá en un mundo que cada vez va haciéndose más pequeño en sus ideas sobre la excentricidad. Caminando por ciudades del centro de América conseguí que me contemplaran con asombro. Tenía que vivir a mi modo. La expresión &lt;em&gt;inconformismo&lt;/em&gt; era algo que había oído vagamente en alguna parte (¿Adler? ¿Erich Fromm?) Pero estaba decidido a estar contento. Dostoievski decía: &lt;em&gt;Dad a un hombre su Utopía y la destruirá deliberadamente con una sonrisa&lt;/em&gt;, y yo estaba decidido, con la misma sonrisa ¡a &lt;em&gt;desmentir&lt;/em&gt; a Dostoievski! También era yo un notorio alcoholizado que explotaba donde se emborrachara. Mis amigos de San Francisco decían que era un lunático Zen, al menos un Lunático Borracho, pero así y todo se sentaban conmigo a la luz de la luna en los prados a cantar y beber. A la edad de veintiún años me echaron de la Marina por &lt;em&gt;personalidad esquizoide&lt;/em&gt; tras decir a los doctores que no podía soportar la disciplina. Ni yo mismo puedo entender cómo explicarme. Cuando mis libros se hicieron famosos –Generación Beat— y los entrevistadores intentaban hacerme preguntas, yo les contestaba todo lo que se me ocurría. No tenía valor para decirles que me dejaran en paz, o como Dave Wain diría más tarde –un gran tipo del Gran Sur—: &lt;em&gt;diles que estás ocupado entrevistándote tú mismo&lt;/em&gt;. Clínicamente, en el momento de comenzar esta historia, en el tejado de encima de Gaines, yo era un Paranoico Ambicioso. Nada podía evitar que escribiera gruesos volúmenes de prosa y poesía de balde, es decir, sin esperanza alguna de que fueran jamás publicados. Sencillamente, los escribía porque era un &lt;em&gt;Idealista&lt;/em&gt; y creía en la &lt;em&gt;Vida&lt;/em&gt; y tenía que justificarla con mis más serios garabatos. Cosa curiosa, esos garabatos fueron los primeros de su clase en el mundo, yo estaba originando (¿sin saberlo, decís?) una nueva forma de escribir acerca de la vida, sin ficción, sin estilo, sin conclusiones revisadas, la desgarradora disciplina de la verdadera prueba de fuego de donde uno no puede volverse atrás, si se ha hecho el voto de &lt;em&gt;habla ahora o contén tu lengua para siempre&lt;/em&gt;, y toda aquella inocente y lanzada confesión, la disciplina de hacer de la mente la esclava de la lengua, sin posibilidad de mentir o reelaborar (…) Escribí aquellos manuscritos como escribo éste, en baratos cuadernillos a la luz de la vela en la pobreza y la fama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi vida es un vasto poema épico sin consecuencias, con mil millones de personajes, aquí llegan todos, tan suavemente como giramos hacia el este, tan suavemente como la tierra gira hacia el este. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Todos estos fragmentos en prosa pertenecen al libro titulado &lt;em&gt;Ángeles de Desolación&lt;/em&gt; de Jack Kerouac, editado en idioma español por Biblioteca Universal Caralt en la década del setenta. Fueron publicados, también, en la &lt;em&gt;Aquí y Ahora&lt;/em&gt; Nº 3 de septiembre de 2002, que era una revista de distribución gratuita dedicada mayormente a la literatura. La tirada era de 1000 -mil- ejemplares.] &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-8427864907868721530?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/8427864907868721530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/8427864907868721530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/07/fragmentos-autobiogrficos-en-prosa-de.html' title='Fragmentos autobiográficos en prosa de una novela de Jack Kerouac que ya no se consigue... &quot;Ángeles de Desolación&quot;   -&quot;Desolation Angels&quot;-'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-3251126813692066280</id><published>2007-06-30T12:45:00.000-07:00</published><updated>2007-06-30T13:34:01.295-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Cartas y mensajes'/><title type='text'>Cuatro cartas a personalidades reconocidas o medianamente reconocidas del ambiente literario, periodístico y cultural local</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;NOTA INTRODUCTORIA:&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sábado 30 de junio de 2007&lt;br /&gt;(Por la tarde)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Publico estas cuatro cartas o mensajes ya enviados en años pasados más como una curiosidad que como otra cosa. Hay que tener en cuenta que uno se va transformando conforme avanza el tiempo; las ideas y creencias pueden cambiar, y también las actitudes. La carta a Miguel Grinberg no fue respondida -y quizás con razón y fundamento, por mi insolencia, si se quiere-,&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;la de María Moreno, que se la entregué personalmente, tampoco fue respondida, y el mensaje dirigido a Juan Bedoian tampoco fue respondido. En cambio, con Beltrán Gambier intercambié unos cuantos mensajes o cartas por correo electrónico, pero para mala suerte mía, no he guardado nada de todo eso, salvo este primer mensaje. Él había aceptado que yo colaborara para &lt;em&gt;Intramuros&lt;/em&gt;, pero me pedía un tema muy exclusivo, una investigación profunda sobre un escritor o artista argentino que hubiese vivido, también, mucho tiempo en España. Y yo le había ofrecido varios temas posibles, pero no le interesaron, así que no supe cubrir sus expectativas sobre esa personalidad que no pude encontrar. De todos modos, ha sido muy respetuoso el señor Gambier y todo ha terminado correctamente, sin sobresaltos verbales y escritos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Presentar este tipo de material también es mostrar a alguien la &lt;em&gt;trastienda &lt;/em&gt;de la vida de los escritores o periodistas -o lo que fuese- cuando se ponen a buscar a un editor, que suele ser una búsqueda incansable y casi interminable. También es mostrar la indiferencia con que suele encontrarse uno casi siempre. Los medianamente reconocidos &lt;em&gt;ningunean&lt;/em&gt; a los nada conocidos. Y los nada conocidos tienen que intentar caerle bien a todo el mundo para que le publiquen algo en algún lado; así lo veo yo. Todos los escritores conocidos fueron, en algún momento, escritores &lt;em&gt;desconocidos. &lt;/em&gt;Y alguien -editor, director de periódicos o revistas-, en algún momento, decidió publicar algo de su obra, por instinto, por intuición o por algo. Si los que tienen los medios y los recursos para publicar le cierran la puerta a todos los escritores o narradores nuevos, ¿qué camino puede haber para todos esos, o para todos nosotros? Quizás pueda ser el que muchos siguen en la actualidad; la Prensa Alternativa y la edición independiente; puede ser. Con estas cartas muestro mi propio camino, lo que me pasó y me pasa a mí. Y así, de ese modo, junto cartas sin respuestas... Y hoy, muy tranquilo, desde mi pieza, le hago conocer al que quiera conocer, lo que a mí me ha pasado, y además, creo, las cartas pueden tener cierto valor literario como para divertirnos un rato... Adieu. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;A Miguel Grinberg&lt;br /&gt;Periodista, poeta, escritor, investigador, traductor y editor&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;(Por correo electrónico)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fines del año 2001&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Último mensaje de mi parte&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Miguel: Te escribo esta carta desde mi habitación a las siete menos cuarto de la mañana de un día martes. Y no puedo dormirme porque ando con ganas de decirle a las personas allegadas a mí todo lo que verdaderamente siento. Acabo de descubrir más que nunca la hipocresía de la mentira, y yo en cierto sentido fui hipócrita con vos, pues no te dije la completa verdad que es la siguiente. Que te admiré como a pocos hombres es verdad, que leí tus revistas con placer es verdad, que leí uno de tus libros –&lt;em&gt;La generación de la paz&lt;/em&gt;, si no me equivoco de título— con gusto, también es verdad, que me impulsaste a hacer muchas cosas también es verdad y que fuiste mi ejemplo también es verdad. Y hablo en pasado porque ya no lo eres, no actuaste según las ideas que proclamabas, podrías haberme dicho a los pocos días de haberte llegado mi material: &lt;em&gt;Llegó, está muy lindo todo&lt;/em&gt;, aunque no lo sintieras, y yo habría quedado levemente satisfecho. En lo que te mentí fue en mis verdaderas intenciones. Yo quería que leyeras mis libros no únicamente para darme tu opinión, sino que pensé que te iban a gustar –por la similitud en nuestras ideas— y me podrías contactar con algún conocido tuyo para publicar algo mío en algún lugar; de todos modos creo que te lo di a entender, y creo que lo habrás entendido ya que sos un hombre inteligente. No quería simplemente tu opinión, ¿en qué modifica tu opinión el destino de mis obras? Y en el caso de que vos las criticaras negativamente, ¿vos creés que yo me detendría por ese motivo en la búsqueda de un editor? Pienso que intuís que no. Si no querés leerlas no las leas, además, lo hecho, hecho está. Te pido disculpas por no haberte dicho la completa verdad en mis intenciones, pero ahora ya te las esclarecí. Sólo eso pedía: &lt;em&gt;Ya llegaron, está muy lindo todo&lt;/em&gt;. Y no podría haberte reprochado nada. Pero me parece que no actuaste según las ideas plasmadas en las editoriales de las &lt;em&gt;Mutantia&lt;/em&gt;. Cuando a mí, como director de &lt;em&gt;Trascender&lt;/em&gt; –revista mucho menos importante que &lt;em&gt;Mutantia&lt;/em&gt;— me daban libros de poesía para leer –jóvenes poetas que me pedían mi opinión— yo leí sus libros siempre, y siempre les hice algún comentario, y siempre traté de ser lo más sincero posible en esos comentarios. ¡Y he leído libros densos y difíciles de terminar! Pero yo sentía que era mi obligación, porque desde la revista alentaba la participación, el contacto entre artistas y muchas cosas que vos conocés mejor que yo. Y entonces, ¿cómo no iba a leer esos libros que me daban? Fue siempre un elogio para mí ese gesto. No fueron muchos –cuatro o cinco— los libros recibidos, pero los he leído a todos y las cartas que me enviaban desde luego que las he respondido en mi DEBER. Esto es lo último que te escribo, &lt;em&gt;y no te molesto más&lt;/em&gt;, ya que pareció molestarte mi gesto. Hacé lo que quieras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Un gusto, Miguel Grinberg, pero perdiste la confianza de uno de tus más fieles seguidores y defensores, y uno de los que han promovido tu nombre como ejemplo en ámbitos artísticos, como los cafés literarios que yo mismo hacía. &lt;em&gt;¿Quién es Miguel Grinberg?&lt;/em&gt;, me preguntaban los jóvenes concurrentes, y yo les explicaba gustoso y les mostraba tu revista y les contaba lo importante que fuiste en la Contracultura en América del Sur, y muchas cosas más qué sé sobre tu vida. Pero parte de mi ilusión se ha desmoronado, espero que no caiga completamente. Te sigo admirando, Miguel, por lo que fuiste, dudo de que seas el mismo, sino hubieses actuado de otra manera. Si te ofendí en algún momento, te pido sinceras disculpas, jamás sería mi intención ésa, pero he decidido en mi vida no ser más hipócrita, y eso es decirles a todos todo lo que pienso sobre ellos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Suerte en tu vida&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esteban Costa&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;A María Moreno&lt;br /&gt;Escritora, periodista y docente&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;(Carta manuscrita entregada personalmente)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sábado 30 de agosto de 2003&lt;br /&gt;(Por la tarde)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;María Moreno:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llegó el momento de que le escriba la carta o el mensaje que adjuntaré a los escritos que imprimiré y le llevaré personalmente al Centro Cultural Ricardo Rojas. Sé que mi nombre a usted no le será nada familiar, pero el suyo para mí, y desde hace unos cuantos días, sí que lo es. Soy amigo de Gustavo Arauco, y recién lo llamé por teléfono para corroborar su apellido y le comenté que le iba a llevar a usted unos escritos y me dijo: &lt;em&gt;No creo que se acuerde&lt;/em&gt;. Y yo pienso que me lo dijo porque no le gusta nada la idea de que yo me acerque a usted con mis cosas. No sé bien por qué motivo no le gusta la idea, pero a mí sí que me gusta. Él trabajaba en el periódico &lt;em&gt;Tiempo Argentino&lt;/em&gt; cuando usted también trabajaba ahí. Lo cierto y real e importante es que yo estaba, y aún estoy, escribiendo un libro. No es el primero que escribo, y todos tienen la particular característica de ser autobiográficos; no tengo tiempo ni paciencia ni talento para escribir otras cosas. Por lo tanto, Gustavo Arbuco es uno de los personajes de mi último libro, ya que él, como todas las personas que me rodean, está inmerso en mi vida y en mi historia. Ahora usted, aunque no me rodee, también está inmersa en mi historia. Usted y su libro, o su libro y usted. Me refiero a &lt;em&gt;El affair Skeffington&lt;/em&gt;. Cómo llegó ese libro a mis manos y porqué lo cuento en el fragmento número cincuenta y nueve de la sexta parte de mi último libro titulado &lt;em&gt;La Mística del Destino&lt;/em&gt;. Ese fragmento y otros más usted los podrá leer en las hojas impresas que le llevaré seguramente el lunes por la noche, y seguramente también dentro de un sobre de papel madera. ¿Qué me propongo llevándole a usted este material? No lo sé específicamente, pero puedo esbozar varios motivos. De algo estoy seguro, y es que se lo llevo a usted porque mediante la lectura de su libro puedo aprehender aproximadamente ciertos rasgos de su personalidad, y esos rasgos que percibo, que aprehendo, me dicen que SÍ, que se lo lleve. Leí por ahí, buscando información sobre usted, que le interesan las &lt;em&gt;historias de vidas&lt;/em&gt; y las &lt;em&gt;minorías&lt;/em&gt;. Y aunque no recuerde exactamente donde lo leí, es evidente que le interesan esas cosas. El libro, y siempre me refiero a &lt;em&gt;El affair&lt;/em&gt;…, abunda de historias de vidas reales o ficticias; no importa, y también se refiere a una minoría. Siempre los intelectuales y los verdaderos artistas serán una minoría, y siempre los jóvenes pensantes y despiertos también serán una minoría. Y pienso que también las mujeres interesantes, es decir, las mujeres con ideas propias, con carácter, con temperamento, con inteligencia y conocimiento también serán siempre una minoría, y espero que no se enoje ni se irrite ni se exaspere por mi comentario. A mí también me interesan esos temas, y me interesa el Underground o lo subterráneo, y pienso que a usted también. Estas semejanzas o similitudes de intereses pueden ser uno de los motivos por los cuales me acerco a usted y no a otra persona. Seguramente tenga &lt;em&gt;amplitud de miras&lt;/em&gt;, y por ese motivo quizás pueda valorar mi escritura y ver y encontrar algo allí, en el meollo de lo que digo con mi escritura. En los círculos oficiales no parece abundar la &lt;em&gt;amplitud de miras&lt;/em&gt;, y para entender lo que digo en mis escritos se requiere de esa cualidad. Usted debe saber mejor que yo lo que estoy tratando de decirle. Pues entonces me acerco a usted por varios motivos. Primero, y antes que todo, por el simple hecho de cumplir mi objetivo de acercarme a usted y entregarle mis escritos, es decir, cumplir con una acción propuesta sin pensar en el resultado, y ésta es una de las pocas enseñanzas que me dejó la lectura del &lt;em&gt;Bhagavad Gita&lt;/em&gt;. Es una trama íntima e interna, es hacer &lt;em&gt;algo&lt;/em&gt; con mis escritos. Quizás usted, cuando era más joven, también se proponía hacer &lt;em&gt;algo&lt;/em&gt; con sus escritos; llevárselos a alguien, enviarlos a algún lugar, movilizarlos en busca de &lt;em&gt;algo&lt;/em&gt;. Otro motivo es simplemente entrar en contacto, conocer a una &lt;em&gt;escritora&lt;/em&gt; con una trayectoria detrás. Me interesa su opinión, me interesan los puertas que usted pueda llegar a abrirme, o las indicaciones que usted pueda darme para encontrar esas puertas, o decirme dónde está el llavero que tiene las llaves que abren esas puertas. Por lo demás, esta curiosa circunstancia de que un joven escritor inédito recurra a una escritora editada y con trayectoria en busca de consejo o llaves o puertas ya es en sí una situación novelesca y literaria, y este joven, que una de las pocas cosas que sabe hacer es extraer jugo y páginas de la realidad, aprovechará esta trama para continuar su libro, es decir, todo esto también es parte de mi libro. Así de magnífica es la realidad. La dejo, gracias por haber leído hasta aquí. Si quiere, y se lo recomiendo, puede empezar a leer los escritos por el fragmento número cincuenta y nueve de la sexta parte. De ese modo entenderá más ampliamente todo este asunto. El libro, mi libro, es largo, sólo elegí algunos fragmentos representativos del estilo y la temática. Nada más.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esteban Costa&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;A Juan Bedoian&lt;br /&gt;Editor responsable de la Revista de Cultura &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;(Por correo electrónico)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lunes 6 de diciembre de 2004&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Señor Juan Bedoian:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le escribe Esteban Costa. Soy un joven escritor de veinticuatro años. Escritor en lo íntimo y privado, y un simple empleado en lo externo y público, y hago esta curiosa diferenciación porque se supone que no puedo afirmar ser un ESCRITOR EN LA TOTALIDAD si no vivo de los productos de mi pluma –creaciones, ensayos, críticas o lo que fuere—. He escrito nueve libros, entre libros de poemas, novelas cortas y novelas largas y experimentales, y diarios íntimos y de viajes. Adjuntaré luego en mis datos personales todos los títulos y los años en que cada libro fue escrito. Me dirijo a usted con tranquilidad, respeto y un poco de osadía, pero sin osadía –aunque sea un poco— ningún escritor puede llegar a nada. Recientemente he quedado seleccionado para integrar dos antologías poéticas de dos concursos que se publicaron en la revista cultural que usted dirige; &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt;. De las editoriales Raíz Alternativa y De los Cuatro Vientos, aunque por cuestiones económicas no voy a poder participar en ninguno de los dos libros. En ambos me ofrecieron publicar los siete poemas que envié. Curiosamente, no es mi obra poética lo que más me interesa, sino mi prosa. Le comento que también dirigí dos revistas literarias underground llamadas &lt;em&gt;Trascender&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Aquí y Ahora&lt;/em&gt;, desde octubre de 2000 hasta abril de 2004 entre las dos. Pero seré más breve considerando que usted es un hombre importante ocupado y con poco tiempo. Le escribo para que usted considere, de aquí en adelante, mi pluma y mi persona; ambas indisolubles, claro está. Leo la Revista Cultural &lt;em&gt;Ñ&lt;/em&gt; desde el número trece, aquel en que J. R. R. Tolkien aparecía en la tapa, y desde ese momento no me perdí ningún número, y de cada número leo entre el sesenta y el ochenta por ciento de la información que contiene. Claro que tengo mis ideas y mis opiniones sobre el contenido de la revista como director que fui –yo hacía absolutamente todo el trabajo de las revistas, salvo el diseño gráfico en &lt;em&gt;Aquí y Ahora&lt;/em&gt;—. Le enviaré prosas y poemas; por favor, échele una mirada. Y también una fotografía para que sepa quién es el que le escribe. Seré sincero y terminaré; me considero talentoso e inteligente, y también considero que mi pluma supera en habilidad a muchas de las plumas que usted contrata para que escriban en su revista; la más importante revista cultural hoy en la Argentina.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Con todo respeto y admiración por su labor como editor,&lt;br /&gt;lo saluda atentamente Esteban Costa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;P.D. Considere mi mensaje como algo que haría cualquier escritor que intentara encontrar algún camino viable a su escritura, y más allá de eso, sé hacer otras cosas en cuanto a la preparación de una revista cultural. Soy un joven buscando una oportunidad; tan sólo eso. Adieu.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;A Beltrán Gambier&lt;br /&gt;Director de la revista de literatura &lt;/strong&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Intramuros&lt;/strong&gt;,&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;strong&gt;dedicada a los géneros biográficos, autobiográficos y testimoniales.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;(Por correo electrónico)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viernes 2 de diciembre de 2005&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El mensaje que leerán a continuación fue escrito hace unos meses, y no fue enviado por diversos motivos, pero como mi intención continúa siendo la misma e intacta en su objetivo, se los envío sin modificar nada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Señor director Beltrán Gambier y señora editora María Sheila Cremaschi:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Les escribo por lo siguiente; me encontré con el número veinte de la revista &lt;em&gt;INTRAMUROS&lt;/em&gt; por casualidad en la casa de un amigo, y no había sido él quien la había comprado, sino su padre. El subtítulo de la revista me llamó poderosamente la atención, ya que soy un activo militante del género autobiográfico y que me encantan las biografías y las memorias. Soy un joven escritor argentino de veinticinco años inédito por el momento. En la actualidad me encuentro escribiendo mi décimo libro titulado &lt;em&gt;La Gloria en el Ocaso&lt;/em&gt;. Todos mis libros son autobiográficos, salvo en el caso de los poemas y los ensayos que simplemente son poemas y ensayos, quiero decir que en este caso no importa demasiado la distinción. El motivo por el cual les escribo es amplio. Entiendo que no es fácil tratar con un escritor que no ha sido editado oficialmente, pero también entiendo y reconozco y sé que hay varios escritores que no han sido editados, y sin embargo allí están los libros escritos. Mi deseo es poder publicar algún trabajo de mi autoría en algún medio, ya sean partes de mis libros o textos que yo elabore para la ocasión, como una nota o artículo de investigación sobre algo interesante, una columna de opinión, una reseña de algún título nuevo, etcétera. O sea, en realidad no sé bien cómo encarar la búsqueda de editor, y ése sería otro tema, pero por lo pronto lo que me interesaría sería poder trabajar o colaborar en alguna revista o en algún suplemento cultural de algún diario. En síntesis, quiero trabajar en lo que me interesa y en lo que mejor me desempeño, y quiero publicar mi obra, y si es necesario que mi pluma se conozca primeramente en los medios gráficos masivos culturales, bueno, así será. Yo dirigí dos revistas literarias &lt;em&gt;underground&lt;/em&gt;, por lo tanto, si fui capaz de organizar la publicación de esas dos revistas en su totalidad, no creo que escribir alguna página, o menos de una página, me cause problemas… En forma adjunta a este mensaje les enviaré mis datos personales con todos los detalles de mi labor como escritor –títulos de libros y los años en que fueron escritos—, así como también la mención de las editoriales que seleccionaron en diversos concursos mi obra poética. También les enviaré algunos poemas y algunas prosas, y también una fotografía mía. Espero que se entienda bien mi intención; estoy buscando ayuda en general y viabilidad a mi oficio. Quizás ustedes, si no pueden ayudarme directamente, quizás puedan aconsejarme o contactarme con alguien que sí pueda ayudarme. Desde ya les agradezco por haber leído el mensaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esteban Costa&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;P.D. La fotografía es la más reciente que encontré –abril de 2005—, y una de las pocas en las que se veía bien mi rostro. La suciedad es producto de un largo viaje en tren desde Bariloche hasta Buenos Aires. Mientras se cruza la estepa patagónica, el polvo entra y entra…, y así se queda.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;[Todas estas cartas las tengo almacenadas en un archivo titulado &lt;em&gt;CORRESPONDENCIA&lt;/em&gt;, el cual viene creciendo desde hace años.] &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-3251126813692066280?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/3251126813692066280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/3251126813692066280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/cuatro-cartas-personalidades.html' title='Cuatro cartas a personalidades reconocidas o medianamente reconocidas del ambiente literario, periodístico y cultural local'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-2653078047988025916</id><published>2007-06-28T11:26:00.000-07:00</published><updated>2007-06-28T12:37:09.020-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>Cuatro capítulos de la novela corta titulada "Aquella percepción, aquel amanecer" (2000 - 2001) Por Esteban Costa / PRIMERA ENTREGA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;NOTA INTRODUCTORIA: &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Esta novela corta fue mi cuarto libro escrito, y la escribí entre los veinte y los veintiún años. Con el paso del tiempo la fui corrigiendo, aunque levemente, hasta ahora en que entrego la versión definitiva, terminada de revisar ayer. La publiqué en forma completa en varias entregas que hacía en la revista &lt;em&gt;Trascender &lt;/em&gt;en el suplemento de lectura, en las páginas finales. Quizás la entregue de a poco también aquí, en &lt;em&gt;El Contemporáneo&lt;/em&gt;, ya que no es muy larga. Y creo que no tengo más nada que decir, adiós. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El golpe&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Partiré desde el golpe. El golpe y el corte en mi cabeza, la pelea, la imagen fugaz de una sangrienta riña entre dos muchachos; la reja, el poste, los otros muchachos que intentaban separarnos, mi remera hecha pedazos y la cadenita de oro de mi adversario en mi mano, en mi dolorida mano, en la culminación de un antebrazo colmado de moretones.&lt;br /&gt;El golpe y los días posteriores, en un estado extraño, similar al estado del afiebrado, todo lento, todo extraño para comprenderlo. Aquel momento de locura, de euforia, de violencia, de odio hacia mi adversario. Habían logrado separarme y tuve que irme y le pedí a alguien que me acompañara a algún lugar, pero ese muchacho me miraba perplejo, pues veía la sangre que caía desde el corte de mi cabeza por el cuello para luego manchar el pecho y el abdomen; entonces le pedí que llamase a mi amigo, que lo trajese conmigo, que pronto iríamos al hospital, a la sala de guardia a curarme, a salir de ese estado. Quería verme mejor, quería estar limpio y divirtiéndome, pues ¿qué hacía un viernes por la noche en ese estado? ¿No habíamos salido con Sebastián a divertirnos? ¿No íbamos simplemente a tomar unas cervezas y a conversar? ¿No íbamos a conversar sobre nuestro futuro viaje a la Costa Atlántica, a Miramar? Nada entendía, todo había sido rápido; el estúpido joven adinerado, su cargoseo y mi reacción de pegarle una piña en la nuca. Claro, pero yo pensé que Sebastián también le iba a pegar, y no fue así. Se levantó de la silla en donde estaba y vino hacia mí, y ahí sí que me vi en problemas. Era más robusto, no más alto, pero sí con espalda más ancha y brazos y manos más fuertes, así que vino hacia mí y balbuceó unas palabras de enojo amenazándome, y antes de que pudiese esperármelo ya estaba encima mío zarandeándome de un lado para el otro. Y ahí el maldito golpe, no sé si contra el poste, el piso, la reja o la pared, pues por todos esos lados anduvimos revolcándonos, y pienso que alguna de todas las piñas que pude tirar alguna tuvo que haber entrado, y sino, mala suerte, lo que vale es el valor, como le venía diciendo esa noche a Sebastián. Yo conozco un marica que una vez salió corriendo ante la inminencia de una pelea. Nunca lo voy a olvidar. Claro que desde entonces supe qué clase de hombre era. Y después de la imagen súbita, del desconcierto de los muchachos que estaban ahí, vino lo peor; el ir en bicicleta a la sala de guardia del hospital, esperar, entrar, la anestesia, esperar, el primer punto, esperar menos, el segundo punto, esperar, y finalmente el tercer punto, y todo ese tiempo respirando el olor nauseabundo del plástico húmedo que cubría la camilla, esa misma camilla que había soportado el peso de cientos de personas en estados mucho más graves que el mío. En guardia siempre se ven las peores cosas, una vez en el mismo lugar –me había fracturado un hueso del antebrazo— vi a un joven que recién había chocado con su moto contra un camión y tenía fractura expuesta –los huesos visibles— en la rodilla, y así existen cientos de accidentes que unidos al escenario de la sala de guardia con su olor a latex de los horripilantes guantes descartables, a plástico y a remedios hacen de ese circo apestoso algo indeseable para cualquier mortal.&lt;br /&gt;El golpe… Motivo de vivencias espantosas, motivo de dolor en mi cabeza durante días, motivo del estado afiebrado que me alejó del mundo estando en él, motivo de visitas curiosas al médico –yo le explicaba que era consciente pero que estaba un poco tonto—, motivo del tiempo en cama y de contemplaciones generales sobre la vida, por lo tanto, el golpe es sinónimo de suspensión en el tiempo y sinónimo de motivo, motivo de haber empezado con esta historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Primeros viajes&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/strong&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;_______________________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Todas las noches encierran dilemas, grandes dilemas para esas ocasiones, siempre de noche y en pleno insomnio. Claro que para la mañana ya habremos olvidado todo lo referente a aquellos dilemas &lt;em&gt;tan importantes&lt;/em&gt; en los que pensamos habitualmente por las noches. El dilema de esta noche –a decir verdad de otras tantas— es cómo escribiré la historia que viviré –sonrío por la eventual rima—. Claro, en pocos días comenzaré a vivir una historia. Me iré de viaje con un amigo, no muy lejos, pero con mi amigo compartimos la idea de que cuando uno sale de su casa y no vuelve por unos días, ya &lt;em&gt;está&lt;/em&gt; de viaje, aunque sólo esté a cincuenta kilómetros de su hogar. Y cuando hablo de mi amigo y de viajes, obligadamente mi memoria me remonta a incontables días pasados y en diversos lugares &lt;em&gt;estando de viaje&lt;/em&gt;. No puedo no nombrar aquel viaje de una noche que hicimos a Luján, sin carpa, a dormir debajo de una mesa de cemento como cobijo para los tres; Gastón, Sebastián y yo. Claro que en tan poco tiempo nada extraordinario aconteció, simplemente tuvimos miedo, mucho miedo. El lugar en donde dormimos era del otro lado del horripilante y extremadamente contaminado Río Luján, allí donde no había ni una sola luz a la redonda, ni agua potable, ni baños, ni personas; y en donde únicamente podrían estar tres locos aventureros sin nada mejor que hacer que andar un día de semana por ese incipiente bosque con una pequeña linterna como única luz. Eso fue quizás lo mejor; el miedo. Cruzamos el puente. Se podían divisar perdidos pares de luces redondas que correspondían a coches lejanos. Las maderas del puente emitían curiosos sonidos al caminar sobre ellas, y luego, al finalizar el estrecho sendero peatonal del puente, debíamos bajar por una pendiente y empezar a introducirnos por aquel oscuro bosque. Pronto descubrimos una vía, pero evidentemente no era para un tren normal, ya que su tamaño era muy reducido –habría unos cuarenta o cincuenta centímetros de distancia entre cada riel—. Sí podría ser un tren para pequeños duendes del bosque, cosa que pensamos entre risas, pero pronto coincidimos en que sería una vía para pequeños vagones que se utilizarían en otros tiempos para transportar algo, vaya uno a saber qué. Así que seguimos el trayecto de la vía hasta que en un momento se introducía demasiado en el bosque y decidimos quedarnos ahí, en aquella mesa con sus asientos. La única luz era la pequeña linterna que habíamos ubicado en el centro de la mesa, y a ambos lados detrás de nosotros todo era oscuridad y ruidos extraños; el agua del río, insectos, animales, el pasar de los coches por el ya lejano puente y demás ruidos no identificados. Nos mantuvimos despiertos casi toda la noche. ¿Quién podría dormirse en un lugar así? Conversamos y cantamos para espantar al miedo hasta que nos fuimos durmiendo uno a uno. El amanecer nos levantó con el sonido de las campanas de la imponente Basílica de Luján, que se encontraba del otro lado del río y que de todos modos podíamos divisar por entre las ramas de los árboles observando hacia arriba, ya que a esa gran altura se encontraban sus numerosas cúpulas grisáceas y avejentadas, así como la cruz impuesta en la cúpula más alta. El amanecer nos tranquilizó; lo que la noche anterior parecía un hueco insondable y eterno en donde una pequeña vía se perdía, con la luz del día era simplemente una forma circular creada por las viejas ramas de los árboles, y ahí sí que nos animamos y terminamos de conocer el trayecto de la vía y el territorio que nos rodeaba. Fue una noche, un amanecer y una vuelta a casa. Tres jóvenes de dieciséis años ansiosos por vivir aventuras vagabundeando en busca de circunstancias extrañas, vivencias inauditas, sucesos extraordinarios. Siempre fue nuestro objetivo, estando a una cuadra de casa o a miles de kilómetros.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt;____________________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Volví a ese mismo lugar cuatro o cinco veces, unas con Sebastián y otras sin él. En todas las veces tuvimos miedo; esa sensación quizás sea lo que hacía a ese lugar tan particular. En Lobos también vivimos aventuras inolvidables, justamente en la Bahía de Lobos, que era nuestro lugar preferido de la laguna. La noche que más recuerdo fue aquella cuando Lucas, Gastón, Sebastián y yo nos emborrachamos con cerveza –habíamos llevado una heladera portátil llena de latas frías— y nos dirigimos desternillándonos de risa hacia el lugar donde yacían los botes muy apacibles en las mansas aguas de la tranquila laguna. Pronto lo manso, lo tranquilo y lo apacible se convirtió en ruidoso, esplendoroso y mágico. Los botes eran grandes, cabrían ocho personas en cada uno, y tenían sus anclas bajas, así que nos subimos en uno, todo esto de una manera ruidosa y siempre riéndonos, alzamos el ancla por la soga y la lanzamos hacia el bote más cercano; habría como ocho en un radio de diez metros cuadrados. El ancla cayó estrepitosamente dentro del bote, y eso también nos causaba gracia. Atrajimos hacia nosotros ese segundo bote y nos trepamos en él, y así hicimos sucesivamente con algunos de los botes que allí había, paseándonos de uno en uno, revoleando anclas de aquí para allá. Como en todos los campamentos, yo iba extremadamente armado y equipado para la ocasión. Mi riñonera cruzando mi pecho y mi espalda, quedando así colgada del lado de mi costilla izquierda. Enganchados en la cinta de la riñonera que cruzaba mi pecho, un hacha pequeña, un facón de plata –reliquia familiar que había robado para la ocasión— y una linterna. En un momento Lucas agarró una canoa que estaba en tierra y la introdujo en el agua, se subió e invitó Sebastián a hacerlo, y yo no quise perderme la travesía, entonces me situé parado en el medio, mientras ellos, sentados, remaban con pequeños palos. Evidentemente la canoa era para dos personas, y yo, en medio de mi borrachera, me puse a bailotear mientras mis amigos me advertían que me podía caer. No me caí, pero lo que sí se cayó fue el hermoso facón de plata decorado con motivos gauchescos que nunca volví a recuperar y que mi familia se continúa preguntando dónde está. Todo terminó cuando el sereno del camping se nos apareció en la orilla como una sombra y nos dijo que nos calláramos, pero para nuestro asombro, no parecía estar muy enojado, por lo que supusimos que al vernos tan excitados y fuera de control tuviese miedo de retarnos pensando en que lo golpearíamos o algo así. La cuestión fue que le pedimos disculpas –siempre lo hacemos en ocasiones semejantes— y nos fuimos a dormir.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;3&lt;/strong&gt;_________________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Otra situación en donde los botes aparecen como protagonistas la vivimos en San Miguel de Monte. Esta vez estábamos Gastón, Ezequiel, Sebastián y yo en un camping a orillas de la laguna de Monte, que es más grande y más profunda que la de Lobos. Hacía ya unos días que estábamos, y una noche habíamos comprado varias cervezas de litro que almacenábamos en la heladera portátil de Sebastián, y como esa noche no las habíamos terminado de tomar, habían quedado para el día siguiente; cosa que no nos acordábamos. Así que al otro día nos levantamos y fuimos a jugar al fútbol a una cancha pequeña y de arena –cubierta con redes para que la pelota no se fuera al agua— que había en la orilla de la laguna. Después del partido &lt;em&gt;dos contra dos&lt;/em&gt; que jugamos, volvimos al campamento, y al abrir la heladera comprobamos que habían sobrado unas cervezas. Las tomamos y fuimos a comprar más; era un día de mucho sol y estábamos sedientos. Tomamos esas otras cervezas y por consecuencia terminamos alegrándonos más de lo habitual. En esa tarde y en ese estado, se nos ocurrió robar un bote e ir con él hasta el otro lado de la laguna, así podríamos pasear por la parte céntrica del pueblo. Gastón y yo fuimos los encargados de acercar el bote a la orilla ya que estaba unos metros hacia dentro del agua, y Ezequiel y Sebastián tenían por encargo conseguir los largos palos que servirían como remos. En pocos minutos volvieron, ya que con Gastón descubrimos que el bote ya tenía remos en su interior, además de carteles publicitarios que arrojamos rápidamente al agua. En un breve lapso de tiempo el bote partía con nosotros adentro. Para dirigirlo fue todo un tema, ya que no teníamos experiencia y eso nos impedía que fuese derecho, pero así y todo, yendo de un lado hacia otro, tomamos velocidad y pronto abandonamos la orilla. Nuestros rostros irradiaban felicidad. Al haber hecho un tramo de ciento sesenta metros aproximadamente, pude divisar otro bote que se aproximaba hacia nosotros con velocidad. Al advertirlo se lo comuniqué a Sebastián, que con su tranquilidad característica me dijo: &lt;em&gt;No pasa nada, no vienen para acá, ya vas a ver, quedémonos y esperemos&lt;/em&gt;. Lamentablemente sí tenían algo que ver con el bote y con nosotros, ya que al llegar a donde estábamos, nos chocaron con su bote y saltaron hacia el interior del nuestro. A todo esto el único que había quedado arriba del bote era yo que tenía el dedo índice de la mano izquierda cortado y vendado y no quería arrojarme al agua. Los chicos me gritaban desde el agua para que me tirara, pero además de estar yo en el bote, estaban nuestras pertenencias; la cámara de fotos, la ropa y demás, así que me resistí hasta que uno de los hombres, un moreno gordo y corpulento, me golpeó con un remo en la cabeza acusándome de ladrón, y me lo repetía: &lt;em&gt;Ladrón, ladrón&lt;/em&gt;. Y yo no tuve más remedio, o fue lo único que se me ocurrió en ese momento, que arreglar el asunto con dinero. Le ofrecí una determinada cantidad que serviría como alquiler forzado del bote y también para que llevase nuestras pertenencias al muelle. De todos modos me obligó a tirarme al agua; cosa que tuve que hacer y unirme a los chicos que ya estaban nadando hacia la orilla. Al sumarme al grupo no pudimos contener nuestras risas por lo acontecido, y de ese modo se dificultaba más el hecho de nadar, ya que nadar y reírse a la vez era imposible, así que nos quedábamos flotando y riéndonos en el agua. Los dos tipos nos miraban perplejos y enojados, realmente no entendían bien de qué nos reíamos. Pronto llegamos a la orilla y volvimos cansados al campamento.&lt;br /&gt;En otro viaje a San Miguel de Monte nos escapamos del camping, dejando una importante deuda pendiente. Lo relataré brevemente. Sin duda era tentador huir del camping sin pagar, ya que por un lado era muy fácil hacerlo y por el otro, si lo hacíamos, tendríamos a nuestra disposición el dinero predestinado a pagar el importe de nuestra estadía. Decidimos huir de noche por la parte trasera del camping. Había que subirse a las mesas y saltar desde ahí unos alambres, pero al final nuestro escape fue distinto. Yo me había ido a bañar a las una de la mañana aproximadamente –el escape estaba planeado para las tres—, y cuando salí del baño sorprendido quedé al ver el temporal que estaba azotando a todo el pueblo. En unos minutos se cortó la luz en toda la zona, y a decir verdad, en todo el pueblo, ya que del otro lado de la laguna tampoco había luz. El viento tenía ocupadas a las personas que estaban despiertas intentando que no se les volara nada, y entonces, al advertir que el sereno ya no estaba en la casilla de la entrada, decidimos huir por el frente, por el mismo lugar que habíamos usado para entrar unos días antes como cuatro jóvenes decentes. Puedo asegurar que hicimos tan rápido los bolsos –la carpa la sacamos de un tirón y la metimos en la heladera portátil con estacas y todo lo que venía— que al volver la luz una media hora después, nadie notó si hubo alguien alguna vez o fue sólo una ilusión. Esa noche dormimos en una estación de servicio que quedaba cerca de la estación del ferrocarril en donde debíamos tomar el tren para volver a casa unas horas después. Y entonces teníamos dinero y hambre, por lo tanto gastamos parte del dinero en comprar muchas galletitas que acompañábamos con unos buenos mates. Lo bueno fue encontrar en esa estación una máquina expendedora de agua caliente, precisamente para calentar agua para el mate y que usan los camioneros –hay cientos allí— para cargar sus termos. Lo que recuerdo de esa noche es eso; esa estación con su hermosa máquina de agua caliente, un hombre morocho y gordo que cantaba tango muy bien, hombres avejentados y borrachos acodados en la barra del bar escuchándolo y nosotros, todos desparramados en la puerta oyendo al cantante, llenando nuestros estómagos y contentos por el exitoso escape.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;4&lt;/strong&gt;_________________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Con el pasar del tiempo vinieron viajes más largos y más lejos, y así fue que con Gastón y Sebastián nos fuimos a la Costa Atlántica, precisamente a la ciudad de Mar del Plata. Ese viaje fue hermoso, pero en realidad no ocurrió nada extraordinario, simplemente la aventura era vagabundear y conocer gente, ya que dormíamos en la playa, y durante el día caminábamos y conocíamos lugares. Lo destacable de ese viaje fue que por intermedio de Gastón logramos dormir unas cuantas noches en un departamento en donde estaban viviendo siete chicas más grandes que nosotros, y allí compartimos días festivos y de borracheras memorables. También presenciamos un diluvio que salió en los periódicos. Ese día había ido con Sebastián a presenciar el Campeonato de Surf de 1997 en las playas de Playa Grande, organizado por la marca de zapatillas Reef. Casi al finalizar el campeonato empezó a llover y el viento empezó a soplar rabiosamente. Todas las personas corrían de aquí para allá tratando de encontrar a su gente, y con Sebastián empezamos a correr. Yo le decía que no pare, que corra, porque al parar me agarraba un frío terrible e insoportable. Así que corrimos y corrimos mientras el agua caía en cantidades anormales. Pronto le hice señas a una camioneta para que nos llevase y me respondió afirmativamente, así que subimos y nos llevó un buen tramo. A decir verdad, nada pudo ser más perfecto, pues nos dejó a cuatro cuadras del departamento de las chicas. Allí nos bañamos con agua caliente y recuerdo que después tomamos unos exquisitos mates acompañados con facturas. Fue un buen viaje, pero no se puede comparar con lo que vivimos en Valle Grande, en Mendoza, un tiempo después. Ese viaje a Mendoza –yo ya había ido— se puede resumir en nuestros ascensos a la montaña. El primer ascenso fue de noche, y eso fue lo alocado, sin planear, sin equipo suficiente y sin idea de qué se escondía detrás de la cima que se veía desde la ruta. Como iluminación teníamos un solo sol de noche que llevaba el que iba en el medio, y de esa forma nos las arreglábamos. Alcanzamos la primera cima, que era la que veíamos inalcanzable desde la ruta, y allí gritamos, saltamos y nos fotografiamos con gestos victoriosos. Luego ascendimos un poco más y allí nos quedamos, pues ya nada se veía con tan poca luz, pero en ese mismo momento decidimos volver otro día, pero con equipo como para pasar la noche. Así fue; volvimos a la montaña. Llegamos al lugar en donde habíamos estado, hicimos fuego y preparamos una sopa de tomate con fideos enrollados que disfrutábamos con exquisitos vinos mendocinos. Apenas amaneció empezamos a caminar con el objetivo de llegar a una cima que veíamos muy lejana. Era increíble que en un lugar tan alto hubiera tanto espacio llano, es decir, que después de haber subido tanto nos encontrábamos con metros y metros de piso llano, y recuerdo que pensábamos qué bueno sería hacer un recital de rock multitudinario allí arriba. Alcanzamos la cima lejana, estuvimos un buen tiempo allí disfrutando de la panorámica vista y luego volvimos. Lo extraño fue que al volver encontramos el campamento de pura suerte, porque en realidad estábamos medio perdidos. Lo encontramos por la música de la radio que habíamos dejado prendida, entonces, por suerte, escuchamos la música lejana y rastreando el sonido pudimos llegar al campamento, que eran nuestras mochilas y la ropa y la radio todo desparramado desprolijamente por ahí. Después también hicimos otros viajes y vivimos también vivencias especiales como dormir en la calle, hacer dedo por la ruta de noche, dormir en albergues de mochileros con personas locas y extrañas, en fin, vagar a la deriva.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Noche Buena&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;_______________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El dilema de un tiempo atrás era cómo iba a escribir la historia que iba a vivir –otra vez con las rimas—, y el dilema de ahora es cómo voy a ordenar la historia que ya viví y que dejé plasmada en unos cuantos escritos ocasionales. El viaje fue enriquecedor por sobre todas las cosas. En realidad todos los viajes nos reviven, nos rejuvenecen por más jóvenes que seamos. El 23 de diciembre del año 2000 partimos con mi amigo Sebastián para Mar del Plata a pasar unos días antes de ir a Miramar para quedarnos allí a trabajar por dos meses. Al final resultó ser que yo me tuve que volver y Sebastián se quedó, pero déjenme que les cuente cómo fue todo. Fuimos a Mar del Plata en tren. El viaje fue incómodo ya que éramos dos personas y la empresa del ferrocarril nos ubicó en un asiento para tres, o sea, Sebastián del lado de la ventanilla, yo en el medio y un viejo inexpresivo del lado del pasillo. Sebastián dormía tranquilamente apoyándose en la ventanilla, y yo no podía recostarme por el maldito viejo, así que viajé la mayoría del tiempo en la parte del tren en donde se unen los vagones que hay dos puertas, una de cada lado. Hacía frío allí y el ruido era insoportable, pero prefería estar ahí antes que al lado del viejo. Cuando llegamos a Mar del Plata, Sebastián bajó primero del tren y se ubicó cerca de la ventanilla para que yo le pasase por ahí los bolsos. Cuando bajé del tren, después de haber bajado el equipaje, me encontré con que Sebastián estaba hablando con un hombre joven, barbudo y de pelo castaño enrulado que era el dueño de un hotel de tres estrellas que quedaba en La Perla. El hombre estaba buscando clientes desesperadamente, así que nos ofreció un buen precio y nos convenció. Nos llevó en su Jeep blanco junto a una pareja de novios que también había logrado convencer para que se hospedaran en su hotel. Nuestra habitación era grande y luminosa, tenía dos camas, una matrimonial en donde durmió Sebastián y una marinera en donde dormí yo. Había un ventanal que daba a un pequeño jardín y posteriormente a la Avenida Independencia. Ese ventanal nos embaucó durante los días que allí estuvimos, tenía algo especial, el sol casi siempre daba allí, y lo entretenido era que veíamos pasar gente todo el tiempo. Simplemente poníamos a funcionar el equipo de música, escuchábamos unos buenos temas y nos quedábamos observando curiosamente por la ventana. Los días allí fueron buenos. Tomé fotografías de objetos, como por ejemplo una titulada &lt;em&gt;El armario&lt;/em&gt;, otra &lt;em&gt;Los libros&lt;/em&gt;, otra &lt;em&gt;La mesita de luz&lt;/em&gt;, y creo que ninguna más de esas características. El día veinticuatro era la Noche Buena, así que a eso de las ocho y media de la noche partimos a dar vueltas por ahí. En el camino conocimos a unos extraños personajes; Sergio Pérez y a su ensimismado amigo que nunca supe cómo se llamaba. Íbamos caminando, y este Sergio Pérez, al ver la remera de Sebastián que tenía dibujado el rostro del cantante jamaiquino Bob Marley, se acercó y nos preguntó si teníamos marihuana para fumar. Le respondimos que no, pero que igualmente lo podíamos invitar a tomar unas cervezas. Fuimos a tomar cerveza a la puerta de un almacén, y allí sentados nos tomamos tres o cuatro. Luego nos invitó a su casa ya que él estaba con su amigo, pero después el amigo se tenía que ir e iba a tener que pasar solo la Noche Buena. Decidimos ir a su casa a pasar la noche. Vivía en una pieza al fondo de un pasillo que bordeaba un gran edificio donde funcionaba un gimnasio, y él era el sereno. La habitación de él era un caos. Había una cama totalmente desordenada y repleta de ropa y objetos diversos; había también un árbol de Navidad, un equipo de música y una heladera que no funcionaba y que usaba como viejo mueble. Sergio Pérez estaba loco, era enérgico y vivaz, hablaba con elocuencia y soltura, algo especial había en él. Compramos muchas cervezas y festejamos. Sebastián le comentó que yo escribía y que estaba escribiendo un libro, y él en seguida me dijo: &lt;em&gt;Poné ahí, escribí mi nombre, voy a ser rico, acordáte, acordáte…&lt;/em&gt; Y yo le dije que sí, que lo iba a hacer. Sergio Pérez había tenido una vida dura. Su madre y sus dos hermanitos, una nena y un nene, habían muerto en un accidente de tránsito, cosa que me informó mostrándome el recorte periodístico que informaba sobre la tragedia. Su padre lo había golpeado repetidas veces, y él me mostraba los dientes que le faltaban por esas golpizas. También había estado preso varias veces por robo. De hecho, cuando apenas lo encontramos, el amigo se robó una bicicleta de un descuidado ciudadano –que la había dejado apoyada en un árbol— delante de nosotros. Nos mostraba una bolsa llena de causas judiciales y las revoleaba por el aire con desdén. Sergio lloró esa noche abrazado a nosotros, que perplejos tratábamos de calmarlo. El amigo ya se había ido. En un momento Sergio se mejoró y empezó a tirarnos petardos, los encendía y nos los arrojaba a los pies, así que con Sebastián nos tapábamos los oídos y superábamos el estruendo. Después se encerró en un baño muy pequeño, encendió un petardo muy poderoso, se tapó los oídos y soportó la explosión. Salió de ese baño aturdido y lleno de humo y gritaba: &lt;em&gt;¡Uuuuuhhhh!&lt;/em&gt;, e imitaba el sonido de un pájaro de reloj despertador haciendo muecas con su mano imitando el pico del supuesto pájaro: &lt;em&gt;¡Cu-cu, Cu-cu!&lt;/em&gt;, decía con cara de chiflado. Después rompió un parlante del equipo de música estrellándolo contra el suelo y rompió una silla del mismo modo. Toda su habitación estaba en ruinas, como su vida. El pasillo era largo y oscuro, y el lugar en donde vivía, que era al fondo del pasillo, era deprimente, la soledad allí lo estaba consumiendo. Después de brindar a las doce en punto nos fuimos rápidamente, decidimos con Sebastián cambiar de ambiente, continuar nuestra fiesta en otro sitio, así que nos despedimos y nos fuimos.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt;______________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;El amanecer del día 25 fue espléndido y soleado, un gran amanecer. A esa altura ya estábamos un tanto cansados, pero continuábamos sedientos. Íbamos sin las remeras, y yo sin las zapatillas, por lo que bromeaba y le decía a Sebastián que yo era Tom Sawyer –por el modo en que me había recogido los pantalones— y él se reía de mi idea. Caminamos muchísimo buscando un comercio para comprar una cerveza &lt;em&gt;gelada&lt;/em&gt;, como dice Sebastián en portugués, y de pronto, de la nada, apareció un comercio abierto en un elegante barrio de clase alta. La mujer que atendía el negocio no debería entender cómo podíamos seguir tomando cerveza a esa hora de la mañana. Luego llegamos al hotel y dormimos largo y tendido; era hora de recuperar energías. De esos días en el hotel de Mar del Plata guardo estos escritos:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;24 de diciembre de 2000&lt;br /&gt;00:40 hs AM&lt;br /&gt;Hotel La Perla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kerouac escribió un poema que decía algo así:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Sentado en una silla mecedora,&lt;br /&gt;en un hotel de San Francisco…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hoy lo recuerdo con curiosa complicidad y digo:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Sentado en la parte baja de una cama marinera,&lt;br /&gt;en un hotel de Mar del Plata…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;y podría continuar el poema de este modo:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;con el sueño atravesado,&lt;br /&gt;con los ojos ojerosos,&lt;br /&gt;con felicidad interna,&lt;br /&gt;con visiones ambiguas de un futuro lejano,&lt;br /&gt;con libertad, con ilusión.&lt;br /&gt;Sentado… Por la amplia avenida&lt;br /&gt;que se ve detrás de la ventana&lt;br /&gt;pasan coches y coches…&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;***&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Hace cuatro días que estamos de viaje, y puedo decir que fueron días agitados. El sábado llegamos con el tren muy temprano, y apenas bajamos de los vagones un tipo se puso a hablar con Sebastián, y resultó ser el dueño del hotel que siempre va a la estación a buscar clientes. Ahora estamos en una pieza chica con dos camas, un baño, una mesa de luz y una ventana que da a la Avenida Independencia. Antes estábamos en otra habitación, en el primer piso, y era más grande y mejor, pero el tipo del hotel al que bautizamos como Muchacho –porque siempre repite esa palabra—, nos dijo que la necesitaba para un matrimonio con dos nenes, entonces nos pidió que nos mudáramos de habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;En el hotel La Perla&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/em&gt;&lt;p align="justify"&gt;***&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Casona&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;________________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;De Mar del Plata nos fuimos a Miramar, que en realidad era el verdadero y más importante destino, ya que allí íbamos a trabajar por contrato toda la temporada de verano. Sebastián iba a trabajar de cocinero y yo de mozo en esa casa inmensa y misteriosa que se llamaba Santa Elenita y que iba a inaugurar próximamente como casa de té y de venta de comidas rápidas. El día 27 de diciembre salimos del hotel La Perla con nuestros bolsos, y recuerdo que a las dos cuadras de caminar –pretendíamos ir caminando hasta la estación del ferrocarril— nos miramos cómplices por nuestro cansancio, por nuestra certeza interior de que no llegaríamos a ningún lado así, tan cargados y cansados, entonces decidimos tomar un taxi en la Avenida Independencia. Cruzamos la avenida, y en la esquina estaba la parada de taxis, así que tomamos uno y muy pronto llegamos a la estación de tren. El viaje fue tranquilo, ya que estábamos cansados y no nos movimos de los asientos. El único inconveniente fue que en un momento apareció el gordo guarda del tren por el pasillo y avisó a todos en alta voz: &lt;em&gt;Cierren las ventanillas por favor que van a tirar piedras…&lt;/em&gt;, y yo, al verlo tan tranquilo, pensé que estaba bromeando, aparte ¿quién iba a tirar piedras? Y al minuto le pregunté a otro guarda si iba en serio el asunto de las piedras, y me explicó que cruzaríamos unos cuantos kilómetros en donde había a ambos lados de la vía extensas y pobladas villas miserias o villas de emergencia, como dicen los políticos para parecer más correctos en el uso del lenguaje. Lo cierto es que cerramos las ventanillas y cerramos también la segunda ventanilla que es de metal y que en todo caso era la que nos cubriría de un supuesto ataque. Tiraron un par de piedras pero no le pegaron a nadie. Yo pude entrever el paisaje por entre las ranuras da la segunda ventanilla, y había algunas personas que saludaban normalmente y otras que miraban simplemente y se sentirían marginadas, pues si por la puerta de tu propia casa pasa un tren, y cuando lo hace lo hace todo cerrado herméticamente, te debes sentir un poco mal. Pero lamentablemente había que hacerlo de ese modo porque entre los pastizales se escondían los pequeños indiecitos que al ver el tren lanzaban piedras como si el artefacto fuese su peor enemigo. Era un juego un poco serio, pero olvidémonos de él y lleguemos al fin del corto viaje. La estación de Miramar era pequeña y humilde, y lo que recuerdo fue que me senté en el piso apoyado en los bolsos mientras que Sebastián iba a hablar por teléfono con Virginia, que era nuestra futura empleadora y la dueña de La Casona, para preguntarle cómo debíamos hacer para llegar a La Casona desde donde estábamos. En ese ínterin se produce lo que ahora sólo es un curioso recuerdo. Le pedí un cigarrillo a una adolescente que era muy bonita, quizás tenía las caderas grandes pero su rostro era lindo y ella se portó muy bien, pues no tenía, pero le fue a pedir a su amiga, que también me había gustado, y me lo trajo muy amablemente. Lo veo venir a Sebastián y me dice que conviene tomar un taxi, así que nos subimos en un viejo Peugeot 504 y fuimos para allá. En el taxi yo pensaba en cómo sería Virginia y su familia, ya que íbamos a convivir con ellos por más de dos meses, y Sebastián siempre me había dicho que era macanuda y que hablaba &lt;em&gt;hasta por los codos&lt;/em&gt;, así que yo tenía una idea favorable de ella, pues me gustan las personas que hablan mucho –no tanto como comprobé después que ella hablaba— y me había hecho una imagen mental que resultó ser antagónica con respecto a la imagen verdadera. Me había imaginado a una mujer de cuarenta y pico de años, alta, morocha, de pelo enrulado pero no muy largo, sonriente y dispuesta a conversar. Bajamos del taxi y allí me esperaba la verdad. Llamamos a la puerta y apareció Virginia con su hija Victoria, una niña rellenita de once años. Virginia era de baja estatura, pelo castaño claro y en mal estado, rostro apático y no en muy buen estado. Victoria era tímida, tan tímida al punto de no hablar y comunicarse solamente con tiernas e inseguras muecas que reflejaban sus pareceres. Pronto comenzó a hablar Virginia y no paró hasta después de una hora y veinte minutos aproximadamente. Nos comentó los asuntos primordiales con respecto al trabajo, y allí nos enteramos que faltaba bastante tiempo para inaugurar al público aquella gigante, vieja y desgastada casa. No tenía ni siquiera el cartel colgado que informaría al simple peatón sobre la existencia de una Casa de Té y ricas y abundantes picadas. Describiré la casa de la forma en que aparezca en mi memoria. Tendría treinta metros de frente enrejados, y de largo tendría –quizás me equivoque— cuarenta y cinco metros o cincuenta. Dentro de esta superficie, mirando desde el frente la parte izquierda, unos diez o doce metros eran de parque y cochera al descubierto. Al fondo de la cochera había un galpón-garaje en donde Miguel, el esposo de Virginia, guardaba su Wolkswagen Gacel bordó. En la parte derecha, mirando desde el frente, estaba La Casona pintada recientemente de color terracota. Al entrar a la casa comprobé lo siguiente. Eran cuatro grandes ambientes principales –más o menos de la mitad de la casa para el frente— de piso de madera, con ventanales amplios y puertas altas como sus techos. Estos cuatro ambientes principales conformaban un gran cuadrado, y todos estaban comunicados entre sí por puertas. En esa parte había dos baños. Ahora observemos el gran cuadrado dividido en cuatro partes iguales desde arriba. El ambiente superior derecho estaba separado por una barra, recientemente construida por Miguel, de la cocina. Ésta a su vez daba al patio, donde había un cuartito en donde guardarían la mercadería del negocio y un baño viejo y grande en donde nos bañaríamos Sebastián y yo. Este mismo ambiente superior derecho, observando siempre desde arriba, daba por una puerta a una habitación grande en donde dormían los tres; Virginia, Victoria y Miguel. A nuestra habitación, que posteriormente bautizamos La Cueva, se llegaba por un corto pasillo que venía desde el ambiente &lt;em&gt;cuadro superior izquierdo&lt;/em&gt;, y a su vez nuestra habitación estaba comunicada por una puerta con la de ellos. Lo único que me falta es la hermosa galería que corría paralelamente a la casa desde el principio hasta el final, que era donde desembocaba la vista, por medio de las ventanas, de los dos cuadrados-ambientes de la izquierda. Los cuatro ambientes principales serían destinados para los clientes, se transformarían todos en comedores o en salas de estar para tomar el té o una cerveza bien fría con una abundante picada; opción que yo elegiría. Nos acomodamos en la habitación que bautizamos La Cueva, porque eso es lo que era verdaderamente. Era pequeña y sin ventanas, y por ese motivo muy oscura. La única luz que había era una lámpara perfectamente circular y amarillenta que estaba colgada desde el techo por un caño redondo, negro y largo que hacía que la lámpara estuviera muy baja. A la lámpara la bautizamos La Luna en alguna noche de embriaguez que la dejamos prendida y dejamos volar la imaginación. Había dos armarios, dos camas –una plegable que era la mía—, un escritorio con cajonera y un espejo viejo y manchado en donde nos mirábamos, y por último, un esquinero de madera que no le dimos uso. ¡Ah!, me olvidaba del lavabo. El escritorio lo ubicamos contra la puerta que nos comunicaba con nuestros empleadores, así por lo menos había algo que marcara mejor la distancia. Los días fueron de trabajo, de un poco de tristeza en mis emociones internas, de pasear por la tarde y por la noche por la playa y la peatonal, la especial peatonal de Miramar.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt;______________________________&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;La peatonal era bastante larga por lo que era la ciudad. Por todos lados había unos asientos extraños en su estructura que había puesto el gobierno local para embellecer la calle principal. Recuerdo que había un local que creo que se llamaba El Medio Oriente, en donde vendían artesanías, tallados en madera, máscaras místicas, esculturas, tótems extraños y cientos de artículos más. Con Sebastián nos quedamos dos o tres veces media hora observando minuciosamente aquella vidriera, y porqué no, comiendo aquellas deliciosas barritas de chocolate con soja que comprábamos en un comercio cercano. Siempre elegíamos las cosas que más nos gustaban y soñábamos con comprarlas después de haber ganado dinero con aquel trabajo. Él había elegido una escultura tallada en madera que representaba a un hombre y a una mujer abrazándose estando sentados, y demostraba amor y transparencia; así quisiéramos estar una noche con una mujer. Él también eligió una máscara extraña y muy colorida, y yo había elegido a un mono viejo y sabio tallado en madera de unos treinta centímetros de alto; estaba sentado y contemplativo. Por esa peatonal anduvimos vagando, tomando cerveza, mirando libros y también nos jugamos unas fichas a los flippers, recordando años pasados en Ramos Mejía. Nuestro trabajo allí iba a consistir, hasta que se inaugurara, en hacer trabajos de pintura y limpieza, y también de ama de casa, pues tuvimos que lavar los platos y la cocina. La cocina fue todo un tema, porque los hogareños anfitriones no eran ni muy ordenados ni muy limpios, y con Sebastián, aquel día, estuvimos horas y horas sacando la mugre y las fruslerías que dejaban tiradas por todos lados. Limpiamos el piso y los azulejos, los muebles, el horno, las hornallas, la pileta de la cocina que estaba ennegrecida y todo lo que encontrábamos, pues todo lo que tocábamos tenía polvo. Recuerdo que tuve que limpiar un termo que había ahí, al advertir por la diferencia con los azulejos limpios su polvo acumulado. Entre risas nos comentábamos que estábamos siendo un poco obsesivos con la limpieza, pues nada quedaba sin brillar. No podíamos parar de limpiar porque realmente era un buen entretenimiento. Tomábamos mate, escuchábamos música y podíamos parar a fumar un cigarrillo, ¿qué más podíamos pedir? Lo cierto es que arreglamos los ambientes, limpiamos los vidrios, los muebles, el piso de madera que también enceramos, pintamos una mesa, un armario muy grande y la barra de madera después de haberla lijado fuertemente, armamos las mesas para el público y finalmente habilitamos dos ambientes; el superior izquierdo y el inferior del mismo lado. A todo esto ya habían puesto los dos carteles publicitarios en la entrada que habían quedado muy bien, habían conseguido la habilitación comercial que hasta ese momento estaba en trámites, habían traído y habilitado para el funcionamiento la máquina expendedora de café, aunque el café resultó ser pésimo, por lo menos en esos días, y faltaba poco para la inauguración, que Virginia había establecido para el día 6 de enero. El sábado 30 de diciembre vinieron desde Buenos Aires –para decirlo correctamente desde Ramos Mejía— el hermano de Sebastián, Pedro, y el primo de los dos, Germán. Vinieron una tarde, y con Sebastián ya casi habíamos terminado con un ambiente –cuadro posterior izquierdo—, así que decidimos pasear por la ciudad con el permiso de Virginia. Fuimos al centro y alquilamos uno de esos cochecitos metálicos que funcionan como las bicicletas y que tienen cuatro pedaleras; dos adelante y dos atrás. Fuimos los cuatro andando y nos acercamos al bosque, pero no nos pudimos meter ya que las ruedas de nuestro vehículo patinaban en la arena que había en los alrededores. Dimos unas vueltas y fue muy divertido. Después arreglamos para encontrarnos al día siguiente y partir a la tarde para Mar del Plata, en donde estaba el hermano de Germán, o sea, el primo de Sebastián y Pedro llamado Daniel. Allí estaba él con bastantes amigos. Esa noche dimos unas vueltas por el centro, y los chicos, Pedro y Germán, se quedaron a dormir en la arena de la playa. El domingo 31 partimos los cuatro en ómnibus para Mar del Plata. No sabíamos muy bien cuál era la dirección del lugar en donde estaban parando, pero pronto Sebastián se comunicó por un teléfono público con su otro primo, hermano de Daniel y Germán, llamado Ezequiel, quien le comunicó correctamente la dirección del hotel en donde estaba su hermano y sus amigos. De la terminal de ómnibus de Mar del Plata caminamos como cuarenta cuadras hasta que llegamos al hotel Excélsior, esto nos informaba un cartel rojo de neón y que me hacía acordar a un libro y a su autor. Apenas llegamos hablamos con el encargado que estaba en la puerta, Aníbal, al que bautizamos graciosamente como &lt;em&gt;Almíbar&lt;/em&gt;, y en ese ínterin vemos que se asoman desde una ventana del primer piso los amigos de Daniel, que a modo de bienvenida nos arrojaron un petardo encendido que sonó bastante fuerte al estallar cerca de nosotros. Arreglamos un buen precio con Almíbar para los cuatro y decidimos quedarnos a pasar el Año Nuevo con Daniel y sus amigos en el hotel. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;CONTINUARÁ...&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;[Todos estos capítulos pertenecen a la novela corta titulada &lt;em&gt;Aquella percepción, aquel amanecer&lt;/em&gt; (2000 - 2001) de Esteban Costa] &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-2653078047988025916?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/2653078047988025916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/2653078047988025916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/cuatro-captulos-de-la-novela-corta.html' title='Cuatro capítulos de la novela corta titulada &quot;Aquella percepción, aquel amanecer&quot; (2000 - 2001) Por Esteban Costa / PRIMERA ENTREGA'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-388998317207470946</id><published>2007-06-15T23:55:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:31:38.435-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Frases extraídas del libro "Las fuerzas morales" de José Ingenieros</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La antorcha lucífera no se apaga nunca, cambia de manos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Es ventura sin par la de ser jóvenes en momentos que serán memorables en la historia. Las grandes crisis ofrecen oportunidades múltiples a la generación incontaminada, pues inician en la humanidad una fervorosa reforma ética, ideológica e institucional.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Los jóvenes cuyos ideales expresan inteligentemente el devenir constituyen una Nueva Generación, que es tal por su espíritu, no por sus años. Basta una sola, pensadora y actuante, para dar a su pueblo personalidad en el mundo. La justa previsión de un destino común permite unificar el esfuerzo e infundir en la vida social normas superiores de solidaridad. El siglo está cansado de inválidos y de sombras, de enfermos y de viejos. No quiere seguir creyendo en las virtudes de un pasado que hundió al mundo en la maldad y en la sangre. Todo lo espera de una juventud entusiasta y viril.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cada generación anuncia una aurora nueva, la arranca de la sombra, la enciende en su anhelar inquieto. Si mira alto y lejos, es fuerza creadora. Aunque no alcance a cosechar los frutos de su siembra, tienen segura recompensa en la sanción de la posteridad. La antorcha lucífera no se apaga nunca, cambia de manos. Cada generación abre las alas adonde las ha cerrado la anterior, para volar más lejos, siempre más. Cuando una generación las cierra en el presente, no es juventud: sufre de senilidad precoz.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De seres sin ideales ninguna grandeza esperan los pueblos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La juventud escéptica es flor sin perfume. De jóvenes sin credo se forman cortesanos que mendigan favores en las antesalas, retóricos que hilvanan palabras sin ideas, abúlicos que juzgan la vida sin vivirla: valores negativos que ponen piedras en todos los caminos para evitar que anden otros los que ellos no pueden andar. El hombre que se ha marchitado en una juventud apática llega pronto a una vejez pesimista, por no haber vivido a tiempo. La belleza de vivir hay que descubrirla pronto, o no se descubre nunca. Sólo el que ha poblado de ideales su juventud y ha sabido servirlos con fe entusiasta puede esperar una madurez serena y sonriente, bondadosa con los que no pueden, tolerante con los que no saben.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La inercia frente a la vida es cobardía. Un hombre incapaz de acción es una sombra que se escurre en el anónimo de su pueblo. Para ser chispa que enciende, fuego que templa, reja que ara, debe llevarse el gesto hasta donde vuele la intención.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No basta en la vida pensar un ideal: hay que aplicar todo el esfuerzo a su realización. Cada ser humano es cómplice de su propio destino; miserable es el que malbarata su dignidad, esclavo el que se forja la cadena, ignorante el que desprecia la cultura, suicida el que vierte la cicuta en su propia copa. No debemos maldecir la fatalidad para justificar nuestra pereza; antes debiéramos preguntarnos en secreta intimidad: ¿volcamos en cuanto hicimos toda nuestra energía? ¿Pensamos bien nuestras acciones, primero, y pusimos después en hacerlas la intensidad necesaria?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El pensamiento vale por la acción que permite desarrollar. El hombre piensa para obrar con más eficacia y multiplicar el área en que desenvuelve su actividad. Corrompen el alma de la juventud los retardados filósofos que aún la entretienen con disputas palabristas, en vez de capacitarla para tratar los problemas que interesan al presente y al porvenir de la humanidad. Los jóvenes deben ser actores en la escena del mundo, midiendo sus fuerzas para realizar acciones posibles y evitando la perplejidad que nace de meditar sobre finalidades absurdas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-388998317207470946?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/388998317207470946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/388998317207470946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/frases-extradas-del-libro-las-fuerzas.html' title='Frases extraídas del libro &quot;Las fuerzas morales&quot; de José Ingenieros'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-5108597107346437742</id><published>2007-06-15T22:22:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:13:53.417-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>¡Adelanto exclusivo para el lector furtivo...! Escritos inéditos de un libro en progreso</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Miércoles 31 de enero de 2007&lt;br /&gt;(Por la tarde)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora comprendo con mayor claridad mi propia desazón pasada –y no tan lejos ni tan pasada—. Antes estaba contento con el hecho de ser un trabajador de pocas horas y un escritor en el tiempo libre. Creía de verdad y muy profundamente en todo lo que iba escribiendo y contando en mis libros. Era un camino, una trayectoria, un puente haciéndose siempre a sí mismo para llegar a otro lado. Creía que a otros podría llegar a interesarles todo lo que yo les contaba. No sé, creía en algo así como un &lt;em&gt;destino juvenil grupal&lt;/em&gt;. Creía en el concepto de &lt;em&gt;generación&lt;/em&gt;. Una generación, mi generación. Cambios, utopías y todas esas cosas. Ahora creo que son tan sólo unos pocos miembros de una generación los que enaltecen a toda esa generación a la cual pertenecen. Y todo esto visto con los ojos del futuro que miran al pasado que todavía no existe. De hecho, la posteridad ya no existe. La posteridad prometida es muy corta ahora. Es estúpido trabajar para una posteridad tan breve y tan corta. William Shakespeare sí podía pensar en una larga posteridad en la cual su obra sería leída y él continuaría vivo de algún modo, hablando eternamente en las hojas de los libros y atrás de los personajes. Pero ahora se sabe, casi con absoluta certeza, que la vida humana sobre el planeta Tierra será imposible dentro de no mucho tiempo; ¿cien años? ¿Doscientos años? ¿Quién sabe? Así que, la posteridad ya no es tan prometedora, y la lectura contemporánea de una obra que recién ha sido engendrada nunca puede ser tan conmovedora como la lectura que hace la posteridad de las obras buenas del pasado. Los escritores del presente no gozarán con esa promesa, la promesa de la lectura de su obra en la posteridad. Habrá que escribir como se estuviéramos en un pasado remoto, y entonces la gente del presente se convierte en la posteridad que lee esa obra. Hagan lo que quieran.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;La búsqueda no debe cesar hasta haber hallado lo que se busca&lt;/em&gt;. Emanuel Klodi&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Miércoles 7 de febrero&lt;br /&gt;(Por la noche)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La literatura es el arte de hacer hablar al ego, y si el zen es tan zen, no debería haber ningún libro acerca del zen.&lt;br /&gt;De dos frases surgió una, pero con el orden invertido; coloqué la segunda en el lugar original de la primera. Pero si arranca la máquina del ego, es peligroso porque se convierte en probable la posibilidad de quedar enredado en él. El ego es como la máscara del individuo. El portador de los traumas traumáticos o de las ilusiones más ilusorias… Los libros son escritos por egos, inclusive el ego de Eckhart Tolle cuando escribe sus propios libros. ¿Y qué, no se puede jugar por jugar? La función lúdica cortazariana… El niño grande, el niño grandote… Jugando con su juguete. Pero qué pronto se terminan a veces los juegos. Tomando mate y escuchando a Frank Sinatra… ¡Bah!, creo que es Frank Sinatra, estoy casi seguro. Y lo cómico es que todos duermen a estas horas, menos los grillos. Y yo quiero seguir bromeando cuando en realidad no tengo mucho para bromear, o sí… La contradicción andante, la duplicidad que persiste. Me dan más ganas de leer que de escribir. El sonido del piano me adormece. Escribo una oración cada tanto, y puede resultar ser un buen método.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Ah, insomnio…!; bendito y maligno insomnio…&lt;/em&gt; Emanuel Klodi&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Martes 27 de marzo&lt;br /&gt;(Por la tarde)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lenguaje es el rostro del cerebro; la fisonomía del pensamiento. El lenguaje es la apariencia externa de nuestro ser interno. Laberintos de espacios blancos entre cien millones de palabras. El lenguaje escrito es como la radiografía del pensamiento, y si se pudiera radiografiar el pensamiento, habría hojas impresas con lenguaje articulado; obras de arte adornadas con acentos y signos de pregunta. El lenguaje es la adicción que me mantiene encerrado en los días de lluvia, además de la lluvia. La lluvia te predispone para encerrarte, para jugar con el lenguaje y para tener fantasías sexuales. Es muy común que uno se excite cuando está lloviendo. Es muy común que, cuando está lloviendo, uno intente jugar con el lenguaje, o que uno absorba el lenguaje a través de la lectura de un buen libro, esos que escasean hoy en día. Pero ni el mejor libro puede describir lo mejor de la vida. Por eso yo había dejado de escribir. Me limité a conformarme con lo ilimitado de la vida y el juego eterno de la interpretación de la vida. Uno puede estar toda la vida interpretando la vida. Pero lo más lindo es el hecho en sí, y no la interpretación. La interpretación del hecho es para cuando el hecho está ausente, y ya fue pasado y ya será futuro. En algún momento se dará el hecho interpretado. Y mientras afuera llueve, en la tarde gris y un poco fría, yo gozo de la calidez de mi ambiente, mientras elaboro lenguaje creativo y lo perfecciono cada vez más según mi propia capacidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Jueves 19 de abril&lt;br /&gt;(En la madrugada)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí nadie me dijo que escribiera libros; me metí yo solo en problemas. Y hay un ideal que ya no tengo. ¿A quién se le ocurre ser escritor? Y a quien se le ocurre, no debería ocurrírsele; es una muy mala idea. No es muy entretenido ser escritor. Yo diría que es abrumador, un trabajo abrumador, una tarea inmensa, con diez mil cambios posibles. Los libros van sufriendo transformaciones en sus estructuras, hasta que en algún momento queda la forma definitiva de ese libro en particular. Pero para todo esto se necesitan años, muchos años, y el escritor también va transformándose, igual que sus propios libros. La transformación que el escritor experimente o padezca, determinará el curso de su obra futura, en el caso de que siga y continúe escribiendo. Como dije al principio; &lt;em&gt;hay un ideal que ya no tengo&lt;/em&gt;. O hay un ideal que ya no puedo perseguir, o que creo que no tengo fuerzas para luchar por él, por ese ideal de vida y de ser. Me quedé dormido corrigiendo, mecánica y automáticamente, textos míos del pasado, de años anteriores. Vuelvo a ellos recurrentemente, y no porque tenga ganas de hacerlo, sino porque &lt;em&gt;debo&lt;/em&gt; hacerlo, o porque yo me creo y me impongo ese deber. Es el deber obsesivo que surge de la necesidad de terminar y concluir algo que uno ya ha comenzado. No se puede dejar las cosas importantes &lt;em&gt;a medio hacer&lt;/em&gt;, a mitad de camino, guardando la tarea pendiente en un cajón o en un armario. Gustav Meyrink decía que esas cosas envenenan todo, como el olor que se desprende de un cadáver. El cadáver es lo pendiente no resuelto, la historia inconclusa, sin final. Un final que se extravió en alguna parte y encaró rápidamente hacia otro sitio, como una línea veloz. Lo malo es no saber qué fue lo que realmente pasó con todas esas cosas que ya pasaron… El escritor es un experto en nada, al igual que muchos cientos de personas que tampoco son expertas en nada. A lo sumo, agrandando las cosas, el escritor puede llegar a ser algo similar a un supuesto &lt;em&gt;experto del lenguaje&lt;/em&gt;, pero no más que eso. Entonces, ¿por qué a alguien podría ocurrírsele la idea de querer ser escritor? De chico yo pensaba que un escritor era alguien que escribía buenas historias de aventuras. Entonces me gustaba la imagen general que me hacía en la imaginación sobre los escritores. Yo lo resumía todo en la imagen del hombre aventurero que vivía y narraba sus aventuras o las de otros. Entonces era interesante pensar en ser alguien así; un aventurero que narraba aventuras, historias de aventuras. Después me di cuenta de que todo era más complicado y más aburrido. Y después conocí también, a través de las lecturas, a muchos escritores aburridos. Hasta llegar a la actualidad en donde ya casi no leo nada; ni a los aburridos ni a los divertidos –en realidad, hay muy pocos escritores divertidos—. Hasta me atrevo a decir que ya quedan muy pocos escritores pasionales, vitalistas y primitivos, en algún sentido. La pasión es lo que perdura. Lo pasional se mantiene intacto, ingresa a otra dimensión desde el momento en que es pasional. Me imagino, por ejemplo, que los diarios íntimos de Susan Sontag son pasionales. Hay un ser complejo y vasto transcribiendo con pasión aquello que va sucediéndole. O sea, tiene que haber, primeramente, autenticidad, y luego tiene que haber pasión –un ser auténtico es pasional—. Y después tiene que haber talento, también. Alguien que tuviera talento para elaborar lenguaje en cantidad, pero que careciera de pasión, tampoco podría llegar muy lejos. Yo soy un ser pasional, pero hay cosas que despiertan la pasión, y cuando esas cosas se ausentan, la pasión decrece o disminuye, por más que uno sea innatamente pasional por temperamento. El buen arte despierta las pasiones, como así también los seres pasionales despiertan pasiones en otros. Hoy en día hay escasez de buen arte. Las películas que hay en la cartelera de los cines, mayoritariamente, no son buenas. Uno no encuentra pasión en las películas que ve –yo no encuentro pasión en las películas que veo muy seguido en el cine—. Y ahora intentaré volver a la realidad –lo más fácil es irse de la realidad—. De en serio, che, qué costoso es volver a la realidad. Pero tengo que volver, tanto en la literatura como en el hecho de recobrar el protagonismo en las acciones diarias. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Todos estos fragmentos en prosa pertenecen a la quinta y sexta parte de mi último libro -que todavía no terminé de escribir- titulado &lt;em&gt;Los sucesos y los hechos. Una autobiografía en marcha&lt;/em&gt;. 2006 - 2007]&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-5108597107346437742?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/5108597107346437742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/5108597107346437742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/adelanto-exclusivo-para-el-lector.html' title='¡Adelanto exclusivo para el lector furtivo...! Escritos inéditos de un libro en progreso'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-5348733749511027106</id><published>2007-06-14T21:57:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:20:56.224-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>Fragmentos en prosa inéditos del libro titulado "La Gloria en el Ocaso", de Esteban Costa, el corresponsal colgado...</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Domingo 4 de diciembre de 2005&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Yo quiero abrazar mi causa, pero ella no quiere abrazarme a mí. Mi tragedia y mi enredo quizás se resuman en que sólo puedo contar lo que siempre conté. Más allá de todo eso, no hay nada para mí. Pero antes lo hacía convencido, sin temor ni vergüenza ni especulaciones ilusorias sobre el futuro de mi obra y los posibles lectores. Debo escapar de todo esto y lo haré, pero antes creo que me hundiré un poco más en el fango y en el lodo de este curioso lodazal… Es decir, volveré a ser fiel a mi destino y contaré lo que vi y viví y cómo lo vi y cómo lo viví. Si me callo muero, y si hablo, me matarán… De cualquier modo moriré; muerto en vida o asesinado. Me asesinarán de diversos modos, de varias maneras. Y todo eso porque han subestimado el poder y la influencia de este curioso arte de escribir palabras en un cuaderno. Se enojarán porque les robé su identidad. Los retraté como yo los vi vivos y caminando y hablando. Fui como un furtivo fotógrafo. Les saqué fotografías sin que ellos lo advirtieran, y por eso se enojarán. &lt;em&gt;¿Quién es usted para robarme mi ser, mi identidad?&lt;/em&gt; Disculpen, sólo eso podía hacer, sólo esto puedo hacer, y si no lo hago me muero de aburrimiento. Y ya basta, si después me cuelgan simbólicamente en una cruz, será por mi pecado idiota de decir siempre la verdad. Y por otro lado, amigos, por más que luego se enojen, yo aquí les daré vida, una vida que ustedes desconocen. Y por otro lado aún más lejos, tengo una obligación, la obligación de terminar un libro, y no me gusta para nada que las cosas queden a medio hacer. Lo siento. Iré volviendo de a poco, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sábado 10 de diciembre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suelta tu canto sin fijarte&lt;br /&gt;en los demás cantos,&lt;br /&gt;porque cada canto tiene su público.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Domingo 11 de diciembre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La danza debe seguir hasta en la agonía, y por eso los cobardes no obtienen la gloria. Y machacado el muchacho siguió danzando. La ficción de su realidad lo había atrapado. ¡Qué fuerte que era la película que había inventado! Estaba transitando el final de esa película. El personaje mutaba; todos mutaban para prepararse para la nueva película, pues así era siempre; cuando terminaba una película, comenzaban el rodaje de otra nueva. ¡Pero qué triste melancolía! El director de la obra miraba las fotografías del rodaje, la inigualable heroína, algunos personajes, unos primarios y otros secundarios, pero todos igualmente importantes en la obra. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Miércoles 15 de febrero de 2006&lt;br /&gt;(En la madrugada) &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;El viejo García&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una idea polémica que escuché decir el otro día en un extraño documental. El tipo, barbudo y fumador, de barba gris reseca y panza dura e inflada, tapada por una camisa a cuadros, dice algo así, todo con voz ronca: &lt;em&gt;El adicto a la nicotina es tremendo. Lo digo con conocimiento de causa y humo…&lt;/em&gt; –y tira una bocanada de humo y se ríe como un viejo pícaro—. &lt;em&gt;El tipo puede ser artista, o lo que ustedes quieran, pero si le quitan los cigarrillos, su droga, está liquidado. Es casi una contradicción o una paradoja, pero es así, créame, yo lo he visto. He conocido a un escritor un poco mediocre de un barrio de los suburbios, o de la zona suburbana, vio, pero era escritor, es cierto, había escrito cientos de poemas el viejo García; pues así se apellidaba. Pero no era Rogelio García Lupo, eh…&lt;/em&gt; –y se ríe de vuelta—. &lt;em&gt;Era un tipo bueno, normal, de clase media baja, y casi siempre estaba encerrado en su casa vieja del barrio. Era viudo el pobre García. Y ya estaba calvo y gordo, y encima era petiso, y además el poco pelo que le quedaba era de color blanco, bien blanco, y tenía ojos bien celestes, quizás ése fuera el encanto de García, porque su difunta mujer, la señora Elsa, era realmente hermosa. No era sensual Elsa, pero si uno era un buen observador, podía darse cuenta que debajo de esos insulsos vestidos de vieja que se ponía había curvas armoniosas, y un buen culo también… ¡Y qué le vamos a hacer! Pobre García. Ojo, yo nunca intenté nada con Elsa, ya que era casi inmaculada para García. Pero ella siempre me miraba de un modo especial, quizás me quería porque sabía innatamente que yo quería de veras al viejo García. Y en el barrio casi nadie hablaba con él. Y creo que yo fui el único del barrio a quien García le leyó sus poemas. A él le gustaba el mate, y a mí también, claro. Así que la yerba, la yerba mate, nos unió. A mí siempre me gustó leer el diario, las revistas, quizás algún libro si encontraba alguno por ahí, pero desde el día en que conocí a García descubrí otro mundo, otra realidad que yo jamás creí que algo así podía existir en medio de ese barrio tan normal y común. Ahí comencé a leer, y empecé, también, a comprender a García más ampliamente y con mayor conocimiento de causa. El viejo había sido impresor, pero yo lo conocí cuando ya estaba jubilado, de modo que ya no trabajaba. En síntesis, esto se hace muy pero muy largo. Los médicos le habían dicho terminantemente que debía dejar de fumar, y eso lo mató, no literalmente, claro está, porque siguió viviendo, pero lo mató espiritual y emocionalmente. El viejo García no podía concebir la idea de leer o escribir poemas sin fumar cigarrillos, no podía, por más que lo intentara una y otra vez. ¿Y qué hizo? Dejó de fumar, pero también dejó de leer y escribir. Ahí fue cuando comenzó el exilio de su propia casa instalándose para siempre en la puerta junto a la vereda. Se sentaba en una banqueta común y corriente, de color oscuro, no lo recuerdo bien. Quizás fuera azul o verde oscuro. Apoyaba su espalda en la blanca pared de la puerta de la casa, y ahí se quedaba horas y horas y horas. No hablaba con nadie, salvo conmigo, de manera que casi nadie en el barrio sabía la verdadera historia del viejo García. Si a usted, que está grabando mis palabras, se le ocurre publicar esto en algún lado, aunque no creo que le interese a nadie, bueno, los lectores se enterarán, al fin, quién era García. Yo quise rescatarlo de aquel estado, pero él se había convertido en una especie de enfermo autista, sin mover la cabeza como un autómata ni nada de eso, pero era un autista a su manera. Era viudo y no podía fumar, y si no podía fumar, no podía leer ni escribir; era una verdadera tragedia. García murió, finalmente, unos dos años después, a los setenta y tres años. Pero murió porque volvió a fumar cigarrillos y le explotaron, prácticamente, los pulmones. Yo me siento, aún hoy, un poco culpable de su muerte, pero por otro lado me siento muy feliz por lo que hice en aquel momento de desgracia en la vida de García. Claro, un día me cansé y le dije:&lt;/em&gt; García, déjese de joder, ¡pero por favor…! No lo puedo ver así como si fuera un muerto en vida. Prefiero verlo vivir auténticamente y que después se muera como es debido. Por favor. Ya basta, ¿cuánto tiempo piensa estar aquí sentado viendo el transcurrir insípido de este barrio? Por favor, léame algo, vayamos adentro, al patio, pongamos la pava a calentar y tomemos unos mates bien ricos y bien calentitos… ¿Se acuerda del invierno pasado? Usted me leía poemas de Amado Nervo. Fume, por favor, fume. Yo le convido, mire qué cigarrillos estos, son Camel, los que a usted le gustaban, ¿se acuerda del aroma, del olor, de la nicotina calmando sus ansiedades y a la vez excitándolo? ¿Se acuerda? Fume, lea, escriba. ¿No piensa escribir más? ¿No va a limpiar más su biblioteca? ¿No la iba a donar al barrio para que los pibes leyeran algo en sus desdichadas vidas? Vamos, García, qué le pasa. Fume, y si tiene que morirse, pues muérase. Quizás encuentra a Elsa allá arriba. Quizás lo esté esperando con esos lindos vestidos de tela veraniegos que ella usaba, ¿se acuerda? Vaya adentro, hombre, agarre una lapicera y escriba el mejor poema dedicado a Elsa. Esta salud que usted cree tener ahora no es salud, los médicos le mienten. Fume, agarre uno… &lt;em&gt;El hombre barbudo extendió su mano con el paquete de veinte cigarrillos con la pequeña tapa abierta. García lo miró desde su banqueta muy extrañamente. Sus ojos celestes derramaban y emanaban melancolía. Una meditativa tristeza se apoderó de él. Levantó su mano derecha y tomó un cigarrillo del paquete. Lo encendió con la punta del cigarrillo encendido del hombre barbudo.&lt;/em&gt; Bien –&lt;em&gt;dijo García&lt;/em&gt;— vayamos para dentro. &lt;em&gt;Desde ese día no paró de fumar hasta su muerte. En las primeras semanas de la nueva etapa de vida que había escogido comenzó a limpiar su inmensa biblioteca, una biblioteca compuesta por dos mil ochocientos cuarenta y cuatro títulos. El inventario detallado de los libros de su biblioteca era una de las más fuertes obsesiones de García. Tardaba semanas y semanas en limpiar todos los ejemplares; uno por uno. García decía que era una lucha y una batalla despiadada contra el maldito polvo.&lt;/em&gt; El polvo hay que echarlo afuera todos los días –&lt;em&gt;decía&lt;/em&gt;—. &lt;em&gt;También era un poco sabio el viejo García, pero es verdad que a nadie le interesaba su supuesta sabiduría. Y entre los cuadros con las fotografías en blanco y negro de Elsa en su juventud, el viejo limpiaba con paciencia y maestría. Entre mates y tangos de Astor Piazzolla el viejo desempeñaba perfectamente su papel. Yo, el hombre barbudo, he ido a visitarlo muy seguido en sus últimos meses de vida. Le llevaba paquetes de cigarrillos y paquetes de yerba Rosamonte, la que le gustaba a García y a mí también. Al final, el viejo había ordenado todo; la biblioteca, que ocupaba varios muebles repletos de libros, relucía, era una perfección casi total, un orden sublime y casi sagrado, con olor a viejo y a historia. Murió solo; le agarró un colapso y no pudo respirar más. Pero antes de todo eso dejó impresa una colección con ochenta poemas suyos. La dedicatoria, oportuna, decía:&lt;/em&gt; A Elsa, que pronto volveré a ver.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;[Todos estos fragmentos en prosa pertenecen a la quinta y sexta parte de mi décimo libro titulado &lt;em&gt;La Gloria en el Ocaso. El libro secreto y una cruzada contra el tiempo&lt;/em&gt;. 2005 - 2006] &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-5348733749511027106?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/feeds/5348733749511027106/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5932475090965186647&amp;postID=5348733749511027106&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/5348733749511027106'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/5348733749511027106'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/fragmentos-en-prosa-inditos-del-libro.html' title='Fragmentos en prosa inéditos del libro titulado &quot;La Gloria en el Ocaso&quot;, de Esteban Costa, el corresponsal colgado...'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-8036513245377658079</id><published>2007-06-14T21:49:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:29:12.959-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>Pequeño relato sobre una mujer morocha y un muchacho</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Sábado 15 de octubre de 2005&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el arte creativo de escribir hay que revolucionarse constantemente. Y revolucionarse, principalmente, contra uno mismo, contra las propias reglas literarias de uno mismo. Quiero decir, no olvidarse de que la posibilidad de mutar, de cambiar y de transformar, existe siempre y en cada nuevo minuto o nuevo día. Hoy puedo hacer como si yo nunca hubiese escrito nada y hablar con una voz desconocida para mí. Es un cambio. Grande o pequeño, importante o intrascendente, pero es un cambio. Me levanté, me cambié la remera, y en vez de salir a la calle vestido de color azul, escogí para hoy el color bordó, un rojo hecho más espeso y menos vivo por una tonalidad parecida a la sangre coagulada. El cambio existió, y una vecina lo notó. Lo paró en la esquina y le preguntó: &lt;em&gt;¿Por qué usted hoy no se ha vestido de azul?&lt;/em&gt; El joven, que nunca había hablado con la vecina a pesar de verla casi todos los días, le respondió meditabundo: &lt;em&gt;No sé si mi respuesta la conformará, pero estaba leyendo un texto de Antonio Tabucchi y decidí cambiarme la remera&lt;/em&gt;. La vecina le dijo: &lt;em&gt;No entiendo a qué se refiere y no sé quién es Antonio Tabucchi, pero le diré que el color bordó le sienta bien.&lt;/em&gt; El joven miró a la vecina; no estaba mal. Era alta y corpulenta, de pelo negro ondulado y pechos grandes. Vestía sencillamente; una pollera larga de tela liviana y una musculosa con escote provocador debajo de un chalequito que parecía artesanal y tejido por ella misma o por su anciana madre que también vivía ahí. La vecina lo invitó a entrar a su casa. El joven no era ni muy sociable ni muy conversador. Se sentó casi pálido y tembloroso en una silla de madera. La vecina preparaba dos tazas de té rojo y fuerte de espaldas al muchacho, que tranquilo y tímido comenzaba a observarla con otros ojos, otra mirada, una mirada que se dirigía casi distraídamente hacia la cola y la cintura de su vecina grandota. Podía ver detrás de la pollera liviana una bombacha tradicional de color blanco. Al voltear inesperadamente la vista hacia atrás, la vecina notó las intenciones secretas del muchacho en su mirada. Este le sonrió con timidez y ella le devolvió la sonrisa con una expresión de mujer entendida en cuestión de deseos sexuales. Volvió a la mesa con una bandeja pequeña de plástico con las dos tazas de té. Se sentó al lado del muchacho, a la derecha. La mesa era pequeña. El barrio, detrás de las cortinas y las ventanas, se veía límpido, fresco, tranquilo; quizás de vez en cuando pasaba un camión o se oían las voces de las chicas que habitualmente andaban por ahí. El joven se sintió casi aprisionado, acorralado, pero no deseaba irse ni tampoco tenía miedo, tan sólo una tensión provocada por aquella avasalladora mujer. Él tomaba el té agarrando la taza blanca de porcelana con su mano izquierda, y su mano derecha reposaba casi inerte entre él y la mujer. La anciana madre bajó unos escalones de la escalera; intercambió dos o tres palabras con la mujer morocha y exuberante, y volvió a subir metiéndose en una habitación del primer piso. El joven pensaba en cualquier cosa. No hablaba. No emitía sonido alguno, y ella tampoco. La mujer posó intempestivamente su mano grande de delicados contornos sobre la bragueta del muchacho, que en ese instante se sintió como invadido pero instintivamente se recostó hacia atrás, apoyándose completamente en el respaldo de la silla, alzando la vista hacia el techo y uniendo su nuca a la espalda. Mientras ella lo acariciaba lentamente haciéndole cosquillas con sus uñas, él miraba gozoso y en silencio la lámpara del comedor. De un patio vecino se oía una antigua canción triste. Las tazas quedaron quietas y con su contenido por la mitad. Y ella seguía y seguía, cada vez más, con un ritmo cada vez más rápido, aunque no violento ni caótico. Era el ritmo que le dictaba el jadear silencioso del muchacho con sus ojos desorbitados de placer. La miró de reojo, rojo su rostro de calor, faltaba poco, muy poco… Ella le sonrió y aceleró el ritmo un poco más, él acercó su rostro al de ella y la besó como pudo, casi mordiéndole los labios y en una posición incómoda, y ahí, en ese momento, el joven frunció los músculos de sus muslos, se deslizó un poco de la silla y desparramó gozosamente su blanco líquido sobre la mano de su vecina. Cerró los ojos y exhaló una respiración larga que venía conteniendo por algún motivo… Y así cansado vio cómo ella se levantaba y se dirigía al pequeño baño de la casa. El viejo pelado de la esquina, un cuarentón esquivo y callado, vio cómo el muchacho extraño del barrio se despedía de la morocha exuberante con un amistoso saludo en la puerta de la casa de enfrente. Se preguntó, pensativo, qué haría allí ese joven, puesto que nunca hablaba con nadie. El joven se dirigió caminando hacia la otra esquina, y la mujer morocha saludó al viejo pelado con una sonrisa típica de vecina y un gesto amable con su mano, la misma mano que había trabajado con diligencia y maestría para darle placer al joven que ese día había cambiado de color. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Este pequeño relato pertenece a la quinta parte de mi décimo libro titulado &lt;em&gt;La Gloria en el Ocaso. El libro secreto y una cruzada contra el tiempo&lt;/em&gt;. 2005 - 2006]&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-8036513245377658079?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/feeds/8036513245377658079/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5932475090965186647&amp;postID=8036513245377658079&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/8036513245377658079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/8036513245377658079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/pequeo-relato-sobre-una-mujer-morocha-y.html' title='Pequeño relato sobre una mujer morocha y un muchacho'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-491999498447567990</id><published>2007-06-14T09:54:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:23:16.947-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>El extraño caso del mestizo petiso</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;em&gt;¡Habla francamente! ¡Habla sin afeites, ni arrequives! ¡Habla para ser comprendido! ¡Comprendido, no por un grupo de delicados, sino por los millares, por los más simples, por los más humildes! ¡Y no temas jamás ser demasiado comprendido! ¡Habla sin sombras y sin velos, de una manera clara y firme, y de ser necesario, machacona, pesada! ¡Qué importa, si con ello estás más fuertemente sujeto al suelo! ¡Y si, para clavar mejor tu pensamiento, es útil que repitas las mismas palabras, repite, golpea, no busques otras palabras! ¡Que ni una palabra se pierda! ¡Que tu verbo sea acción!&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Romain Rolland&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Jueves 29 de septiembre de 2005&lt;br /&gt;(Por la noche)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Personaje! Loco personaje. Pienso; Walter Scott no era Walter Scott cuando estaba solo y era pobre. Hoy leemos su historia y nos parece fabulosa, aún con su pobreza encima y su aguda soledad constante. Leemos sus palabras y nos parecen maravillosas, pero a él no le parecerían tanto cuando las escribió solo y pobre. Los vemos –a todos esos ilustres difuntos— envueltos en gloria sólo porque muchos años han pasado. Pero nadie se imagina la locura interior de un cerebro creador. Cuando la madre ve la televisión, el muchacho creador trama las relaciones inauditas entre todos y cada uno de los libros que ha escrito. ¿Cómo va a interesarle un estúpido programa de televisión? Y pasé de Walter Scott a la televisión… Y sí, ¿qué más da? Yo no soy Walter Scott. Gracias a Dios si es que poseo, por lo menos, un poco de inteligencia y los sentidos despiertos. Aquí abajo, en el subdesarrollo, en la modernidad, en la actualidad, todo es realmente complicado, y hasta cierto punto, desastroso. Y miro las miradas de los retratos de Honorato de Balzac y de Pío Baroja. Este último me mira desafiante; me dice: &lt;em&gt;¿Qué sos, cobarde? ¿Sos incapaz de seguir una tradición? ¿Vas a abandonar la batalla y te vas a unir al rebaño que toda nuestra tradición ha odiado de algún modo? Amigo, que su sangre no se enfríe. Que la tradición siga viva en usted. Ya sabemos que está abrumado por las adversidades, todos nosotros hemos sufrido las adversidades, pero vea, amigo fiel, cómo nos han sido útiles las adversidades. ¿Qué seríamos todos nosotros sin las adversidades? Baratos triunfadores de la burguesía que reposa siempre en la medianía. ¡Enemigos! Siempre serán nuestros enemigos. Existe un justificado rencor de clase. Aquel que estuvo abajo, si no es un traidor, no se regodeará tranquilo estando arriba. Procurará no estar arriba como lo están ellos. Quizás esté arriba, en cierto sentido, pero lo hará de un modo muy distinto que el burgués. Al burgués ya no le importan los otros. Construyó su nido y ahí se escondió sin mirar alrededor. Nosotros, aún si en algún tiempo estuvimos arriba, siempre abogamos por el ascenso de los de abajo. Míreme, amigo. Nosotros siempre estaremos aquí, aún cuando usted se muera. Lo sobreviviremos a usted y a sus hijos y a los hijos de sus hijos… Quizás no tanto, pero que viviremos más que usted, eso es seguro…&lt;/em&gt; Y así me hablaba Pío Baroja recién con su mirada. Honorato de Balzac, en cambio, no me dice nada… Es un gordo melancólico e inteligente, sensible y hasta visionario en cierto sentido. Eso me dice su mirada. Y pienso que Baroja tuvo más relaciones sexuales que Balzac –otro dato más del análisis visual—. ¡Ay! Qué pena que no sé todo lo que me gustaría saber. Me gustaría ser un erudito como los de antes, pero sin hacer todos los sacrificios que esa erudición requiere… Sí señores, la inteligencia ha decaído. O quizás sólo sea que la inteligencia de ahora sea distinta a la de antes. Funciona bien en otra dirección; en la dirección tecnológica. Pero en cuanto a la erudición libresca todo se fue derrumbando. Las bibliotecas se hicieron más pobres en sus contenidos. Los libros se imprimían por millares y pocos de ellos decían algo valioso. Sí, es como un cuento infantil, como decir: &lt;em&gt;En aquella época todo estaba convulsionado, pocos entendían bien lo que sucedía, y a decir verdad, casi nadie entendía lo que sucedía en general. En esa tierra, en esa comarca, en ese pueblo, había una mezcla interesantísima de personas, pues todas ellas provenían de distintas razas, etnias, culturas y paisajes. Habían llegado en barcos a aquella tierra grande, fértil, vacía y despoblada. Los hombres se enamoraban de las mujeres y mantenían relaciones amorosas. Pronto comenzaron a nacer hijos y más hijos y más hijos, hasta que un día aquella tierra estaba llena de gente. Debido a la mezcla de razas, habían nacido mestizos de toda clase. Todos eran mestizos. Mezcla de una raza y otra. Y después transcurrieron como doscientos años. Y apareció un muchacho mestizo y petiso. La verdad es que estaba medio loco; esto lo decían y lo dicen, pero se ha corroborado en estudios psicológicos serios y confiables. Y el muchacho escribía libros. Muchos libros había escrito el muchacho, y más libros iba a escribir. Algunos dicen que lo hacía porque estaba aburrido, y como tenía afición a la lectura desde niño, bueno, se dedicó a leer, y luego, naturalmente, a escribir. Otros dicen que lo hacía porque era un vago y que le gustaba divagar y soñar despierto, y que esto era por cierta afición a cierta literatura china que engrandecía el ocio y la contemplación. Otros, insistían, decían que su gusto por el modo de vida oriental en cuanto a la tranquilidad y a la serenidad era un truco más para dedicarse a no hacer nada. Otros decían que era porque a veces fumaba marihuana y se colgaba demasiado en su pieza y que como lo único que tenía a su alcance eran libros, se dedicaba a leer, y luego, claro, a escribir. Y así circulaban las versiones en aquel barrio también repleto de hijos de inmigrantes. Eran los mestizos. Y otros, finalmente, esbozaban ideas más serias y más acabadas. Eran los que habían estudiado a fondo el caso –otros locos—, los que habían leído sus libros y habían analizado todas las indicaciones que él mismo había dejado confiando en la existencia futura de esos locos investigadores literarios; otra raza en peligro de extinción. Sabios que de tan sólo ver el lomo o la tapa de un libro podían adivinar en qué año había sido impreso, podían ordenar las bibliotecas de diversos modos y por diferentes motivos. Hasta podían ordenar a los autores según sus traumas psicológicos. Neuróticos por un lado, psicóticos por el otro, depresivos por aquí, ególatras y egocéntricos por allá, pervertidos sexuales aquí abajo en el otro estante, y así &lt;/em&gt;ad infinitum&lt;em&gt;. También lo podían hacer por clases sociales. O por país de origen o, en fin, por géneros literarios. Bueno, dos locos de esa índole y estirpe, se habían dedicado un tiempo a estudiar la obra del muchacho, después de todo, era una historia interesante. En estos tiempos, en donde pocos de esos sabios aún vivían, siempre se alegraban cuando les presentaban un caso de estudio que parecía interesante. Sabían que iban a poder husmear completamente en la intimidad de otro ser. Tenían a su disposición todo el material requerido; cartas, fotografías, revistas, dibujos, ropa del difunto, objetos personales, diarios íntimos, libros publicados, ediciones extranjeras y en diversas lenguas extrañas, la biblioteca personal, catálogos hechos por el autor haciendo inventario de sus libros y publicaciones, etcétera. Por lo tanto, siendo amantes innatos de todo esto, los dos locos y sabios investigadores literarios fueron a enfrentarse al caso del mestizo petiso de aquel común barrio de mestizos. ¿Y qué se encontraron? ¡Uf! Un montón de cosas. Pero ahora yo no me voy a poner a contarles todo lo que encontraron. Creo que aún hoy pueden encontrarse los libros del mestizo petiso. Y también el libro que fue el resultado de la investigación de los dos sabios en extinción. &lt;/em&gt;El extraño caso del mestizo petiso&lt;em&gt; se llamó el libro. En la portada publicaron una foto inédita del muchacho; y sí, era petiso. El libro relata la llegada a la casa del muchacho, una humilde casita de dos pisos. Desde afuera observaron los dos investigadores hacia la habitación que fuera el refugio del muchacho en tiempos de crisis, y también su estudio de trabajo literario, aunque los detractores continuaban insistiendo en que era un vago. El día de la llegada fue un día de lluvia, y en el barrio no había nadie. Los atendió un viejo sereno que cuidaba el hogar por encargo de vaya uno a saber quién, pero lo importante es que cuidaba la casa y mantenía el orden en la pieza que antaño fuera del muchacho. Ellos casi sabían con exactitud qué era lo que iban a encontrar, pues lo habían leído en las palabras autobiográficas del joven. Si no mentía, si no engañaba a sus lectores, entonces todo lo que él contaba tenía que estar ahí tal cual él lo había dicho en sus escritos. Los investigadores eran fanáticos de los cuentos del escritor estadounidense Edgar Allan Poe, y en esto sí se diferenciaban los investigadores del muchacho. Los gustos literarios no tenían casi nada que ver, aunque los investigadores respetaban y entendían y comprendían los gustos artísticos e intelectuales del joven petiso –y mestizo—. Entonces los investigadores tenían miedo, el viejo les parecía un poco extraño, y recordaron entonces un relato en donde el joven decía que el fantasma de su difunto padre vagaba libremente por las noches en la casa, y que de tanto en tanto, prendía y apagaba las luces. Y ya cuando subieron a la habitación del joven, todo terminó por volverse realmente fantástico. ¿Qué vieron? ¿Qué olieron? Olieron olor a marihuana –los investigadores también fumaban— y vieron las luces encendidas y a un joven sentado enfrente de su escritorio. Los dos tipos flacos y altos, con largos sobretodos azules o negros, se quedaron ahí mirándolo, y cuando el joven volteó la vista, vio dos cuerpos flacos con dos caras sumamente extrañas; una era la cara del gordo Honorato de Balzac, y la otra la de Pío Baroja, el escritor español y vago de profesión. Pero el joven pensó que eso ya era producto del cansancio. No vio más nada. Ni investigadores, ni gordos escritores, ni vagos escritores. Respiró cansado, afuera había lluvia y dos tipos flacos pasaron caminando en dirección a la esquina; vestían sobretodos. Scott había quedado tapado por otras cosas, otros libros, otras páginas. El cenicero tenía varias colillas apagadas de cigarrillos suaves. Filtros marrones aplastados. Pobre el mestizo petiso de la leyenda. Era un triste loco solitario como todos los representantes de la vieja y cómica tradición.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Este texto pertenece a la quinta parte de mi décimo libro, titulado &lt;em&gt;La Gloria en el Ocaso. El libro secreto y una cruzada contra el tiempo&lt;/em&gt;. 2005 - 2006]&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-491999498447567990?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/feeds/491999498447567990/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5932475090965186647&amp;postID=491999498447567990&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/491999498447567990'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/491999498447567990'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/el-extrao-caso-del-mestizo-petiso.html' title='El extraño caso del mestizo petiso'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-919395645425360890</id><published>2007-06-11T13:33:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:36:27.114-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Anotaciones sobre la película "Los Edukadores"</title><content type='html'>Jule no puede pagar el alquiler. Trabaja como camarera en un restaurante para ricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jan es amigo del novio de Jule; Peter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Jule la acaban de echar o despedir del restaurante donde trabajaba por proteger o defender a un compañero de trabajo que estaba fumando un cigarrillo en el sótano. Es de noche y se encuentra con Jan en una alta terraza de algún edificio de la ciudad. Peter, su novio, está de viaje por unos días. Jule y Jan beben una botella de vino tinto y conversan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jule:&lt;/strong&gt; ¿Por qué no me callaré?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; ¿Por qué? Hiciste bien en defenderlo (al empleado del restaurante).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jule:&lt;/strong&gt; Sí, claro. Pero necesito el empleo, ¿entiendes?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; No, no entiendo. Vas a todas las marchas contra la explotación y la opresión pero eres esclava de un millonario.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jule:&lt;/strong&gt; Esas marchas son inútiles.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; La rebelión es difícil ahora. Antes uno se drogaba y usaba el pelo largo y ya estaba contra el mundo. Lo que antes era subversivo, hoy se vende en las tiendas. Camisetas del Che Guevara, autoadhesivos anarquistas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jule:&lt;/strong&gt; Por eso no hay más rebeliones juveniles. Todos sienten que ya se ha hecho antes. Otros fracasaron antes. ¿Por qué no habríamos de fracasar ahora?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; En todas las revoluciones hay algo claro. Aunque fracasen, lo importante es que sobrevivan sus ideas. Y en las rebeliones personales también. Lo que resulta bien, lo que sobrevive en ti te hace más fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jule lo mira a Jan asintiendo con un movimiento leve de la cabeza, se sonríe ingenua, toma un trago de la botella, gira hacia el lado del precipicio donde se ve una larga avenida iluminada y le dice a Jan:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué dices? ¿Cuántos allá abajo piensan en la revolución?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; (Mirando el reloj) A esta hora, no muchos. Deben estar mirando la televisión.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jule:&lt;/strong&gt; Probablemente.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; La gente ve cuatro horas de televisión por día. ¡Cuatro horas!&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jule:&lt;/strong&gt; Terrible.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; No les queda tiempo para la revolución.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jule:&lt;/strong&gt; ¿Sabes? No encuentro mi lugar en esta sociedad. Pero ése no es el problema. El problema es que no encuentro nada en lo que creer realmente. ¿Tienes alguna idea?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jan:&lt;/strong&gt; Sígueme… (Y agarran sus mochilas y se van caminando por los techos del edificio).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cada corazón es una célula revolucionaria&lt;/em&gt;. Los Edukadores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Este fragmento de entrevista fue transcripto por mí y está incluido en la quinta parte de mi libro titulado &lt;em&gt;La Gloria en el Ocaso&lt;/em&gt;. 2005 - 2006]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-919395645425360890?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/feeds/919395645425360890/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5932475090965186647&amp;postID=919395645425360890&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/919395645425360890'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/919395645425360890'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/anotaciones-sobre-la-pelcula-los.html' title='Anotaciones sobre la película &quot;Los Edukadores&quot;'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-3663043960772034585</id><published>2007-06-10T22:01:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:38:26.685-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mi propia obra'/><title type='text'>La leyenda de Paul Reader Mixway</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Viernes 5 de noviembre de 2004&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Por la noche)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Una vez escuché cierta anécdota un poco fantasiosa. La anécdota decía que Somerset Maugham, el escritor y novelista inglés, se encontraba en un cuarto de una estación de trenes de un pueblo. Podemos pensar que era de noche, que había veladores en pequeñas mesas de madera fina de los bosques de Escocia. Podemos suponer que Maugham se pidió una copa de whisky con hielo. El ambiente olía a tabaco, a tabaco irlandés –si es que había tabaco en Irlanda—. Somerset vestía traje, un traje gris con líneas negras verticales. Usaba sombrero. Fumaba cigarrillos Camel importados de Estados Unidos. Era todo un lujo, pensaba él, fumar esos exquisitos cigarrillos, pero exquisitos no era la palabra adecuada, era muy general. Era un humo seco y contundente, casi herbal. Una hierba amarronada y seca. El tabaco y el whisky eran una delicia. La cuestión es que Somerset no llevaba nada excepto su billetera de cuero marrón importado de Australia. Quería leer, anhelaba profunda e inconscientemente leer algo, por Dios, leer tan sólo dos páginas memorables. No había libros en la Estación de Trenes de Bookstown. Era todo una paradoja, pensó, que él estuviera en el Pueblo de los Libros y no hubiera libros. Ni siquiera un ejemplar del insigne escritor y poeta rupestre; el legendario Paul Reader Mixway. Había escrito un opúsculo memorable, un libro de poemas selectos que él mismo vendió de pueblo en pueblo mientras duró su existencia. Era un legendario cowboy estadounidense. Las personas del pueblo conocían muy bien algunos de aquellos poemas de Mixway. Por ejemplo, había uno titulado &lt;em&gt;Fertilidad brotará de este tierra&lt;/em&gt;, donde decía: &lt;em&gt;Brotará como húmedo musgo / fértil, fresco y verdoso / brotarán alientos combativos / locuras inimaginables ocurrirán en las tierras del oeste / las tabernas se inundarán de whisky escocés / y tabaco estadounidense se fumará por doquier / a los tiros entablaremos la justicia / y el alcalde corrupto muerto caerá… &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Mixway había muerto asesinado por un comando clandestino de hombres a caballo con rifles, cuchillos y revólveres, pero antes de su muerte logró matar a tres de los principales caudillos políticos y corruptos de su pueblo. La mafia del lugar buscó la venganza y lo asesinaron de un tiro cobarde por la espalda. De todos modos, la historia continuó, porque doce jóvenes simpatizantes del accionar político de Mixway y de su obra poética cobraron con sangre la muerte del poeta. Subieron a sus caballos en un atardecer colorado y sangriento. Cargaron sus rifles y emprendieron el viaje. Hallaron prontamente a los cinco hombres que habían asesinado cobardemente a Mixway y se armó el feroz tiroteo. Sólo dos hombres murieron del grupo defensor de Mixway, y los enemigos cayeron secamente muertos en las tierras áridas de aquel pueblo. John Taylor y Charles Thompson fueron los caídos del bando vengador.&lt;br /&gt;Maugham, sentado en el cuarto de la estación recordaba toda esta heroica y apasionante historia. Fumó una pitada profunda de su Camel, tomó borrachamente un sorbo tibio de whisky igualmente tibio, ya que los hielos ya se habían derretido hace rato. Y Maugham no tenía nada para leer. Ni revistas ni periódicos extranjeros. Ni libros ni folletines ni panfletos; sólo había en el lugar una &lt;em&gt;Guía telefónica de Bookstown&lt;/em&gt;. Maugham, ya borracho después del quinto whisky en copa y después de haberse fumado seis cigarrillos, comenzó a leer la guía telefónica, y dice la anécdota, mundialmente conocida, que Somerset leyó completamente aquella guía cuatro o cinco veces mientras esperaba el tren de la mañana siguiente. Maugham y Mixway compartían una misma pasión; los libros.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;(Más tarde)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En otro pueblo cercano, The Blues Town, personas varias y diversas frecuentaban una taberna nocturna. Un músico joven siempre estaba tocando la guitarra; una guitarra criolla, por cierto, importada desde la Argentina lejana en tiempos de amistades Anglo-Argentinas. Tocaba blues o un rock and roll suave, armónico en su lentitud. Todos bebían ricos vinos tintos, también importados de las provincias argentinas de San Juan, La Rioja, Salta y Mendoza.&lt;br /&gt;La taberna, llamada Rock and Blues Tavern, ubicada sobre la Lincoln Street y Nueva Inglaterra, se prestaba para toda clase de situaciones, sucesos y fenómenos sociales. Era sabido que los sociólogos –y hasta los antropólogos— se entretenían estudiando la &lt;em&gt;Historia de The Blues Town&lt;/em&gt;. Allí había crónica e inventario detallado de todas aquellas locas peripecias y travesías. Historias de amores; todo flotaba en el ambiente musical de la ebria taberna. Esa noche, un extranjero, un bárbaro de los pueblos del oeste estadounidense traía consigo un ejemplar de &lt;em&gt;Selected Poems by Paul Reader Mixway&lt;/em&gt;. Abrió en la página veinticuatro del extraño ejemplar rústico y leyó: &lt;em&gt;Arena he removido con el andar de mi caballo / bares revoltosos he frecuentado / riñas por causas diversas he combatido / pero a los descendientes de los linajes bárbaros de nuestros pueblos yo digo: vivan, vivan con valentía y coraje estos tiempos de miradas, aventuras, paisaje y sol / acaricien los brillos tenues de las sombras de la luna / entiendan el mensaje cifrado entre las ramas de los esqueléticos y fantasmagóricos árboles desplumados y raquíticos / ¡trepen, trepen a los árboles y miren ampliamente desde las alturas! / Contemplad todo, debéis hacerlo si deseáis comprender la rapidez y la fugacidad de todo lo existente / Venid a esta taberna, oíd los cánticos primitivos de sabiduría de pueblo, de este pueblo de bárbaros sensitivos y de salvajes justicieros…&lt;/em&gt; El bárbaro, bebiendo vino y con gestos de sabia resignación, cerró el ejemplar rústico del libro, lo colocó con destreza en su bolsillo de cuero del lado derecho y se marchó de la taberna. El relinchar de los caballos dejó atónitos a todos los huéspedes de la taberna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sábado 6 de noviembre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo comenzó con una nota extraña en la parte superior de la hoja de un periódico. Decía así el fortuito hallazgo: &lt;em&gt;Gregory Arlington (1888 - 1970) Historiador autodidacta e investigador solitario. Uno de los mayores conocedores de la obra de Paul Reader Mixway&lt;/em&gt;. Que él supiera, nadie podía conocer la obra de Paul Reader Mixway. Sólo había noticias de aquel opúsculo; &lt;em&gt;Selected Poems&lt;/em&gt;, pero ni siquiera se sabía a qué libros pertenecían aquellos poemas de índole profética. Todo era un misterio demasiado lejano como para intentar asirlo. El siglo XXI era distinto, pensó él. Parece ser que Arlington vivió mucho. Ochenta y dos largos años. Podría ser inglés o estadounidense, pero él pensaba que la segunda opción era la acertada. ¿Qué clase de loco podía dedicarse a estudiar la obra de Mixway? Sólo existía el mito y la leyenda. Tabaco, sombreros de ala ancha, disparos, whisky y poemas. Nadie le prestaba atención al aspecto político de la leyenda, pero a él sí le llamaba poderosamente la atención el aspecto revolucionario y justiciero de Mixway. Después de todo, había asesinado a tres hombres. Pensó el joven que Mixway debería ser uno de los pocos casos de la historia en que un asesino es tan querido y tan amado. Y también estaba el dato curioso de esos dos pobres jóvenes que murieron cuando fueron a vengar la muerte del poeta político. Arlington tiene que haber estudiado todo esto, todo, absolutamente todo; pero ¿dónde conseguiría él los libros de Arlington si es que el investigador había dejado alguno? Como siempre, el joven descuidaba su vida y se metía en esos embrollos históricos que no le aseguraban nunca esclarecer el caso, es más, casi siempre todo se oscurecía más y más a medida que iba recabando más información al respecto. Arlington debería ser pobre, pero muy inteligente y sagaz. Decidió avanzar. Mixway vivió su vida en pleno siglo XIX, y sabemos que transcurrió en algún pueblo del oeste o del medio oeste norteamericano. Estableceremos fechas para dejar, de una vez por todas, cerrada esta historia. Seguramente vayamos encontrando poemas, frases y ensayos del propio Mixway. Hubo un bibliófilo amigo mío que más tarde me proporcionó lo que consideré una joya reluciente y valiosa. Así se titula mi joya: &lt;em&gt;Misterio, pasión, política y literatura en la vida de P. R. Mixway&lt;/em&gt;. La academia fue, es y será enemiga de esta versión única de Gregory Arlington. Juan Carlos Grossman, el bibliófilo y librero anticuario, no me proporcionó más datos que el ejemplar, pero sí me advirtió que Arlington puede ser también alguna invención de algún descarado aburrido… De todos modos, lo que nos interesa, es saber más acerca de Mixway. Arlington dice que Mixway fue asesinado a los treinta y cuatro años de edad, que su historia no fue tan popular como la de Billy The Kid o la de Jesse James. Gregory nos advierte que nos estamos enfrentando a otra clase de historia. Mixway no sólo era un cowboy o un bandolero del oeste; primero, y antes que todo lo demás, era un pensador refinado y un poeta místico religioso. Tendríamos que remitirnos a su obra. Arlington dice que Mixway escribió diez libros que organizó en tres trilogías y una obra suelta. Podemos suponer que el plan literario del poeta era más vasto y más complejo, y que la obra suelta probablemente sería la primera de una cuarta trilogía que el asesinato frustró. El primer libro lo escribió a los veinte años, y se llamó &lt;em&gt;Cabalgando llanuras&lt;/em&gt;; el segundo lo escribió a los veintiún años y se llamó &lt;em&gt;Uniendo pueblos&lt;/em&gt;, y el tercero lo escribió a los veintidós años y se llamó &lt;em&gt;Jessica&lt;/em&gt;. Este último libro narra una historia de amor con una joven de dieciocho años, y en ese libro Mixway utilizó el seudónimo de Mark Dickinson. Jessica se llamó Jessica en la realidad. La unión de los tres libros en una trilogía es lógica y hasta ingenua si entendemos adecuadamente el proceso de escritura y las peripecias y aventuras del joven Mixway. La trilogía se tituló &lt;em&gt;Salvaje rebeldía en el árido oeste&lt;/em&gt;. Sabemos que Mixway sólo conoció a su padre, Robert William Mixway, durante los cuatro primeros años de su infancia y que luego su padre se marchó para nunca más volver. Su madre, Erika Henzell, vivió más que su propio hijo, pero el joven Mixway partió muy pronto en busca de su destino… Justamente allí comienza su aventura, relatada básicamente a través de los poemas en prosa de &lt;em&gt;Cabalgando llanuras&lt;/em&gt;. En su segundo libro, &lt;em&gt;Uniendo pueblos&lt;/em&gt;, ya comienza a escribir en prosa, pero todavía no se utiliza a sí mismo como protagonista de sus libros. Es en el tercero, &lt;em&gt;Jessica&lt;/em&gt;, donde inventa su propio seudónimo y se decide a contar la historia de amor y sexo con esa hermosa joven de aquel pueblo donde finalmente se demoró y se quedó seis meses, justamente el lapso intenso que duró su amorío. Siendo él un aventurero no podía quedarse tan pronto a vivir fijamente en un pueblo; quería conocer el mundo, habitarlo, recorrerlo, experimentar cambios y transformaciones y continuar andando. A los veintitrés años escribe un largo ensayo sobre asuntos literarios; &lt;em&gt;Por una voz propia&lt;/em&gt;, donde exige insolentemente una voz propia para las incipientes letras estadounidenses. Se perfila el intelectual polémico, prepotente, no siempre bien informado, pero valiente por su desfachatez. Muy pocos le prestan atención. Para todos era simplemente uno más de todos aquellos vagabundos aventureros que proliferaban en aquel entonces en aquellas tierras. Sí lo consideraban talentoso y creativo, pero todo dentro de la imagen global que era la de un joven viril e inquieto con ansias de ser escritor. Se emborrachaba a menudo, y muy rara vez hablaba de su familia. Poseía una extraña belleza, y a pesar de tener varias secretas admiradoras, rara vez entablaba relación seria con alguna mujer. Sí tenía sexo con prostitutas en los burdeles de los diferentes pueblos. A los veinticuatro años escribió, quizá, su obra más memorable; &lt;em&gt;Cuatro jinetes en el ocaso&lt;/em&gt;. Mixway tenía fieles compañeros de aventura, y ya eran temerarios. Thomas Henderson, Walter Adams, Scott Browning y Henry Lidcliffe eran sus novelescos nombres. Mixway es el quinto jinete, pero el libro es un canto a sus fieles amigos. Interminables cabalgatas sobre montañas, campamentos precarios en las orillas de algún caudaloso río. Después de haber andado y haber recaudado una suma de dinero considerable, los cuatro jinetes y Mixway fundan y abren al público la Horses &amp; Whisky Tavern, un tugurio pequeño en un pueblo igualmente pequeño. El nombre del bar va a ser el nombre del sexto libro de Mixway, escrito a sus veinticinco años de edad. A esta segunda trilogía Mixway la llamó, sencillamente, &lt;em&gt;Recrudeciendo&lt;/em&gt;. El joven se curtía, se ensuciaba, se hacía hombre y adulto, pero cuanto más él pudiera retrasar este proceso, mejor. Arlington es mucho más extenso que yo al narrar todo este largo período, pero tendríamos que remontarnos a algunas palabras del propio Mixway, a un poema titulado &lt;em&gt;Cielo celeste, río azul&lt;/em&gt;, de su primer libro &lt;em&gt;Cabalgando llanuras&lt;/em&gt;. Dice así: &lt;em&gt;De inteligencia me han dotado / mi feo y sucio padre ha partido / mi bella madre llora su llanto de tristeza veraniega / yo parto a caballo / amigos encontraré entre los valles, y quizás alguna mujer / mi instinto literario yo solo lo he hallado / y escribiré esta historia que nadie puede contar / para la posteridad dejaré mi sangre / aliada será la naturaleza / emprenderé revueltas para divertirme / tengo noticias de excelentes literatos del otro lado del Atlántico / pero sólo yo puedo describir este paraje / es posible que nadie lea lo que yo escribo / me creen tonto o idiota o loco / pero yo sé que como celeste es el cielo y azul el río, mi tinta es auténtica tinta&lt;/em&gt;. En el largo ensayo titulado &lt;em&gt;Por una voz propia&lt;/em&gt; agrega: &lt;em&gt;Debemos hacer honor a estas tierras. ¡Jóvenes poetas bandoleros! ¡Ayudadme a derribar barriles! De este continente nuevo, fresco, vital y vivo debe surgir el matiz del que carece la vieja Europa. Enseñémosle cómo se ve el suelo cuando anda veloz el caballo, enseñémosle cómo cruje la seca madera con los grandes clavos metálicos. Enseñémosle nuestras bellas ninfas de los orgiásticos festines de los burdeles. Enseñémosle nuestra espiritualidad primitiva echa de fidelidad y mutuo acuerdo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;A los veintiséis años escribió &lt;em&gt;Corrupta anarquía&lt;/em&gt;, una denuncia de la corrupción en el pueblo en donde habían instalado su bar; a los veintisiete años escribió &lt;em&gt;Insólitas agrupaciones&lt;/em&gt;, una crónica bastante detallada de cómo él y su grupo buscan secretamente alianzas políticas e ideológicas para derribar a aquellos hombres que entorpecían su libre accionar. Entre los veintiocho y los treinta años se inició en el cuento y en el relato breve. De esa vocación espontánea surge &lt;em&gt;Furias contemporáneas y otros cuentos&lt;/em&gt;. La vida de Mixway no era nada grandilocuente ni sobrenatural. Era una vida igual de normal que la de sus cuatro fieles amigos que hasta ese entonces se mantenían bastante unidos a pesar de que cada uno tenía su propio ritmo de vida y sus propias historias. La única diferencia era la pasión que Mixway tenía por la literatura y su capacidad innata para elaborarla prolíficamente. &lt;em&gt;Certeros disparos para cerrar un pacto&lt;/em&gt; es su última obra. La terminó, por suerte, antes de ser asesinado. Hay que tener en cuenta un dato básico y predominante en toda la historia de Mixway. Él sabe lo que va a hacer, pero nunca es del todo explícito en la exposición de sus secretos planes. Sabe que en algún momento va a asesinar a esos tres caudillos odiados por él desde que trabajó en la taberna. Hasta ese entonces nunca había asesinado a nadie, solía herir a sus oponentes en las piernas o en los brazos, pero los dejaba con vida. En cambio los otros, Henderson, Adams, Browning y Lidcliffe eran asesinos consumados. La última trilogía de Mixway se llamó &lt;em&gt;Crónica desesperada de un futuro desenlace&lt;/em&gt;. Gregory Arlington resume: &lt;em&gt;Mixway asesinó y fue asesinado. Escribió y no fue leído. Nació para cerrar un pacto. Fue un niño dolido que partió de viaje y no encontró el amor, salvo el romance con Jessica. Su madre sufrió siempre por su rebelde e inquieto hijo. Sus amigos envejecieron leyéndolo y descubriéndolo, y a través de su prosa, descubriéndose a sí mismos también. Fue un justiciero anónimo. Hizo temblar a los mafiosos, pues dejó en herencia violentos y activos simpatizantes. Un cowboy enloquecido por el sol en los atardeceres. Un muchacho lúcido limpiándose la cara en un río fresco, haciendo el amor sin amor con prostitutas, fumando tabaco, bebiendo whisky y escribiendo eternos y memorables poemas. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Domingo 7 de noviembre&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;No querrá Gregory Arlington terminar aquí toda esta cuestión… Así, sin más, como si sólo se tratara de algo insignificante. Ahora mi curiosidad es excesiva y no quiero volver al siglo XXI, sino que me quiero quedar allí con todos ellos –me refiero a los extraños personajes que fui y que fuimos conociendo a través de la investigación—. He hallado un dato preciso; Mixway nació el 28 de marzo de 1814 y fue asesinado el 24 de octubre de 1848. He hallado también un viejo y gran mapa de los Estados Unidos. Contiene además testimonios de exploradores y aventureros de aquella época. Hay de antes del nacimiento de Mixway y de después de su muerte, pero lo importante es que hay muchas frases de contemporáneos de Mixway. Aquí hay un pasaje que dice: &lt;em&gt;En ese entonces, él&lt;/em&gt; –John Jacob Astor— &lt;em&gt;quería que yo lo ayudara a contratar hombres para su expedición a las montañas Rocallosas, cosa que hice después de recibir instrucciones acerca de los lugares en los que era más probable encontrar hombres (…), cantinas y otros antros de vicio.&lt;/em&gt; Este pasaje pertenece a Jedediah Smith, que recuerda así el año 1822. Otro testimonio, esta vez de John Bidwell y recordando su viaje de 1841, dice así: &lt;em&gt;Nuestra ignorancia con respecto a la ruta era total. Sabíamos que California quedaba al oeste, y hasta allí alcanzaba nuestro conocimiento&lt;/em&gt;. Me he enterado, en el curso de mis recientes investigaciones, que hubo un historiador llamado Merrill J. Mattes, &lt;em&gt;eminente historiador del río Platte&lt;/em&gt;. Paul Reader Mixway nació en Denver, en las orillas del río Platte del Sur. Mattes menciona la existencia de &lt;em&gt;un joven bandolero que escribe poemas&lt;/em&gt;. Es probable que Mixway, cuando partió de su casa materna, haya ido hacia el norte para luego tomar la ruta a California, hacia el oeste. Eso tiene que haber ocurrido en 1834 aproximadamente, ya que &lt;em&gt;Cabalgando llanuras&lt;/em&gt;, escrito a sus veinte años, corresponde a su partida y sus primeras aventuras. Sin embargo, la Gran Migración todavía no se había producido, por lo que podríamos decir que, en cierto sentido, Mixway fue un pionero. Es lamentable que no contemos con todos los documentos necesarios para entender mejor el contexto político y social de aquella época, pero Mixway da indicios de su ruta y su camino en los poemas, donde suele nombrar el Río Sweetwater, la Roca Independence –donde es probable que haya dejado grabado su nombre—, El Gran Lago Salado, el Desierto del Gran Lago Salado, el río Humboldt, el Lago Tahoe y los pueblos de Sacramento y San Francisco, donde finalmente fue asesinado en 1848, cuando ya eran muchos los migrantes que iban llegando. Podemos suponer que Mixway y los jóvenes amigos suyos simplemente vagabundeaban y cometían algún asalto a viajeros despistados y desprovistos de armas de fuego o con armas pero sin preparación en la técnica del tiro y el disparo. Parece ser que evitaban conscientemente algún posible encuentro con los indios. No hay rastros de eso. A Mixway los indios ni le importaban ni le molestaban. Él estaba en otra cosa. Merrill J. Mattes, refiriéndose a los indios dice: &lt;em&gt;Los indios aún no comprendían que la migración era el preludio de su caída&lt;/em&gt;. También habría que destacar que muchos de los viajeros que migraban hacia el oeste, hacia California, solían escribir los diarios de sus travesías, convirtiéndose en escritores de ocasión movidos por tan desmesurada aventura. En ese contexto, no llama la atención que Mixway escribiera libros autobiográficos semejantes a los diarios de viaje de los migrantes. Un historiador contemporáneo alude a las inscripciones dejadas por los migrantes en la Roca Independence –Wyoming—: &lt;em&gt;Ya solo al pie de la roca, traté de imaginar esos tiempos de carromatos antes de los tractocamiones de cinco ejes y de los estacionamientos pavimentados; traté de imaginar a Thomas Fitzpatrick, Mano Rota, escondiendo sus pieles aquí el 4 de julio de 1824 y tal vez haciendo la primera inscripción del monolito; luego a Bidwell, llegando en 1841 con sólo un día de retraso para celebrar el aniversario de la independencia; y finalmente a Lansford Hastings, un año más tarde, deteniéndose para grabar su nombre en la roca mientras sus compañeros de viaje seguían adelante&lt;/em&gt;. Es muy probable, entonces, que el joven Mixway haya leído la inscripción de Fitzpatrick en la Roca Independence y que Bidwell haya leído la de Mixway, y que Lansford Hastings haya leído la de los tres hombres legendarios. Es probable que todos ellos hayan bebido agua o hayan lavado sus ropas en el Río Sweetwater. Isaac J. Wistar escribe en 1849: &lt;em&gt;Nuestro viaje llegó a su fin y apenas si sabemos qué hacer con nosotros mismos (…) No más alarmas por indios, no más estampidas, no más tirar, cargar y arrastrar los carromatos (…), el oro está aquí como nos lo aseguraron, pues lo hemos visto.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Este texto pertenece a la quinta parte de mi noveno libro titulado &lt;em&gt;Juventud 2004. Diario de batalla y revelaciones&lt;/em&gt;. 2004 - 2005]&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-3663043960772034585?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/feeds/3663043960772034585/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5932475090965186647&amp;postID=3663043960772034585&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/3663043960772034585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/3663043960772034585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/la-leyenda-de-paul-reader-mixway.html' title='La leyenda de Paul Reader Mixway'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5932475090965186647.post-1643759391673139480</id><published>2007-06-04T22:11:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T10:33:49.141-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La obra de otros'/><title type='text'>Entrevista transcripta del documental "Woodstock, tres días de paz y música"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La entrevista&lt;/span&gt; comienza arriba de un coche. En los asientos traseros hay un joven y su chica, como ya dije, el conductor conduce, el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_0"&gt;camarógrafo&lt;/span&gt; filma y el entrevistador hace las preguntas (no sé si el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_1"&gt;camarógrafo&lt;/span&gt; es el mismo que hace las preguntas). Aquí va:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; La cosa es la música.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; (Dirigiéndose al joven) ¿No has venido por las chicas?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; Eso es algo básico. Hay muchas muchachas. Seguramente son más libres que en otros lados. Estoy seguro que se &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_2"&gt;joderá&lt;/span&gt; mucho (Risas).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Has traído tu propia muchacha? ¿Han venido juntos o sólo hicieron dedo juntos?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; Vivimos juntos hace cuatro o cinco meses.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; …Con mucha otra gente.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; Lo que la gente llama una comuna. Pero es sólo… Vivimos juntos y decidimos venir juntos ya que veníamos aquí.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; Y no está definido que aquí estaremos juntos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿No estás celosa de él?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; No (y se ríen ambos como si el entrevistador les hubiese preguntado una estupidez…).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ya no están en el coche, sino sentados sobre el pasto en un espacio verde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Salen juntos?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; No.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Pero han venido juntos?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica y Joven:&lt;/strong&gt; Sí (y se ríen como pícaros…).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Eso te gusta? (dirigiéndose al joven).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; Sí, ella me gusta. La amo. La disfruto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Qué piensan de esto?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; A mi forma de ver conozco a &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_3"&gt;Jerry&lt;/span&gt; hace seis meses cuando vino a vivir con el grupo familiar que yo ya conocía. Y llegué a conocerle muy bien. Y aprendí a quererle. Es decir, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_4"&gt;jodemos&lt;/span&gt; (cogemos, follamos, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_5"&gt;garchamos&lt;/span&gt;) y todo eso, pero es algo lindo porque hay mucha libertad y no estamos enamorados ni nada por el estilo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Puedes comunicarte con tus padres? (dirigiéndose a la chica).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; Puedo hacerlo sólo a un nivel. Ya hace dos años que me fui de casa y al principio fue bravo. Ahora han comenzado a ablandarse. No les resulta tan difícil que yo sea como soy. Pero no puedo hablar con ellos de cosas importantes. No podrían entender. Por ejemplo, mi mamá sufre porque está segura que voy a ir al infierno. No hay nada que yo pueda hacer para decirle que eso no existe para mí. Así que a ese nivel no nos comunicamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos se callan unos segundos y comienza a hablar al joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; Mi padre preguntó si estaba en un campo de entrenamiento comunista en la casa donde vivía. Pude entender de dónde salía eso, porque cuando él… Es un inmigrante que vino aquí para hacer algo mejor económica y socialmente, para darme algo mejor a mí. Él puede entenderme. Me dice: ¿Por qué no sigues las reglas del juego? Aquí hay oportunidades y cosas de mucho valor. Él no entiende que para mí no tienen valor. Pero es lo suficientemente listo como para dejarme ser quien soy. Calculo que tiene una idea en la cabeza que al hacer lo que estoy haciendo aprenderé a vivir. Eso es lo que quiere que haga. No puede entender por qué soy así, pero quiere que sea así. Porque sabe que es la única cosa para mí.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; Es así desde los cuatro años… (y ambos se ríen).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿De veras? ¿No es por las drogas?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; No (con serenidad y seguridad).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; Yo tampoco.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Crees que es una forma de evasión?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; No sé. Tomaba drogas. Estaba muy metido en eso, pero ahora parece casi artificial. Es como las drogas y la revolución, y el frente unido y todo eso. Sólo quiero ser un ser humano, es todo lo que quiero ser. No quiero un cambio total. Eso sólo trae locura total. Sólo quiero ser yo mismo y hallar un lugar donde pueda mantener algún tipo de balance dentro de mí. Como &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_6"&gt;Hamlet&lt;/span&gt;: Ser o no ser.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Te podrías comunicar con &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_7"&gt;Nixon&lt;/span&gt; o &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_8"&gt;Westmoreland&lt;/span&gt;?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; Espero que sí.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; Ellos hacen lo suyo, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; No sé, son neuróticos, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_9"&gt;psicóticos&lt;/span&gt; o la pasan bien, como dicen en la revista &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_10"&gt;Life&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; Ellos dirían lo mismo de ti.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; (Casi enojado) Pero no es la verdad. Yo no necesito todo eso poder. Puedo quedarme sentado aquí. No necesito ser presidente de los Estados Unidos. No necesito llegar a la cumbre. No tengo que ser ambicioso. No hay nada por lo que tratar de subir. Todo está aquí abajo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Tienen entradas para esto?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; No.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Entrevistador:&lt;/strong&gt; ¿Cómo van a entrar?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; No tengo idea.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; No pensé en ello.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chica:&lt;/strong&gt; Pensé que una vez aquí, vería lo que pasa y seguiría adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay un corte breve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Joven:&lt;/strong&gt; Los que no se hallan a sí mismos están aquí para encontrarse. Así que todos están buscando una especie de respuesta cuando en realidad no hay ninguna. Sino, ¿por qué irían 300.000 o 120.000 personas a un lugar, sólo porque hay música? ¿La música es tan importante? No me parece. La gente no sabe cómo vivir y no sabe qué hacer, y cree que puede venir y descubrir lo que es, o cómo mantenerlo, o… Creo que la gente está muy perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y los jóvenes se quedan sentados, con gestos de preocupación y un poco de tristeza. Luego aparece una especie de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_11"&gt;gurú&lt;/span&gt; hindú con barba canosa diciendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;América dirige al mundo de varias maneras. Hace poco, cuando estaba en el oriente, el nieto de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_12"&gt;Mahatma&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_13"&gt;Gandhi&lt;/span&gt; se encontró conmigo y me preguntó qué ocurre en América. Y yo le dije América se está convirtiendo en un todo. América está ayudando a todos en el campo material pero ya es hora de que América también ayude a todo el mundo en el plano espiritual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la multitud lo aplaude y sigue el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_14"&gt;Rock&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_15"&gt;and&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_16"&gt;Roll&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una canción de &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_17"&gt;Country&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_18"&gt;Joe&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_19"&gt;Mac&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_20"&gt;Donald&lt;/span&gt; dice lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_21"&gt;Denme&lt;/span&gt; una C! (Y la multitud responde diciendo: C)&lt;br /&gt;¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_22"&gt;Denme&lt;/span&gt; una O! (Y la multitud responde diciendo: O)&lt;br /&gt;¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_23"&gt;Denme&lt;/span&gt; una Ñ! (Y la multitud responde diciendo: Ñ)&lt;br /&gt;¡&lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_24"&gt;Denme&lt;/span&gt; una O! (Y la multitud responde diciendo: O)&lt;br /&gt;¿Qué tenemos? (Y la multitud responde diciendo: COÑO)&lt;br /&gt;¿Qué tenemos? (Y la multitud responde diciendo: COÑO)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empieza ahora a cantar solamente con su guitarra:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos todos hombres forzudos&lt;br /&gt;El tío &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_25"&gt;Sam&lt;/span&gt; necesita nuestra ayuda&lt;br /&gt;Se metió en un terrible enredo&lt;br /&gt;Por allá lejos en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_26"&gt;Vietnam&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Dejen libros y empuñen armas&lt;br /&gt;Nos vamos a divertir&lt;br /&gt;Y una, dos, tres&lt;br /&gt;¿Para qué luchamos?&lt;br /&gt;No me preguntes, no me importa&lt;br /&gt;Nos apearemos en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_27"&gt;Vietnam&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y cinco, seis, siete&lt;br /&gt;Abran las puertas del cielo&lt;br /&gt;No hay tiempo de preguntar por qué&lt;br /&gt;¡Hurra! Vamos todos a morir&lt;br /&gt;Vamos &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_28"&gt;Wall&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_29"&gt;Street&lt;/span&gt; no se demoren&lt;br /&gt;Porque esta guerra va a durar&lt;br /&gt;Hay mucho dinero que hacer&lt;br /&gt;Aprovisionando al Ejército con armamento&lt;br /&gt;Reza tan sólo que cuando&lt;br /&gt;tiren la bomba sea en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_30"&gt;Vietcong&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y una, dos, tres&lt;br /&gt;¿Para qué estamos luchando?&lt;br /&gt;No me preguntes, no me importa&lt;br /&gt;Nos apearemos en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_31"&gt;Vietnam&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y cinco, seis, siete&lt;br /&gt;Abran las puertas del cielo&lt;br /&gt;No hay tiempo de preguntar por qué&lt;br /&gt;¡Hurra! Vamos todos a morir&lt;br /&gt;Adelante, generales, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_32"&gt;apresúrense&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Por fin ha llegado su oportunidad&lt;br /&gt;Atrapen a esos rojos&lt;br /&gt;Un buen rojo es un rojo muerto&lt;br /&gt;La paz puede ganarse sólo después&lt;br /&gt;De despacharlos al otro mundo&lt;br /&gt;(¡Canten!, grita &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_33"&gt;Joe&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_34"&gt;Mac&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_35"&gt;Donald&lt;/span&gt;. ¡Más fuerte!)&lt;br /&gt;Y una, dos, tres&lt;br /&gt;¿Para qué estamos luchando?&lt;br /&gt;No me preguntes, no me importa&lt;br /&gt;Nos apearemos en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_36"&gt;Vietnam&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y cinco, seis, siete&lt;br /&gt;Abran las puertas del cielo&lt;br /&gt;No hay tiempo de preguntar por qué&lt;br /&gt;¡Hurra! Vamos todos a morir&lt;br /&gt;(Ahora &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_37"&gt;Joe&lt;/span&gt; les dice: No sé cómo esperan poder parar esta guerra si no pueden cantar mejor.&lt;br /&gt;Hay 300.000 de ustedes ahí afuera, ¡así que comiencen a cantar!)&lt;br /&gt;Y una, dos, tres&lt;br /&gt;¿Para qué estamos luchando?&lt;br /&gt;No me preguntes, no me importa&lt;br /&gt;Nos apearemos en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_38"&gt;Vietnam&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y cinco, seis, siete&lt;br /&gt;Abran las puertas del cielo&lt;br /&gt;No hay tiempo de preguntar por qué&lt;br /&gt;¡Hurra! Vamos todos a morir&lt;br /&gt;Mujeres de toda la tierra envíen&lt;br /&gt;A sus hijos a pelear en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_39"&gt;Vietnam&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Padres, no duden en mandar a&lt;br /&gt;sus hijos antes de que sea tarde&lt;br /&gt;Sean los primeros del barrio en&lt;br /&gt;recibir a su hijo en un ataúd&lt;br /&gt;Y una, dos, tres&lt;br /&gt;¿Para qué estamos luchando?&lt;br /&gt;No me preguntes, no me importa&lt;br /&gt;Nos apearemos en &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_40"&gt;Vietnam&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y cinco, seis, siete&lt;br /&gt;Abran las puertas del cielo&lt;br /&gt;No hay tiempo de preguntar por qué&lt;br /&gt;¡Hurra! Vamos todos a morir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La película-documental &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_41"&gt;Woodstock&lt;/span&gt;. 3 &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_42"&gt;days&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_43"&gt;of&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_44"&gt;peace&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_45"&gt;and&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_46"&gt;music&lt;/span&gt; la dirigió el director y cineasta &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_47"&gt;Michael&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_48"&gt;Wadleigh&lt;/span&gt;. Y un dato más: el editor y asistente de dirección fue &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_49"&gt;Martin&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_50"&gt;Scorsese&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Los músicos que participaron en el Festival fueron los siguientes: &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_51"&gt;Richie&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_52"&gt;Havens&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_53"&gt;Joan&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_54"&gt;Baez&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_55"&gt;The&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_56"&gt;Who&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_57"&gt;Sha&lt;/span&gt; Na Na, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_58"&gt;Joe&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_59"&gt;Cocker&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_60"&gt;Country&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_61"&gt;Joe&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_62"&gt;and&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_63"&gt;the&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_64"&gt;Fish&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_65"&gt;Arlo&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_66"&gt;Guthrie&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_67"&gt;Crosby&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_68"&gt;Stills&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_69"&gt;and&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_70"&gt;Nash&lt;/span&gt;, Ten &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_71"&gt;Years&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_72"&gt;After&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_73"&gt;John&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_74"&gt;Sebastian&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_75"&gt;Santana&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_76"&gt;Sly&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_77"&gt;and&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_78"&gt;the&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_79"&gt;Family&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_80"&gt;Stone&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_81"&gt;Canned&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_82"&gt;Heat&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_83"&gt;Jefferson&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_84"&gt;Airplane&lt;/span&gt;, &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_85"&gt;Janis&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_86"&gt;Joplin&lt;/span&gt; y &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_87"&gt;Jimi&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_88"&gt;Hendrix&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;La canción titulada &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_89"&gt;Woodstock&lt;/span&gt; fue escrita por &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_90"&gt;Joni&lt;/span&gt; &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_91"&gt;Mitchell&lt;/span&gt;, que supuestamente es la canción oficial del &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_92"&gt;film&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_93"&gt;film&lt;/span&gt; termina aparecen estas palabras representativas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PAZ - MÚSICA - ECOLOGÍA - LIBERTAD - COMUNIDAD - DEMOCRACIA - ALTERNATIVAS - CONOCIMIENTO - ALTRUISMO -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Generación &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_94"&gt;Woodstock&lt;/span&gt;. Que en paz descanse. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_95"&gt;Libérate&lt;/span&gt;. &lt;span class="blsp-spelling-error" id="SPELLING_ERROR_96"&gt;Pásalo&lt;/span&gt; bien. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5932475090965186647-1643759391673139480?l=elcontemporaneo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/feeds/1643759391673139480/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5932475090965186647&amp;postID=1643759391673139480&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/1643759391673139480'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5932475090965186647/posts/default/1643759391673139480'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcontemporaneo.blogspot.com/2007/06/entrevista-transcripta-del-documental.html' title='Entrevista transcripta del documental &quot;Woodstock, tres días de paz y música&quot;'/><author><name>Esteban Costa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10482797052001168571</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
